A 71 años del histórico renunciamiento de Eva Perón a la candidatura a vicepresidente

El 22 de agosto de 1951 se desarrolla en la Capital Federal el Cabildo Abierto del Justicialismo organizado por la CGT con delegaciones de todo el país. A 71 años de este acontecimiento, bien vale repasar y analizar la construcción de la candidatura de Eva Perón, su relación con la CGT, el Partido Peronista Femenino y el posterior “renunciamiento histórico”.

Los hechos

Aquél 22 de agosto, desde temprano una multitud va llegando a la avenida 9 de Julio y Belgrano, donde se ubica el entonces Ministerio de Obras Públicas y se levanta el palco con imágenes de Perón y Evita. Enormes columnas obreras con sus banderas lo van colmando. El 2 de agosto la CGT ya había adelantado qué integrante quería para la fórmula que acompañase a Perón en las elecciones próximas de noviembre y ahora convocaba a este Cabildo Abierto para anunciarla.

Desde el palco un enorme cartel junto a las imágenes del matrimonio que en su propia composición supo sintetizar simbólicamente la alianza de los estratos populares y el Estado capitalista que representó el peronismo, decía: “Perón-Eva Perón: la fórmula de la Patria”. Durante su desarrollo las masas vitorean a Eva como su candidata a la vicepresidencia. A pesar de sus expectativas no reciben un sí.

En el palco se ubican Perón, algunos funcionarios y representantes de la CGT encabezados por José Espejo, hombre muy ligado a Perón y titular de la CGT. Cuando llega Eva, la multitud la recibe con una enorme ovación. Espejo les pide a Perón y a Eva que acepten sus respectivas candidaturas para las próximas elecciones. Eva toma la palabra y plantea que los allí presentes quieren que Perón siga “dirigiendo los destinos de la Patria”, a lo que las masas responden “¡Con Evita! ¡Con Evita!”.

Espejo presiona: “Compañeros, la compañera Evita nos pide dos horas de espera. Nosotros esperaremos aquí su resolución. No nos moveremos hasta que no nos dé una respuesta favorable a los deseos del pueblo trabajador”. Eva vacila, y finalmente dice: “Compañeros, como dijo el General Perón, yo haré lo que diga el pueblo”. 9 días después, el 31 de agosto, por cadena nacional, Eva hará oficial el renunciamiento a su candidatura: “Quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron honrarme”.

Eva: su candidatura

Luego de que Perón asumiera la presidencia en 1946, Eva comienza a recorrer fábricas y lugares de trabajo. Atiende personalmente una enorme cantidad de delegaciones, y poco a poco va insertándose en la estructura de poder peronista no solo desde la Fundación Eva Perón, sino desde su relación con los trabajadores en los propios lugares de trabajo.

Se convierte así en un nexo más directo entre éstos y Perón, lo que le permite al General fortalecer la relación con la clase obrera sin depender tanto de la CGT y los líderes provenientes del laborismo, recientemente disuelto, que pretendían una mayor independencia entre la Central y el Gobierno.

La construcción de Eva Duarte como “segunda cabeza” del gobierno estuvo relacionada con mantener una relación estrecha con los sindicatos y el trabajo con el sector más empobrecido de los trabajadores a través de la Fundación. Con sus fondos, especialmente después de 1950, cuando las dificultades económicas comenzaron a sentirse, a diferencia de la propia CGT, era la única con fondos para inaugurar hospitales, hogares-escuelas u hoteles.

El perfil político de Eva estuvo mucho más mediado que el de Perón por la confrontación con los sectores oligárquicos. Fue el símbolo de un nacionalismo burgués combativo, de un peronismo plebeyo y antioligárquico, que supo usar el odio de clases que le profesara la oligarquía para fortalecer su espacio y el de Perón con los sectores populares referenciados en él.

Eva organiza el Partido Peronista Femenino, a partir de 1949 y logra fortalecer la base política y social del movimiento al incorporar a las mujeres y preparar su participación en las elecciones de 1951, en las que votarían por primera vez. Eva solo apoya la idea del voto femenino al final de la última etapa, cuando la medida está avalada por el Gobierno y por el contexto internacional, y no tenía oposición abierta desde las esferas de poder. Su política no fue hacía las mujeres en general, sino a “las mujeres peronistas”, amas de casa peronistas, esposas, hijas y novias de peronistas, en el contexto de fortalecer al movimiento.

