Agua para mañana en Villa Carlos Paz

En el libro "Agua para mañana, versos para Villa Carlos Paz", su autor, el escritor y periodista Pedro Jorge Solans, ratifica su postura ante la ciudad que ama y considera su lugar en el mundo. Señala en una crónica poética que la ciudad cordobesa demanda una obra hidráulica para su futuro, y que esa obra sería la canalización del río San Antonio.

Como sustento a sus aseveraciones poéticas recuerda el pasado reciente de la ciudad: el primer canal de riego construido a fines del siglo diecinueve por el estanciero Rudecindo Paz. Luego el canal que inaugurara su hijo Carlos Nicandro Paz a principios del siglo veinte con el fin de proveer agua a sus casas para alquilar. Los canales valorizaron aún más los cambios esenciales que produjo en la región la monumental obra del dique San Roque.

Pedro Solans se aventura a escribir en la contratapa del libro en su edición impresa del 2018 que el hito fundante del pueblo de Carlos Paz fue el canal de agua que construyera Carlos Paz y que lo inaugurara el 4 de noviembre de 1906, por ser la obra pensada a fomentar la población y la actividad turística en esa época y recuerda el esplendor que tuvo en varias ocasiones el lago, el más reciente fue el balneario de arena Bahía Los Mimbres.

El pueblo de los canales

Su corazón es de agua y será la ciudad de los canales. Está dulcemente condenada a refundarse en sí misma apelando a sus orígenes. En su microcentro coexisten lago y ríos, pero nació por las acequias y las vertientes que tuvo. Es como una perla en una zona semiárida, rodeada de macizos serranos.
Aunque su historia recién empieza, no hay un tiempo más preciso que su centenario para rescatar los cauces de agua en su fundación y abrir el horizonte bicentenario.

Aquellos canales de Rudecindo y Carlos Paz iniciaron la transformación del valle: La agricultura y la cría de ganados cedieron ante el avance turístico. Un inversor tuvo perspectiva visionaria, pero también buscó en esa metamorfosis una reparación en su historia personal.
Volver a esas fuentes con una canalización en la ciudad del Bicentenario consolidaría un rumbo identitario y su aporte urbanístico, cultural y productivo sería decisivo.

La disposición de uno o varios sectores para canalizar las aguas de los ríos o del lago demandaría una decisión política estratégica que echaría por tierra la inercia de vivir de los pocos restos que quedan de aquella riqueza natural que hoy ya no está. Obviamente, que una provocación revolucionaria como la que se plantea generaría obras y servicios públicos suplementarios que podrían generar reacciones temerarias. Pero la historia y la supervivencia tienen prioridad, y ejemplos sobran: playas secas, transporte fluvial, puentes y diques.

Con sólo actualizar las obras realizadas en el siglo XIX y principios del XX alcanzaría para marcar directrices de una nueva ciudad, y todo indica que los barrios Villa Domínguez, Sol y lago, Santa Rita y Costa Azul reúnen las mejores condiciones para la canalización del lago porque no exigiría inversiones en expropiaciones, ni daños colaterales cuantiosos. Además, la expansión de la ciudad hacia el oeste es irreversible y condice con las necesidades de resolver problemas de fondo, con el aporte fisonómico comercial y turístico que sustentaría un producto acorde con las demandas de las próximas décadas.

Playa seca y transporte fluvial

Cerca de 6.000 toneladas de arena modificarían el playón municipal en una playa seca que embellecería el paisaje urbano y tendría una acción más inclusiva del río. Funcionaría como una prolongación de ese límite intangible del ejido acuático en la urbe.

Por otro lado, sería absurdo que en el siglo XXI y, tal vez, en el XXII, Villa Carlos Paz desprecie sus aguas como vías de transporte de pasajeros conectando a través de marinas, puertos o muelles las comunidades del perilago.

