El color de la plaza: cómo se vivió el discurso del Presidente desde afuera del Congreso

Numerosas columnas de manifestantes seguían entrando a la plaza por Rivadavia mucho tiempo después de que comenzó a hablar el Presidente. La movilización de un sector del peronismo en la apertura de sesiones ordinarias de este año alteró el ritmo habitual - mucho más tranquilo en este 1° de marzo por tratarse de un feriado - de los alrededores del Congreso Nacional.

“Es un día de fiesta, más allá de las contingencias. Poder volver a encontrarnos, a manifestarnos, después de este tiempo tan duro de pandemia, es algo para celebrar”, le dicen a Página/12 Alfredo Almeidos y Marcelo Arias, de la agrupación Justicia Peronista de Ituzaingó. “Hay que bancar al Presidente, porque la tiene muy difícil”, responden sin dudar cuando se les pregunta por qué están allí. “Para que no vuelvan estos fugadores de divisas, también por eso tenemos que estar todos acá”, explican.

“Nos somos ‘fernandistas’, somos peronistas. Acá el tema no es ni Alberto, ni Cristina, ni Perón. No se dan cuenta de lo que tenemos que defender, de todo lo que podemos perder si vuelve a ganar la derecha”, analizan cuando se les comenta la noticia que acaban de conocer, el anuncio de Máximo Kirchner de que no concurriría a la apertura de sesiones.

También Marisa y Ariel, de “Unidos por Brown” (una agrupación que responde al exintendente Mariano Cascallares, actual diputado bonaerense, y uno de los que estuvo presente en la apertura de sesiones, ocupando un palco junto a intendentes como Mariel Fernández, Federico Achával, Nicolás Mantegazza y Diego Nanni) se muestran contrariados con la noticia reciente. “La idea es la unidad, solo no se llega a ningún lado, como dijo el presidente”, analizan. “No me gustó”, dice uno; “son decisiones, pero no es el momento”, completa su compañera.

“Vinimos a hacer el aguante a Alberto”, es lo que más se escucha entre los manifestantes. “Venimos siempre a todas las fechas importantes para el peronismo, a todas las aperturas de sesiones, menos cuando estaba Macri, y cuando estuvo la otra pandemia. Este año el 24 de marzo estaremos acá de vuelta”, prometen Analía y María Ana, que vinieron desde Florida, en zona norte, y matizan la espera hasta el comienzo del discurso probando el chori que, aseguran, también es parte de la tradición ineludible en cada movilización: “sabemos elegir a quién comprar, tenemos mucha marcha encima”, aseguran entre risas.

El termómetro de los carritos

El termómetro de los carritos está dividido: Gabriel, ubicado sobre Hipólito Yrigoyen, a una cuadra del Congreso, dice que es está vendiendo bien. Es la primera vez que viene a una apertura de sesiones, y concluye que no se puede quejar. Los precios son “los normales”, dice: chori 250, bondiola 400.

“Vender se vende, pero mucho menos que en otros 1° de marzo. Hay mucha menos gente, otras veces acá había siempre cola”, opina en cambio Antón, aclarando que excluye de la comparación las jornadas ‘del gato y el qué lástima el feo día'”. Está estratégicamente ubicado frente al Congreso y pertenece, como se lee en su remera, a la Utep (Unión de Trabajadores de la Economía Popular). Vende el chori a 250, paty 300, bondiola 500, “pero completo, completo, con huevo, cebolla, morroncito, la cantidad que quieras o lo que te entre en el pan”, aclara.

Las banderas

Las de la Utep son, justamente, de las banderas que más se vieron entre los manifestantes. Algunas tienen una leyenda que es consigna: “Trabajar en la calle no es delito”. El Movimiento Evita es la otra agrupación que ha movilizado desde lugares muy diversos, y con nutridas columnas. Entre sus cientos de banderas azules, sobresalen las violetas del Frente de Mujeres de la agrupación (de Florencio Varela, de Morón); o la arcoíris con los carteles “Movimiento Evita Igualdad – San Miguel”.

El Evita también ha montado en los alrededores de la plaza tres puestos de hidratación y control médico, a cargo de las Secretarías de Salud de las agrupaciones de Merlo, Quilmes y Capital. Allí reparten miles de botellas de agua de litro y medio, que complementan el servicio del camión de Aysa que está estacionado justo frente al Congreso.

También hubo enormes banderas de la CGT, colgadas desde temprano en las rejas de la Plaza Congreso.

La bandera más grande, sin dudas, fue una argentina y la han llevado excombatientes de Malvinas: tiene más de 100 metros de largo, varios metros de ancho, y la portan varios excomatientes de cada lado. “Ley TOAS ya”, dicen los carteles que llevan. Piden por la aprobación de un proyecto de ley presentado en el Congreso el año pasado, que los reconozca como veteranos del “Teatro de Operaciones del Atlántico Sur”, que incluye a quienes fueron destinados al litoral marítimo en el marco de la guerra de la que pronto se cumplirán cuarenta años.

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