El “círculo púrpura” desatado y la misión ninja del FMI

Silenciosa para no dejar la imagen de un desembarco virreinal, la misión del Fondo Monetario estuvo auscultando las cuentas de Martín Guzmán durante toda la semana: por Zoom, en el salón de videoconferencias del Ministerio de Economía, en los distintos despachos y a través de distintos encuentros virtuales. Lo que hay sobre todo en el Fondo es apuro porque aparezca la ecuación presupuestaria que el Gobierno tenía que presentar y se había comprometido, antes del 15 de abril.

Ministro de Hacienda, Martín Guzmán.

Por Alejandro Bercovich

Este es un problema porque el Fondo puede flexibilizar las pautas de desempeño para este año: por ejemplo, la pauta de inflación después del porrazo de ayer. Pero lo que no puede es cambiar esas metas.

Entonces, es probable que en los próximos días aparezca por Decreto de Necesidad y Urgencia esa adecuación presupuestaria que le prometió Guzmán al Fondo, y que el Congreso no está en condiciones de sacar para nada, pero que puede sí ser discutida por el Congreso en caso de salir por DNU.

El problema es que también empiezan a manifestarse los tironeos entre las partidas porque si la interna, la PASO que pidió el Presidente desde Europa, se va a hacer efectivamente y la campaña se va a hacer desde el Gobierno, desde el oficialismo, las disputas por las partidas van a ser en definitiva parte de la campaña electoral y eso es lo que preocupa también al Fondo Monetario.

En el Fondo hay bronca con Alejandro Werner, quien fue jefe del Departamento del Hemisferio Occidental, porque justo cuando estuvo Guzmán en Washington hace dos semanas salió en un acto compartido, en un seminario, con Mauricio Macri en el propio Estados Unidos y fue muy elogioso de su gestión: algo que por decoro, en general, los funcionarios del Fondo evitan hacer hasta varios años después de salir de sus funciones.

Werner ratificó de algún modo que el préstamo a Macri fue político, porque les cae bien, porque quieren que gobierne él. Pero flaco favor le hizo a un Estados Unidos que quiere que el Fondo recupere algo de autoridad moral para exigir el ajuste que los países europeos están exigiendo. Entre otras cosas, porque el aumento de tarifas que no quiere hacer acá el Gobierno, sí lo está haciendo Europa en sus países y esto le genera muchos problemas políticos.

Círculo púrpura

El círculo rojo, mientras tanto, está desatado. Parece un círculo púrpura más bien, y ahí el problema es que Martín Guzmán en sus apariciones para intentar tener una base de apoyo y porque, además, se lo pide el Presidente Alberto Fernández, no confronta con esas posiciones. Cuando digo que se está poniendo púrpura el círculo rojo es porque, en el Alvear Icon, esta semana, por ejemplo, en lo de la AmCham Summit 2022 lo miraban a Larreta como si fuera un tibio, un moderado y los aplausos los cosechaba todos Patricia Bullrich.

Hay claramente un giro hacia posiciones más duras por parte del empresariado, que no está siendo contestado por nadie porque el kirchnerismo parece muy ocupado en pegarle al albertismo, y el albertismo en defenderse.

Y nadie confronta con ese relato empresarial que empuja todos los días el consenso cada vez más hacia la ortodoxia, o hacia la derecha, o hacia el ajuste, como se lo quiera llamar. En ese círculo púrpura empiezan a aparecer pedidos de aportes, empiezan a aparecer los emisarios de recaudación de campaña y a algunos lo que les preocupa es que la fragmentación en los distintos espacios puede estar siendo caldo de cultivo para “el cuentapropismo”.

Y se sabe que en las campañas donde hay tanto dinero negro, donde hay tantos aportes por debajo de la mesa, el cuentapropismo, a veces, conduce a que quede dinero en el camino y esto es lo que las grandes empresas quieren evitar. Grandes empresas que, incluso, están dispuestas a apoyar a Alberto Fernández, aún poniendo huevos en distintas canastas, y que ofrecen treguas: como la que Paolo Rocca de Techint les ofreció a Martín Guzmán la semana pasada y a Alberto Fernández, ni más ni menos, en caso de que ellos apoyen con subsidios el reverdecer de Vaca Muerta. Algo a lo cual el ministro parece haber apostado sus últimos cartuchos.

El regreso de Cristina Fernández a la arena pública puso de manifiesto algo que explica la continuidad de Martín Guzmán, a pesar del bombardeo incesante al que se ve sometido: la orfandad de cuadros que padece el kirchnerismo. El hecho de que haya levantado la figura de Hernán Letcher, un economista que lidera el CEPA, muestra hasta qué punto la impotencia fue lo que sobrevoló ese discurso y la evaluación autocrítica que hacen con tanto dolor en el kirchnerismo.

¿Por qué? Letcher no fue Secretario de Comercio al final, como contó Cristina, pero fue Paula Español. Y Paula Español venía en representación del kirchnerismo a ocupar ese lugar en el cual no estuvo exenta de cruces con Matías Kulfas, con quien convivió muy tensamente hasta el año pasado.

También, lo que aparece en la discusión entre el kirchnerismo y el albertismo son viejos personajes que eran parte de la interna. En el camporismo energético, donde bombardean a Guzmán todo el tiempo, esta semana tuvo mucho protagonismo por la ausencia que se ocuparon de subrayar en las audiencias públicas para decidir las subas de luz y de gas que pide Guzmán. En ese camporismo hay muchas figuras que en otra hora pertenecían a Julio De Vido o a su esquema de poder.

Agustín Gerez (el jefe de IEASA en la ex Enarsa) se mueve en el esquema camporista, trabaja como un orgánico de esa agrupación; pero viene de época de De Vido. Y no es el único: Antonio Pronsato, que era un armador estratégico de aquel esquema de las tarifas congeladas de De Vido (que paradógicamente Axel Kicillof vino a desmontar en 2014), está de vuelta en ENARSA, está en la línea. Es el encargado de la parte operativa y era el interventor del ENARGAS.

VIAPublicado en Bae Negocios
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