El corredor acuático generaría nuevos andamiajes en la economía regional. La presencia de los puertos y el tránsito de pasajeros traerían muevas perspectivas comerciales; y recién allí, se podría decir que se dejará de vivir a espaldas del embalse.

Sobre las playas secas, cabe destacar como antecedente, el furor que tuvieron en Europa. En el 2002, París bautizó una iniciativa similar como “Paris Plage” (París Playa). Sobre la ribera derecha del río Sena se construyó un balneario artificial de tres kilómetros que fue imitada en Roma, Nueva York y Tokio, y en veinticinco ciudades francesas, incluyendo Toulouse y Lyon, donde se plantaron palmeras en macetas.

En la capital francesa se puede disfrutar de sombrillas y tumbonas dispuestas a orillas del río, junto a múltiples distracciones, como chiringuitos, conciertos al aire libre, redes de vóley playa, guarderías y una piscina, o alquiler de patines acuáticos para remontar el río en pleno centro, entre los puentes más románticos del mundo, entre el Pont des Arts, frente al Louvre, y el Pont de Sully.

También Holanda o Bélgica muestran alternativas en recuperación de tierras al agua o canalización navegable. Pese a las persistentes críticas de sus detractores, las playas secas tuvieron un resonante éxito. La nueva tendencia se extendió a Milán, Berlín y Budapest que cuentan con versiones más reducidas de la playa de París.

En la capital belga, una playa denominada Bruxelles-les-Bains, construida sobre el Quai des Péniches (Muelle de los hogares-embarcaciones) a lo largo de un canal recibió más de 500.000 visitantes anuales pese a las restricciones que rige tanto para nadar como para andar en bicicleta y beber alcohol en exceso.

En Milán, el municipio autorizó volcar 600 toneladas de arena en Parco Sempione, plantar palmeras, instalar sombrillas, construir una pileta con vestuarios y proporcionar reposeras. La versión berlinesa, llamada Berlin Strand (la playa de Berlín), es una serie de “bares playeros” con arena y hamacas diseminados. Budapest hace alarde de cinco playas arenosas -el complejo Budapest Plazs- a orillas del río Danubio.

Sobre el impacto ambiental que supuestamente tendrían, los urbanistas señalaron que se tratan de obras interesantes, más allá de analizar si suenan lógicas o no. “Si sirven para la recreación, habrán cumplido su objetivo”; afirmó el urbanista Claude Della Paolera, presidente de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente.

“La arena, al ser porosa, no causa ningún daño”, añadió Della Paolera, que, hizo una salvedad sobre el traslado de arena en forma masiva desde franjas costeras de extrema fragilidad ambiental. No es el caso de Villa Carlos Paz que posee una historia fascinante en obras de ingeniería hidráulica. Desde los elementales canales de los Paz hasta el imponente dique San Roque en el siglo XIX.

El escenario no sería novedoso para los carlospacenses que vieron llorar a los sauces en las acequias que salían del canal que Carlos Nicandro Paz inaugurara el 4 de noviembre de 1906.

Villa Carlos Paz está zurcida por ocho puentes, pero ninguno de ellos hace el aporte que debería hacer al patrimonio turístico. Como excepción puede tomarse el Uruguay, y como tal, carece de relación con los demás, ni qué decir del más viejo, que es el central o Carena; ni con el Negro, reconstruido en los años 90. Indudablemente, los pasos sobre los ríos dejan al descubierto que nadie tuvo en cuenta a la producción turística a la hora de proyectar una obra pública visible y de alto impacto visual como son los puentes.

De la Colonia a Paz

La historia de la canalización de los cauces de las aguas en la región tiene antecedentes coloniales. Hay que remontarse a los primeros encomenderos españoles como Tomás de Irobi, quien se hizo cargo del valle San Roque y organizó siembras y cría de ganados. Llegó con Lorenzo Suárez de Figueroa para conocer a los Comechingones.

