La trastienda del copamiento y el terror a la silla eléctrica

- Ojalá que a tu amigo le vaya bien. Igual ya no tienen chances. Sin rodeos ni delicadezas, como de costumbre, Mauricio Macri aprovechó la entronización de Sergio Massa para reprocharle otra vez a Horacio Rodríguez Larreta su relación con el tigrense, nacida un cuarto de siglo atrás en el búnker presidencial de Palito Ortega.

Por Alejandro Bercovich

El expresidente y el jefe de Gobierno porteño almorzaban en Acassuso, el viernes pasado, como ocurre casi semanalmente pese a la guerra fría que mantienen por las candidaturas del año que viene. Las dos horas de la comida se escurrieron entre conjeturas acerca de las medidas que tomaría “Ventajita”, como lo sigue llamando Macri, y una breve charla sobre la estrategia a seguir en el Congreso ante su renuncia. Nadie en el poder hablaba de otra cosa.

A esa misma hora, Massa conversaba a solas con Axel Kicillof en sus oficinas de Retiro, con un ojo puesto en los cuatro televisores que le muestran permanentemente los canales de noticias y que le devolvían amables zócalos presentándolo como “superministro”. Todos los dólares paralelos bajaban y los presentadores lo atribuían al copamiento del gabinete por parte del renovador, aunque en todos los mercados emergentes soplaba un fuerte viento alcista que teñía de verde las pantallas.

Kicillof y Massa pasaron juntos parte de la tarde ese viernes y venían hablando varias veces por día desde que Silvina Batakis se enteró en el aeropuerto de Washington que sería removida del cargo. El miércoles ya habían visto entrar al gobernador bonaerense a la presidencia de la Cámara de Diputados y el Telegram entre ambos no tuvo descanso desde entonces.

Sea para aprovechar su experiencia en el quinto piso del Palacio de Hacienda, para terminar de definir la hoja de ruta que recién presentó anteayer sin grandes precisiones o para validar decisiones con Cristina Kirchner, el flamante ministro estuvo en contacto con Kicillof “todo el día, todos los días”, según contaron a BAE Negocios cerca de ambos.

A las oficinas renovadoras de Avenida del Libertador también llegó temprano el viernes José Ignacio de Mendiguren. El periplo del flamante secretario de Producción da cuenta cabal de cómo debió improvisarse todo. El jueves por la noche, Massa le había pedido que fuera a verlo a las 10. El Vasco le explicó que se había tomado la semana en su campo, en Puán, cerca de La Pampa, a ocho horas en auto. La respuesta estuvo a la altura de los superpoderes que le atribuía la tele: “Mando un avión a buscarte”. Hubo que usar una pista de tierra en Darregueira, un pueblito de esa localidad.

En esa seguidilla de reuniones del fin de semana y el lunes, donde Massa fue recibiendo a dirigentes, consultores y empresarios, la voz cantante la llevaron Guillermo Michel y Lisandro Cleri. Abogado y contador el primero, administrador el segundo, para Massa son mucho más que asesores sectoriales aunque no sean macroeconomistas. Michel propuso asustar con denuncias e inspecciones a quienes desvalijaron al Banco Central en los últimos meses, tanto al inflar importaciones al tipo de cambio oficial como al no liquidar exportaciones.

Cleri, un técnico que hasta su designación como vice del Central manejaba el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES, expuso planes para calmar los dólares paralelos financieros. También criticó las dos únicas medidas que llegó a anunciar Batakis: tanto el “dólar soja” (por insuficiente y difícil de entender) como la suba al 45% de la retención para los gastos con tarjeta en el exterior, que a su juicio solo sirvió para ponerle un piso más alto a la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.

Una de las pocas definiciones tajantes que dejó Massa al asumir es que no pretende achicar esa la brecha subiendo el piso sino bajando el techo. Por separado pero en tándem, fueron Kicillof y el consultor Emmanuel Álvarez Agis quienes convencieron al tigrense de que un salto del 25% o 30% del dólar en el mercado oficial – como el que propuso Luis “Toto” Caputo en el último informe de su consultora Anker – sería letal tanto para el salario promedio como para las ya lastimadas chances electorales de cualquier oficialista. Lo que resta ver, tras cuatro ruedas en las que evitarlo le costó USD600 millones al Central, es por cuánto tiempo más podrán hacerlo.

Dobles agentes

La propuesta que hizo Domingo Cavallo en su blog no fue inocente. Al mismo tiempo que el último superministro del siglo XX sugería vender todas las acciones de empresas que tiene en su poder la ANSES para reforzar las reservas del Central, enviados de varias de las compañías que debieron aceptar al Estado como socio cuando el kirchnerismo estatizó las AFJP le hicieron llegar a Massa borradores para convencerlo de lo mismo.

“Por suerte los sacó cagando, porque con él nunca se sabe”, comentó a este diario uno de los colaboradores que hace más tiempo lo conoce. Para los magnates era un negocio redondo: recomprar acciones a precio vil que pueden triplicar su valor en pocos meses, sacarse de encima a un socio indeseable y encima quedar como patriotas. No salió.

