La manada invasora

Las dificultades en la convivencia entre dos especies diferentes y su lucha por la ocupación territorial siempre ha sido materia de análisis. Ocupar el espacio del otro, siempre trae consecuencias.

Foto: ilustración

Por: María Elina Serrano

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David Vincent los ha visto.

A fines de los ’60, una serie americana revolucionó las pantallas de la televisión: la historia de David Vincent, un arquitecto testigo casual del aterrizaje de una nave espacial, que transporta seres extraterrestres de apariencia humana, que conviven sin llamar la atención con la intención de adueñarse del planeta Tierra.

Nadie cree su historia y lo consideran un loco. Pero David sabe que tienen rígido el dedo meñique y no lo pueden doblar, y que tampoco tienen corazón así que no tienen latidos.

Así, a lo largo de dos temporadas, David emprende una lucha solitaria para detectarlos y eliminarlos. Los invasores saben que hay un hombre que conoce la verdad, así que tratarán de matarlo a toda costa, antes de que los descubra ante un mundo incrédulo.

La serie, inspirada en “La Guerra de los Mundos” muestra al protagonista que en cada capítulo busca nuevos aliados para que lo ayuden a enfrentar a los invasores, que provienen de un planeta en extinción. David Vincent los ha visto. Pero nadie le cree.

Los desarrolladores

La expansión de urbanizaciones cerradas se convirtió en un boom privado de creación de espacio urbano residencial a finales de los 90. En ese momento, surgían actores económicos internacionales, una ola globalizadora que produjo un desequilibrio en la relación entre lo público y lo privado. La desigualdad evidente entre municipios pequeños y grandes capitales, condicionó la articulación entre la gestión pública local y los grandes inversores.

El Estado minimizado, tanto en inversión pública como en normativa reguladora, dejó lugar a las inversiones privadas en la producción de espacio urbano alternativo. Se alejó de su rol regulador de estos procesos de crecimiento del capital, y se acercó a los intereses económicos sectoriales, descuidando los intereses generales de las comunidades.

Un exponente de esa megaurbanización cerrada es Nordelta, en el municipio de Tigre, que muestra la manera de articular (o no) iniciativas públicas y privadas con consecuencias que se han puesto de manifiesto a lo largo del tiempo.

Un nuevo estilo de vida

Mediante un plan maestro, Nordelta fue planificada hasta el más mínimo detalle, por los actores económicos privados. Su estrategia de marketing mencionaba que la ciudad había sido diseñada con el objetivo de buscar un balance entre los espacios verdes, el agua y las áreas urbanas… el ambiente caracterizado por su armonía urbana y estética, y la diferente densidad de poblaciones, así como la distribución adecuada del tráfico.

Puesto en esos términos, sólo podrían acceder a una mejor calidad de vida quienes tuvieran la posibilidad de comprar una vivienda dentro de las planificadas urbanizaciones. Para el resto de la población, sólo quedaba conformarse con el espacio urbano deteriorado, administrado por un Estado en crisis.

Las urbanizaciones de este tipo se convierten en una nueva forma de diferenciación socioespacial, con actores económicos que tienen en un rol central y reniegan del resto de las ciudades, armando un mundo propio, completamente separado de la realidad local.

Así lo expresa su propio sitio web:

“Nordelta nació de una idea de Julián Astolfoni que se originó en 1972, tiene como antecedentes las Villes Neuves de París y otros emprendimientos urbanísticos de Europa. La intención era atender una demanda insatisfecha, dado que en Gran Buenos Aires no había urbanizaciones que pudieran ofrecer adecuadas infraestructuras de saneamiento y demás servicios, junto con una planificación urbanística racional, integrada y previsible en el futuro. El proyecto fue aprobado en 1992 por la Provincia de Buenos Aires. En 1998 Julián Astolfoni y Eduardo Costantini se asociaron para comenzar a hacer realidad la idea. 1999 fue el año de lanzamiento del primer barrio, La Alameda, y en el 2000 se entregó el primer lote para su construcción. En menos de 15 años Nordelta se convirtió en la primera Ciudad Pueblo de la Argentina, con más de 30.000 habitantes disfrutando un nuevo estilo de vida.”

Su slogan es: “La tranquilidad de la naturaleza y la comodidad de la ciudad”.

Carpinchos, memes y mascotas

Durante toda la semana los carpinchos fueron noticia, y miles de memes con sus imágenes aún recorren las redes. Quienes no los conocían han aprendido las características de éste roedor, el más grande del mundo, presente en los esteros, lagunas, humedales y cursos de agua de todo el litoral argentino y las zonas cálidas y húmedas de Sudamérica.

Estos mamíferos anfibios sorprendieron a Charles Darwin hace 200 años.

Viven unos diez años y pesan hasta 60 kilos en la edad adulta. Aunque suelen comer peces, son mayoritariamente herbívoros: plantas acuáticas y pastos tiernos son sus favoritos. Tienen hasta 7 crías, después de poco más de 4 meses de gestación. Comparten espacios con vacas y caballos sin inconvenientes. Los yacarés ponen en peligro sus crías. Pero los enemigos naturales del carpincho son el yaguareté, el ocelote y los cánidos, en la actualidad los principales depredadores son los perros y fundamentalmente el hombre, que puede consumir la carne y el cuero.

Los carpinchos necesitan gastar sus dientes como los conejos, chinchillas y castores, ya que tienen dientes de crecimiento continuo, por eso se los puede ver mordiendo las cortezas de los árboles.

También conocidos como capibaras, tienen un fuerte sentido de territorialidad. Sus actividades de pastoreo, reposo, baño y nado, reproducción y cópula se realizan dentro de un territorio o localidad que aporta una cantidad apreciable de agua. Se mueven en manadas de 8 a 40 individuos, marcando el territorio con sus glándulas sudoríparas. La marcación sirve para defender al grupo familiar, a la manada y al propio individuo solitario. Los capibaras al detectar la presencia de un intruso emiten un ruido gutural muy estridente, a modo de alerta.

Pablo Lezcano, el líder de Damas Gratis publicó en su cuenta de twitter: “Mi amigo Cumpinchi ya habitaba Nordelta cuando era un humedal”. No son agresivos, pero son animales silvestres que deben vivir en su hábitat y no como mascotas. No son animales domésticos.

El poder de la manada

No se puede olvidar el papel tan importante de este herbívoro en el ecosistema del pastizal. Al consumir el forraje existente promueve un mayor crecimiento de las especies. Recicla el nitrógeno de manera más eficiente que todos los animales, ya que en cuestión de horas, a través de la orina principalmente, hace soluble muy importantes cantidades de nitrógeno, que regresan de nuevo al pastizal y mantienen su fertilidad.

No es simplemente una cuestión de convivencia. Si la ciudad crece, el humedal disminuye y la biodiversidad también. Se trata de la ocupación de espacios, de balance ambiental.

Ese balance no cierra cuando se achican los espacios y elementos para capturar carbono y producir oxígeno. Los efectos están a la vista.

Las manadas de carpinchos no pueden decidir sobre su futuro. Las manadas humanas sí.

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