Habían bajado desde Paraguay hasta Santiago del Estero, y entraron por Capilla del Monte creyendo estar en una nueva Puna. La primera crónica de la zona fue redactada por Luis de Tejeda, y anticipaba la llegada de Jerónimo Luis de Cabrera para instalar un Fuerte. A Quisquisacate, llegaron un 13 de junio, y San Antonio dio nombre al río.

El primer trazado urbano de Cabrera en 1573 tuvo en cuenta el Suquía, sus cañadones y el arroyo La Cañada y veinte años después, construyó el primer canal que desviaba aguas del río para proveer a la población que crecía.

El marqués de Sobremonte que gobernó Córdoba entre 1784 y 1796, construyó una obra de provisión a base de canales y un tajamar que funcionó por más de cien años.

Sobremonte inauguró un canal principal que recorría casi 8 kilómetros en 1792, y más tarde incorporó dos molinos y habilitó ramales para llevar agua al colegio Montserrat y al Seminario de Loreto, y en la plaza Mayor, -hoy San Martín- como en las esquinas céntricas instaló bombeos a mano. En tanto, por los campos del valle, pasaban los propietarios que terminaban en quebrantos económicos por la escasez de agua. La suerte era esquiva para los estancieros.

Recién en 1869, Rudecindo Manuel Paz en sociedad con Gabriel Cuello, compró la estancia Santa Leocadia en un remate, y construyó un canal para abastecer agua a lugares distante a 5 kilómetros del río San Antonio.

El historiador y descendiente de los Paz, Gustavo Ávila, aseguró que “Rudecindo adquirió la estancia con dinero ganado en un premio de lotería,- había ganado dos veces – y no le hacía falta un socio. Pero Cuello, era un comisionista.” También Ávila interpretó que la inversión de Rudecindo en un campo que no servía, tenía que ver con su infancia: “Lo debió haber movilizado la oferta de las tierras en San Roque, porque era un lugar que históricamente tenía que ver con él.

Hay que recordar que tras la batalla librada en 1829 entre su padre, el general José María Paz y el brigadier Juan B. Bustos, y por la victoria que logró Paz, se desencadenó la historia de amor entre el general y su madre.

Tenía muy presente su pasado, pese a no tener contacto directo con su padre, y a los 30 años de edad tuvo la posibilidad de comprar un campo donde se había generado parte de la gloria de Paz. Y por otro lado, le daba plafón a lo que se decía: que era hijo del general.”

Rudecindo relegó la agricultura y la cría de ganados en favor de la construcción y de un fenómeno social que empezaba a surgir. Era el inicio tibio de la industria turística, y con el objetivo de que las familias cordobesas descansaran en el valle construyó once casas y un canal de cinco kilómetros y medio que abastecía de agua. Realizó una plantación de álamos chilenos, plátanos, sauces llorones, para mantener humedad, para tener sombra, cortar los vientos y tener buena madera.

Trazó una calle principal, paralela al río, y ubicó las casas como si fuera un complejo habitacional. En la casona central vivía él, cerca edificó una despensa y un comedor donde comían las visitas y se surtían las familias hospedadas. La pequeña urbanización se ubicaba sobre la ruta E-55, -donde está el camping del Instituto Atlético Central Córdoba-. “Tuvo una visión distinta, y ese cambio profundo no se hubiese podido dar si no construía el canal con que proveyó de agua a las casas”; agregó Ávila.

El agua convirtió a la estancia en un establecimiento autónomo y rentable; e hizo posible también criar animales.

El canal respondía a las curvas de desnivel y no buscaba pasar por ningún lado. Luego, Rudecindo abrió pequeñas acequias y construyó niveladores para alimentar a un pequeño dique que juntaba agua de los dos ríos.

Cuando se inició el juicio de expropiación por la construcción del dique San Roque, el 16 de diciembre de 1885, Rudecindo presentó su patrimonio. “El establecimiento se componía de 8.000 hectáreas, de las cuales se expropiarían 221,4 donde tenía edificios, estanques, canales, y alfalfares”. Era el casco de la estancia que estaba separada de la villa San Roque.