El Renunciamiento histórico

”Excelentísimo señor presidente; mis queridos descamisados de la Patria:

Es para mí una gran emoción encontrarme otra vez con los descamisados, como el 17 de octubre y como en todas las fechas en que el pueblo estuvo presente. Hoy, mi general, en este Cabildo del Justicialismo, el pueblo, que en 1810 se reunió para preguntar de qué se trataba, se reúne para decir que quiere que el general Perón siga dirigiendo los destinos de la Patria. Es el pueblo, son las mujeres, los niños, los ancianos, los trabajadores, que están presentes porque han tomado el porvenir en sus manos, y saben que la justicia y la libertad únicamente la encontrarán teniendo al general Perón al frente de la nave de la Nación.

Mi general: son vuestras gloriosas vanguardias descamisadas las que están presentes hoy, como lo estuvieron ayer y estarán siempre, dispuestas a dar la vida por Perón. Ellos saben bien que antes de la llegada del general Perón vivían en la esclavitud y por sobre todas las cosas, habían perdido las esperanzas en un futuro mejor. Saben que fue el general Perón quien los dignificó social, moral y espiritualmente. Saben también que la oligarquía, que los mediocres, que los vendepatria todavía no están derrotados, y que desde sus guaridas atentan contra el pueblo y contra la nacionalidad. Pero nuestra oligarquía, que siempre se vendió por cuatro monedas, no cuenta en esta época con que el pueblo está de pie, y que el pueblo argentino está formado por hombres y mujeres dignos capaces de morir y terminar de una vez por todas con los vendepatrias y con los entreguistas.

Ellos no perdonarán jamás que el general Perón haya levantado el nivel de los trabajadores, que haya creado el Justicialismo, que haya establecido que en nuestra Patria la única dignidad es la de los que trabajan. Ellos no perdonarán jamás al general Perón por haber levantado todo lo que desprecian: los trabajadores, que ellos olvidaron; los niños y los ancianos y las mujeres, que ellos relegaron a un segundo plano.

Ellos, que mantuvieron al país en una noche eterna, no perdonarán jamás al general Perón por haber levantado las tres banderas que debieron haber levantado ellos hace un siglo: la justicia social, la independencia económica y la soberanía de la Patria.

Pero hoy el pueblo es soberano no sólo cívicamente sino también moral y espiritualmente. Mi general: estamos dispuestos, los del pueblo, su vanguardia descamisada, a terminar de una buena vez con la intriga, con la calumnia, con la difamación y con los mercaderes que venden al pueblo y al país. El pueblo quiere a Perón no sólo por las conquistas materiales –este pueblo, mi general, jamás ha pensado en eso, sino que piensa en el país, en la grandeza material, espiritual y moral de la Patria-, porque este pueblo argentino tiene un corazón grande y piensa en los valores por sobre los valores materiales. Por ello, mi general, hoy esta aquí, cruzando caminos, acortando kilómetros con miles de sacrificios, para decirnos “presente”, en este Cabildo del Justicialismo.

Es la Patria la que se ha dado cita al llamado de los compañeros de la Confederación General del Trabajo, para decirle al Líder que detrás de él hay un pueblo, y que siga, como hasta ahora, luchando contra la antipatria, contra los políticos venales y contra los imperialismos de izquierda y de derecha.

Yo, que siempre tuve en el general Perón a mi maestro y mi amigo –pues él siempre me dio el ejemplo de su lealtad acrisolada hacia los trabajadores-, en todos estos años de mi vida he dedicado las noches y los días a atender a los humildes de la Patria sin reparar en los días ni en las noches, ni en los sacrificios.

Mientras tanto ellos, los entreguistas, los mediocres, los cobardes, de noche tramaban la intriga y la infamia del día siguiente, yo, una humilde mujer, no pensaba sino en los dolores que tenía que mitigar y en la gente a que tenía que consolar en nombre vuestro, mi general, porque se el cariño entrañable que sentís por los descamisados y porque llevo en mi corazón una deuda de gratitud para con los descamisados que el 17 de octubre de 1945 me devolvieron la vida, la luz, el alma y el corazón al devolverme a Perón.

Yo no soy más que una mujer del pueblo argentino, una descamisada de la Patria, pero una descamisada de corazón, porque siempre he querido confundirme con los trabajadores, con los ancianos, con los niños, con los que sufren, trabajando codo a codo, corazón a corazón con ellos para lograr que lo quieran más a Perón y para ser un puente de paz entre el general Perón y los descamisados de la Patria.

