Gracias, querida Diana

Es verdad. Uno cree que hay cosas que las podemos hacer mañana y quizás ese mañana no exista. Es verdad que a veces miramos pero no vemos. Cosas sencillas pero valorables. Es verdad que muchas veces no se dice lo que se siente o piensa, …pero esa la cumplí. Todos los días le decía lo linda que era, linda en todo sentido.

A Diana Lotero.

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Ella me miraba descreyendo que mis palabras reflejen una realidad, con la humildad y la sencillez que no vi en otra persona. Con la humildad y sencillez que miraba cuando yo contaba a nuestros hijos y nietas que había sido abanderada de la Escuela Normal, con promedio de 10 en todas las materias de quinto año. Eso a pesar de tener ella 17 y yo 19 y estábamos de novios, con la intensa dedicación que correspondía.

Ayudó a construir el Partido y siendo médica en el Perrando, se incorporó al sindicato de la UPCP, porque ahí estaban los trabajadores, sin diferencia de títulos. Impulsada por ella ahí nació la CCC del Chaco, incorporándose gran parte de la Comisión Directiva a la organización político sindical, en el período en que el sindicato fue vanguardia de las más grandes y combativas luchas, en un país que se entregaba. Impulsó la modificación de los estatutos, para incorporar la Secretaría de la Mujer en el año 1995, quizás el primero del país.

Entendía que las mujeres cargaban sobre sus espaldas una doble opresión, de género y de clase y triple en las mujeres originarias, por la discriminación. Había comprendido que ésta se fue formando en miles de años, desde la división de la sociedad en clases y los cambios debían ser de fondo para resolverlos.

Integró la Comisión Directiva y fue la primera Secretaria de la Mujer de la UPCP, hace 25 años. La lucha de las mujeres fue creciendo como una ola que irrumpió incontenible en el último período. Impulsó la extraordinaria experiencia, desde los primeros Encuentros Nacionales de Mujeres, que le permitían sin distinción de ningún tipo, contar sus sufrimientos y salir fortalecidas, entendiendo que su problema no era individual y la respuesta debía ser colectiva.

Desde la Secretaría de la Mujer, los Pre Encuentros recorrieron el interior del Chaco, enriqueciendo y haciendo crecer también entre campesinas, originarias y amas de casa, el torrente que comenzó a entender que tenían derecho a rebelarse.

Como parte de la Comisión Organizadora habló en la apertura del 13 Encuentro que se realizó en el Chaco en 1998, con la participación de 10 mil mujeres. Diecinueve años más tarde, en el 2017, ya con su enfermedad a cuestas, también fue parte la Comisión y del discurso de bienvenida, ante 60 mil mujeres de todo el país. Estaba muy feliz al ver que las jóvenes participaban activamente y con gran responsabilidad y convicción.

Siempre esforzándose para encontrar el argumento justo, para lograr la imprescindible unidad, sin grandilocuencias, donde todas sintieran que lo lograron, sin buscar que se note su papel. Con una sonrisa y convicción en sus planteos.

Atendía a los pacientes en el primer carromato del barrio Juan Bautista Alberdi en formación, con la misma dedicación, esmero y preocupación, como lo siguió haciendo en el Hospital Perrando o donde la requerían.

Cubrió todas mis ausencias en la familia para apuntalar la formación del Partido, algo imprescindible para unir al pueblo en la lucha por terminar con tanta injusticia y lograr la felicidad que se le niega. Incansable a la hora de atender a nuestros hijos, en todos los aspectos y fundamentalmente con el ejemplo de su conducta, de la que no hacía el más mínimo alarde. Estamos muy orgullosos de ellos y se le llenaban los ojos de lágrimas al hablar de cada uno. Honesta y sin dobleces, sincera. Con la sinceridad de los que quieren decir la verdad, sin herir, aunque tuviera que ser contundente.

Una mujer increíblemente buena y solidaria, nunca una queja, se le solía escapar algún reclamo cuando se espaciaban nuestros momentos. Aparentemente frágil, pero con una gran fortaleza y apasionada sin ostentaciones, para enfrentar y desarrollar la vida en todos sus aspectos. Aunque no participara en algunos debates y resoluciones colectivas, siempre la consultaba y sus opiniones ayudaban a precisar.

Cuando una enfermedad es prolongada y la que la padece dice que “no quiere dar lástima”, se la trata con naturalidad, pero a veces uno termina haciendo una negación de la misma. Yo le decía que ella nos iba a enterrar a todos… y no fue así. Creo que la alegría de las dos nietas, la que cumplió un mes ahora, la que está próxima a llegar y el que esperamos para principio de año, le prolongó la vida.

Sólo me queda decirle dos cosas: gracias por haber podido compartir la vida y que a pesar de todo, no creo haber estado a la altura de lo que una mujer como vos merecía.

Rodolfo Schwartz

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