Además del pago por sus tierras que iban a quedar bajo las aguas del lago, logró negociar la concesión del almacén de ramos generales que abastecía a 2.300 operarios del campamento en la construcción del paredón. Comían en una barraca que atendía el padre de Margarita.
Y el otro negocio que logró fue los cortaderos de ladrillo, donde asignó al baqueano Roldán que sabía las pruebas que tenían que soportar los ladrillos para ser utilizados en el paredón.

El mandato familiar

Para encontrar la génesis del mandato familiar de Rudecindo Paz, hay que ubicarse en la batalla de San Roque librada el 22 de Abril de 1829, donde hubo 51 muertos en 45 minutos; y cuando un victorioso José María Paz tomó Córdoba con la aceptación de una buena parte de la sociedad cordobesa.

En ese contexto, Paz asistía asiduamente a fiestas sociales, donde conoció muchísimas damas, y mantuvo una profunda relación amorosa con Dolores Juárez Gigena. Cuando cayó sorpresivamente prisionero, Dolores estaba embarazada. Él fue trasladado a Santa Fe, y luego a Luján.

En tanto, Dolores Juárez Gigena se fue de Córdoba, era una deshonra que una joven de la sociedad cordobesa estuviera embarazada y soltera, por más que el hijo sea del general que fuera.Se refugió en la estancia de Juárez Celman, -hoy Marcos Juárez-; y allí, nació Rudecindo Manuel, inscripto como hijo natural.

A los pocos meses, Mariano Fragueiro, quien fuera Ministro de Hacienda durante la gobernación de Paz, fue habilitado para que visitara al general en su cautiverio en Santa Fe, y logró mediante el pedido de la familia Juárez, el reconocimiento de ese niño que él no conocía. Paz lo reconoció mediante un certificado privado, inusual para la época, donde aún no existía el Registro Civil, y todo se manejaba a través de la Iglesia. En consecuencia, fue difícil corroborar la existencia de ese documento. Pero tuvo el apellido Paz, a pesar de estar asentado en Las Mercedes como hijo natural y con el apellido de la madre que se dedicó exclusivamente a su crianza.

Fue un hábil artesano en platería. En Córdoba, se instaló en 9 de Julio 437, y trabajó para quienes frecuentaban el club El Panal. Logró acomodarse económicamente, ganó varias veces la lotería, e invirtió en propiedades.

El canal de Carlos Paz

Tras la expropiación, el casco se construyó en La Cuesta donde había unos ranchos – que llamaban los ranchos de la Cuesta – y había un puesto de la estancia. En una casona, – entre Villalobos y Sáenz Peña – se instalaron Carlos y Margarita, porque el resto de la familia había regresado a Córdoba. Se abastecían de agua mediante las vertientes y un pozo que duró hasta los años 70.
La muerte de Rudecindo en 1901, (71 años), fue un disparador para Carlos, quien retomó los proyectos de su padre, y empezó a construir un canal en 1904.

Carlos hizo un estudio de curvas de desnivel. Lo mismo había hecho Rudecindo, – y se calcula que el canal de Rudecindo se iniciaba donde está ubicado el ex hotel Ciervo de Oro, en la avenida Irigoyen abajo. A unos 10 Kilómetros del casco.

El canal de Carlos Paz nacía en el barrio El Canal y la toma estaba a la derecha del puente de Playas de Oro, y aún, dentro del río, se ven rastros de paredes con ladrillos de aquella época. Las aguas entraban al canal, y bajaba por desniveles a orillas del río hasta el barrio Los Manantiales, cruzaba el hotel La Tebra y por la pendiente de la calle Punilla llegaba a Los Tamarindos. Luego, seguía por el pasaje Carlos Paz donde regaba la huerta de la familia Parra, que proveía verduras al campamento de Alfredo Domenella, en el año 1942, ubicado en Las Heras y Alem. En el Escondrijo regaba otra huerta grande. El ancho del canal, – unos cuatro metros -, era el que tiene la Mutual de los Municipales y el salón Rizzuto.