Mi general: aquí en este magnífico espectáculo vuelve a darse el milagro de hace dos mil años. No fueron los sabios, ni los ricos, ni los poderosos los que creyeron; fueron los humildes. Ricos y poderosos han de tener el alma cerrada por la avaricia y el egoísmo; en cambio, los humildes, como viven y duermen al aire libre, tienen las ventanas del alma siempre expuestas a las cosas extraordinarias. Mi general: son los descamisados que os ven a vos con los ojos del alma y por eso os comprenden, os siguen; y por eso, no quieren más que a un hombre, no quieren a otro: Perón o nadie.

Yo aprovecho esta oportunidad para pedir a Dios que ilumine a los mediocres para que puedan ver a Perón y para que puedan comprenderlo, y para que las futuras generaciones no nos tengan que marcar con el dedo de la desesperación si llegaran a comprobar que hubo argentinos tan mal nacidos que a un hombre como el general Perón, que ha quemado su vida para lograr el camino de la grandeza y la felicidad de la Patria, lo combatieron aliándose con intereses foráneos.

No me interesó jamás la insidia ni la calumnia cuando ellos desataron sus lenguas contra una débil mujer argentina. Al contrario, me alegre íntimamente, porque yo, mi general, quise que mi pecho fuera escudo para que los ataques, en lugar de ir a vos, llegaran a mí. Pero nunca me dejé engañar. Los que me atacan a mí no es por mí, mi general, es por vos. Es que son tan traidores, tan cobardes que no quieren decir que no lo quieren a Perón. No es a Eva Perón a quien atacan: es a Perón.

A ellos les duele que Eva Perón se haya dedicado al pueblo argentino; a ellos les duele que Eva Perón, en lugar de dedicarse a fiestas oligárquicas, haya dedicado las horas, las noches y los días a mitigar dolores y restañar heridas.

Mi general: aquí está el pueblo y yo aprovecho esta oportunidad para agradecer a todos los humildes, a todos los trabajadores, a todas las mujeres, niños y hombres de la Patria, que en su corazón reconocido han levantado el nombre de una mujer, de una humilde mujer que los ama entrañablemente y que no le importa quemar su vida si con ello lleva un poco de felicidad a algún hogar de su Patria. Yo siempre haré lo que diga el pueblo, pero yo les digo a los compañeros trabajadores que así como hace cinco años dije que prefería ser Evita antes de ser la esposa del presidente, si ese Evita era dicho para calmar un dolor en algún hogar de mi Patria, hoy digo que prefiero ser Evita, porque siendo Evita sé que siempre me llevarán muy dentro de su corazón. ¡Qué gloria, qué honor, a qué más puede aspirar un ciudadano o una ciudadana que al amor del pueblo argentino!

Yo me siento extraordinariamente emocionada. Mi humilde persona no merece el cariño entrañable de todos los trabajadores de la Patria. Sobre mis débiles espaldas de mujer argentina ustedes cargan una enorme responsabilidad. Yo no sé cómo pagar el cariño y la confianza que el pueblo deposita en mí. Lo pago con amor, queriéndolo a Perón y queriéndolos a ustedes, que es como querer a la Patria misma.

Compañeros: Yo quiero que todos ustedes, los del interior, los del Gran Buenos Aires, los de la Capital, en fin, los de los cuatro puntos cardinales de la Patria, les digan a los descamisados que todo lo que soy, que todo lo que tengo, que todo lo que hago, que todo lo que haré, que todo lo que lo que pienso, que todo lo que poseo no me pertenece: es de Perón, porque él me lo dio todo, porque él, al descender hasta una humilde mujer de la Patria, la elevó hacia las alturas y la puso en el corazón del pueblo argentino.

Mi general: si alguna satisfacción podría haber tenido es la de haber interpretado vuestros sueños de patriota, vuestras inquietudes y la de haber trabajado humilde pero tenazmente para restañar las heridas de los humildes de la Patria, para cristalizar esperanzas y para mitigar dolores, de acuerdo con vuestros deseos y con vuestros mandatos.
Yo no he hecho nada, todo es Perón. Perón es la Patria, Perón es todo, y todos nosotros estamos a distancia sideral del Líder de la nacionalidad. Yo, mi general, con la plenipotencia espiritual que me dan los descamisados de la Patria, os proclamo, antes que el pueblo os vote el 11 noviembre, presidente de todos los argentinos. La Patria está salvada, porque está en manos del general Perón.

A ustedes, descamisados de mi Patria, y a todos los que me escuchan, los estrecho simbólicamente muy, pero muy fuerte, sobre mi corazón”.

Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/ascenso_y_auge_del_peronismo/renunciamiento_de_eva_peron.php

Felipe Pigna/Norberto Galasso

 

 

 

 

 

 

 

Compartir