Grandes esperanzas

Como en la famosa novela de Charles Dickens, muchas personas sueñan con un destino diferente, que los saque de cotidianeidad y de esa realidad que los amarra a un futuro no deseado, conocido, imaginado y previsible. Expectativa y realidad en la semana del cierre de listas.

Elecciones.

Por María Elina Serrano

Advertisement

Grandes Esperanzas (1861) es una historia de ficción traducida del inglés (Great Expectations) y cuenta la historia de Philip Pirrip “Pip”, un niño huérfano que vive con su hermana huraña que lo maltrata, y el esposo de ella, herrero de profesión. Pip como aprendiz de herrero, sueña con que su destino cambie. Por ciertas circunstancias conoce a una familia de elevada condición social que, haciéndole creer que lo ayuda, lo está utilizando para sus propios fines.

De odios y aprendizajes

Pip le resulta útil a una mujer mayor para enseñar a su hija adoptiva el odio a los hombres, ya que fue abandonada a punto de casarse. El jovencito tiene la oportunidad de experimentar cómo vive otra parte de la sociedad, y comienza a ser consciente de sus limitaciones económicas y formativas.

En esa casa lujosa, Pip se da cuenta que si no asciende socialmente nunca podrá conquistar a Estrella, la joven rica inalcanzable, que vive en un mundo tan lejano e inaccesible para él.

Un benefactor desconocido lo ayuda a salir de ese destino previsible, dándole la posibilidad de educarse y de construir su propia historia de progreso. A lo largo de la novela, el protagonista va aprendiendo de innumerables desafíos, y muestra como la vida le da oportunidades que debe saber aprovechar y devolver más adelante.

Con la misma moneda

De la misma manera que Pip, las personas que están fuera del círculo rojo del poder político, miran la integración de las listas desde lejos. Además de los dirigentes y militantes activos, sólo están interesados: el entorno cercano y quienes tienen un amigo, familiar o conocido con posibilidades de ser un representante de la ciudadanía.

La expectativa es siempre la misma: mejorar. ¿Mejorar qué? La representación política es una vocación noble que busca mejorar la convivencia y la situación social de las comunidades. Lamentablemente en algunos casos, existen políticos que solo buscan mejorar su situación individual o familiar. Un buen disfraz puede ser hermoso, pero sigue siendo un disfraz.

Por supuesto que ese encanto circunstancial no dura mucho. Con la misma moneda se pagan los compromisos realizados y los resultados recibidos. Los militantes, ya sean compañeros, correligionarios o camaradas acompañan siempre y cuando se sostenga el vínculo ganar – ganar.

Entusiasmar al gran público, es otra cosa. Es una enorme tarea donde intervienen muchas personas con diferentes especialidades, en el armado de la estrategia electoral que comienza tras el cierre de listas, pero que ya se viene pensando protagonistas, posicionamientos y alineamientos.

Aprendiendo a nadar

En esta semana, los teléfonos móviles estuvieron al rojo vivo. A pesar de las restricciones impuestas por la pandemia, se realizaron también reuniones presenciales, se supone que extremando los cuidados. Para hacer la campaña entre agosto y noviembre hay que estar bien de salud, eso es lo primero.

Inversamente proporcional al tiempo, fue el volumen de los trascendidos y comentarios políticos. En buen criollo: cuanto menos días faltaban, más versiones sobre el tema aparecieron. Si fueron ciertas o no, ya se verá cuando esté completamente “cargado” on line y aceptado por la justicia electoral, con el cumplimiento de todos los requisitos: avales, certificados, domicilios. Asombra a muchos ver el salto entre jurisdicciones, personas que se presentan en diferentes espacios territoriales: cada distrito electoral tiene distintas exigencias.

Como en el juego de las sillas, siempre hay más candidatos que bancas a ocupar. La posibilidad de cada uno de asegurarse un lugar, depende de innumerables factores, algunos muy nobles y otros no tanto.

Con la Ley Nacional de Paridad, la mitad de los postulantes a la diputación nacional serán mujeres, y la mitad hombres. De la misma manera ocurre en la mayoría de las provincias, excepto en tres: Corrientes, Tucumán y Tierra del Fuego, que no tienen exigencias de paridad de género en las listas provinciales.

En las mesas de discusión, pocas veces están ellas. Lo importante es que cada vez los espacios los van ocupando con mayor solidez, con mujeres de importante volumen político. Vengan de donde vengan, las mujeres están aprendiendo a nadar a favor de la corriente, compartiendo caminos que hasta hace poco eran monopolizados por la masculinidad. Y no a todos les cae bien, pero se están adaptando.

Expectativa y realidad

Frases como las siguientes se repiten una y otra vez, en cada cierre de listas.

“Muchachos, nos jodieron. Bajaron a Fulanito, hice todo lo que pude pero no hubo caso. Entré yo solo”

Con distintas versiones, esta frase se atribuye a un conocido y ya fallecido dirigente sindical. Lo que aparentemente mueve a risa, es un choque con la realidad para quienes se están iniciando en la militancia política, o tienen la intención de hacerlo. Nunca más, dirán algunos. Habrá otra oportunidad, dirán los optimistas.

“Son muchos los diablos y poca el agua bendita” es una frase popular en Centroamérica, que empleaba ante el cierre de listas el escribano Deolindo Felipe Bittel, tres veces gobernador del Chaco.

Nunca se puede dejar conforme a todos los sectores. Es común escuchar que alguien “se merece” ocupar un lugar, cuando en realidad es la ciudadanía la que se merece los mejores hombres y mujeres que los representen.

Aún con todos sus defectos, es la democracia es la mejor forma de gobierno. La crisis de representatividad, la diáspora de dirigentes, la ausencia de propuestas, el debilitamiento de los partidos como ámbitos de participación y debate, las fake news y la falta de coherencia entre el discurso y las acciones, hacen que se cuestione la democracia y sus mecanismos, intentando bajarle el precio al sistema. Los argentinos y las argentinas que vivieron los años oscuros, no la cuestionan como sistema de gobierno.

La deuda interna de la democracia todavía existe. La intolerancia sigue siendo una amenaza. La falta de representación legislativa de algunos sectores es producto muchas veces de sus propias contradicciones y personalismos que hacen inviable la unión, o bien solo se conforma una alianza electoral, que no se consolida como alternativa de gobierno.

Contribuir a llevar el barco a buen puerto, a reconstruir el aparato productivo y el tejido social dañado por la pandemia y la deuda externa, es el desafío para los nuevos precandidatos.

Para la sociedad, ejercer su derecho a informarse, a elegir y a hacer efectivo su poder real: el voto.

El éxito para todas y todos será cuando la comunidad pueda hacer realidad, de una vez por todas, sus grandes esperanzas de una sociedad menos desigual, y la historia de Dickens sea solo un recuerdo.

Advertisement
Compartir