Precisamente, en el salón Rizutto, sobre Cárcano, doblaba a la izquierda y bajaba por Libertad, que llamaban costanera, y daba la pauta, que ellos vivían de espaldas al río, y que las calles no tenían ninguna vinculación con el agua.

Luego, el canal tomaba rumbo Oeste hasta cruzar San Martín hacia el Instituto de Enseñanza Secundaria, (IESS); pero antes, ingresaba a la casa de Los Bazán, (muy cerca de la Estación Esso); volvía a girar hacia la derecha, por Avellaneda, y regaba las plantaciones de los Domínguez y la quinta de Bordolini. Avanzaba hacia lo de Nakayama. Recorría un tramo y por Irigoyen bajaba hasta Azopardo, -el ancho de la calle Azopardo también es el histórico del canal;- luego, por Güemes, cruzaba Independencia, y en diagonal aparecía en Gobernador Ferreyra, hasta desembocar en el club de Cazadores y Pescadores. Recorría 7.500 metros.

Tuvo pequeñas acequias que se construían por necesidades del establecimiento. El canal se construyó en dos años y trabajaron un centenar de personas. Tenía esclusas que se cerraban para limpiarlo y tramos o cruces que eran canalones de chapa que se usaban en lugares donde había que generar desniveles.

“En la zona del ex hotel la Tebra había una diversificación de acequias, y dicen que cuando venían visitas que no tenían previstas, Carlos mandaba a los peones más jovencitos a cerrar una esclusa, y la otra quedaba apenas abierta. Entonces se iba el agua y quedaban pejerreyes, dientudos, y otros peces que comían,” recordó Ávila.

Cuando Carlos Paz se trasladó desde La Cuesta al centro, lo hizo con un plan que llevaría adelante basado en la provisión de agua, en la apertura de calles y en la forestación. Convocó a dos ingenieros Carlos Revol y Tezano Pintos, que habían construido una obra a Rudecindo con cales del lugar antes que se usaran para construir el dique San Roque.

El lago, en un principio, fue un problema para Carlos. Además de haberles quitado tierras, le complicaba la visualización de su trabajo. Aunque nunca se planteó una urbanización, las calles fueron forestadas con sauces sobre el río, y aguaribay y pinos sobre San Martín, y álamos en la calle principal.

Entre los años 1902 y 1903, se habitó el tercer casco y nació el Establecimiento Las Margaritas. Dejaron el camino principal -la actual calle Roque Sáenz Peña- que sobre una línea imaginaria sería la ruta 14.

Carlos Paz, asesorado por Ramón J. Cárcano, visualizó que con los puentes y el dique, el camino estaría más abajo. Efectivamente, la Provincia abrió una servidumbre de paso para cruzar los puentes, – Central, Negro y Las Mojarras -. A raíz de ello, Carlos Paz afirmaba que su Establecimiento era la puerta al valle de Punilla. El paso obligado era la curva donde él hizo su casa, – San Martín y 9 de Julio -, y después construyó el hotel, y más tarde, instaló el surtidor de combustible que trajo Velázquez, abuelo de Raquel Saccardi.

Carlos Paz construyó 15 casas cerca de su hotel y en la banda Norte dejó que la gente que trabajaba con él construyera sus viviendas. Eran las 100 personas que trabajaron en el canal, en los puentes, y en la construcción de la escuela Carlos Paz en 1909.

Entre los años 1910 y 1912, el Establecimiento era agrícola, ganadero y turístico, y permaneció así hasta la muerte de Carlos, (1930), y de Margarita (1937). Luego, los primeros loteadores, como José y Miguel Muñoz, dieron forma al paraje, y hasta 1965, en el canal seguían bañándose y lavando ropas los vecinos.