El establishment también mira hacia el norte a la hora de calibrar el apoyo que le dará a Massa. El embajador estadounidense, Marc Stanley, ya venía muy activo antes de su designación, tal como lo exige la dura crisis estanflacionaria a la que se asoma su país y el (¿consecuente?) rol protagónico de Washington en todos los conflictos y aprontes bélicos del momento. Un mes atrás se lo vio en el Jockey Club de San Isidro, por ejemplo, animando a tres ejecutivos a que le pidieran al Gobierno que aprovechara la bilateral entre Alberto Fernández y Joe Biden para firmar un acuerdo de asociación estratégica con la potencia hemisférica.

“Podemos financiar un montón de proyectos”, los tentó. Al final la cumbre se suspendió por Covid, pero su arrebato de seducción se dio en simultáneo a la escalofriante advertencia de la jefa del Comando Sur, Laura Richardson, sobre que China “juega al ajedrez” con los recursos naturales de Sudamérica. Y apenas un par de semanas antes de la provocación de Nancy Pelosi en Taiwán, de consecuencias todavía inciertas.

Desde Wikileaks, el vínculo de Massa con Washington no es un secreto para nadie. El apoyo más decidido que consiguió hasta ahora allá, no obstante, es especialmente polémico: Mauricio Claver-Carone, actual presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y delegado de Donald Trump en el FMI cuando el organismo decidió blindar a Macri con el mayor préstamo de su historia. El tigrense y el cubano hablaron ayer por teléfono y antes Claver-Carone anunció que destrabaría los desembolsos que le había negado a Batakis. Los amigos se ven en las malas.

Quizá sin quererlo, el jefe del BID también le prestó un servicio invaluable a Cristina Kirchner: exponer a Gustavo Beliz. El desplante de Claver-Carone contra Batakis dejó en claro que su predicamento en Washington no era el que vendía en Buenos Aires. Y que si se le toleraban gestiones a gusto de la Casa Blanca no era a cambio de nada que favoreciera al país.

Cristina, que se propone hacer equilibrio entre la primera potencia mundial y su retadora, no le perdona haber boicoteado activamente la financiación china de las represas santacruceñas Kirchner-Cepernic y la construcción de Atucha III. Dos obras que, de haberse acelerado al inicio de esta gestión, podrían haber ahorrado cientos de millones de dólares en importaciones de GNL y gasoil este invierno.

Segmentación y valor

El próximo paso del nuevo gobierno que nació al calor del desplazamiento de Alberto Fernández del centro de las decisiones, sobre la política de ingresos, tampoco está definido. La idea que más convence a Massa es un refuerzo salarial de suma fija por única vez, de entre 60 y 70 mil pesos para quienes ganan entre 50 y 150 mil. Es algo que Álvarez Agis propone desde marzo y que la CGT rechazó con el argumento de que achataría la pirámide salarial, lo cual es precisamente lo que busca el Gobierno para no seguir fogoneando la inflación.

Claro que los ingresos reales también estarán condicionados por lo que pase con las tarifas, que según lo anunciado anteanoche subirán más de lo que intentó aumentarlas Martín Guzmán. Eso no generará un ahorro decisivo de dólares ni un recorte significativo del déficit este año sino el que viene. Pero es, junto con el también anunciado recorte de la asistencia monetaria al Tesoro, la principal exigencia del Fondo Monetario al Frente de Todos.

Según las primeras cuentas que sacó Economía&Energía, la consultora de Nicolás Arceo, las facturas de luz subirán 196% para los usuarios del AMBA que pierdan los subsidios. En otras provincias la suba será menor por la proporción que explica el valor agregado de distribución, pero superará el 100%. El gas, en cambio, aumentará el 85% en promedio para todo el país.

De los 9 millones de familias que se anotaron para mantener las subvenciones, solo 20% consume más de los 400 kwh/mes que se seguirán subsidiando completamente. Ese bloque básico atemperará los incrementos para las categorías más bajas y lo hará más pronunciado para las más altas. A los usuarios R4, por ejemplo, la factura les aumentará un 14%. A los R7, que consumen en promedio 650 kwh por mes, les subirá un 64%. Entre estos últimos, la relación entre las facturas sumadas de luz y gas y los ingresos familiares amenaza con superar el 3,5%. Sería un récord para cualquier gobierno kirchnerista pero quedaría todavía bien por debajo del 5% que tocó en 2019, tras los tarifazos de Juan José Aranguren.

Es la discusión que divide aguas entre radicales y macristas en Juntos por el Cambio, donde los primeros aseguran que fue el tarifazo lo que los eyectó de la Rosada en primera vuelta. La misma pelea que enfrentó durante dos años a los funcionarios kirchneristas del área energética con el resto del Gobierno. Esa interna, que fulminó a Matías Kulfas, Guzmán y Batakis, parecía reavivarse anoche en torno a la continuidad del secretario de Energía, Darío Martínez. Toda una preocupación para Massa, que apenas acaba de probarse la silla eléctrica del quinto piso frente a la Plaza de Mayo.

VIAPublicado en Bae Negocios
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