Testimoniales en Causa Caballero, día 3: ‘La Brigada’, destino final de varios desaparecidos

En una extensa jornada con nueve testimonios se cumplió el tercer día de audiencia del juicio oral denominado causa Brigada / Caballero III, por torturas y crímenes de lesa humanidad entre los años 1974-1979 en y 8 imputados de Ejército, Policía y SPF. Un sobreviviente declaró haber visto en los calabozos de la Brigada a varios detenidos desaparecidos a la fecha. La causa continúa el jueves 15.

Tercer día de testimoniales, el horror continúa.

Al igual que en la víspera, el tercer día de audiencia de la causa Caballero/Brigada III por crímenes de lesa humanidad entre 1974-1979 fue una jornada que comenzó a las 8 horas y se extendió hasta las 14.30 de este miércoles 14 de abril. Se escucharon los testimonios de Susana Graciela de los Ríos, Silvia Robles, Carlos Aranda; María Elena Rossi, Diego Romero, Oscar Varela, Gerardo Delgado, Roque Benítez y Alberto Testa.

También, al igual que en la jornada anterior, bajo una modalidad mixta (parte del tribunal y testigos presenciales en la sede del Tribunal Oral Federal de Resistencia y presidente y resto de las partes, imputados y testigos por vía remota) los testimonios versaron sobre detenciones sin un mínimo marco legal, y cautiverio en la Brigada de Investigaciones/ Alcaidía/U7, donde la tortura y los tratos degradantes por parte de los imputados en la causa eran la norma, y de lo cual no se salvaron ni siquiera las detenidas embarazadas .

El elemento novedoso de la fecha consistió en acusaciones al jefe penitenciario de la U7 Pablo Casco, que no había sido nombrado hasta ahora, y el testimonio de Gerardo Delgado en el cual confirmó haber visto en la Brigada de Investigaciones a varios detenidos desaparecidos a la fecha, (forma parte del objeto procesal de la presente causa).

También se tomaron testimonios que evidencian el “daño colateral” de las detenciones al margen de la ley; lo que sufrieron familiares de detenidos, las secuelas en la salud mental, y por último los robos y saqueos en las viviendas, de donde se llevaban primero gente, y luego bienes, “los jefes las alhajas y objetos de valor, y la tropa los muebles, ropa, cubiertos…”.

El juicio abarca las denuncias de  33  sobrevivientes bajo prisión por razones políticas entre 1974 y 1979 , siendo la mayoría de los casos bajo investigación son hechos calificados como privaciones ilegítimas de la libertad, concretadas mediante secuestros cometidos por grupos de tareas de fuerzas conjuntas – Ejército y la Policía del Chaco-, cuyas víctimas luego sufrieron todo tipo de tormentos,  y también, en algunos casos, en la Alcaidía Policial y la Cárcel Federal U7 , asimismo la causa comprende un nuevo caso de violencia sexual juzgado como crimen de lesa humanidad. La causa pasó a un cuarto intermedio hasta el día jueves 15, con una lista de 9 testimonios. Para el día viernes se esperan 10 testigos.

Para seguir los juicios por videoconferencia se debe ingresar al sitio de Facebook de HIJOS CHACO (HIJOS Chaco) o de la CPM Chaco CasaporlaMemoria Chaco, https://www.facebook.com/cpmchaco.

Las voces de la tortura

En prácticamente la totalidad de los testimonios los imputados Gabino Manader, José Rodríguez Valiente, José Marín y Luis Patetta fueron retratados como los represores de “mayor protagonismo” al momento de desplegar una crueldad sin límites y una pasmosa ineptitud en los “interrogatorios”.

Gerardo Delgado, secuestrado con 20 años en la Brigada, señaló al respecto; “Era una tortura permanente, golpes, picana, en todo el cuerpo,  y amenazas con traer nuestras familias. Lo más triste era escuchar que se reían por el dolor que uno sentía. Y preguntaban cosas que ni sabíamos, y por personas que nunca había visto”. Aseguró identificar a sus torturadores en el grupo de acusados; “Los veo y sé quiénes son porque a pesar del tiempo transcurrido de esas voces no me voy a olvidar nunca, ojalá pudiera”.

También confirmó la presencia en los calabozos de la planta alta de la Brigada de varias personas que a la fecha se encuentran desaparecidas (desde fines de 1977); se trata de los militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) Enzo Lauroni, Mónica Almiron, José Oviedo y el conscripto Abel Arce, todos en un estado físico calamitoso.

“Me decían que me quede tranquilo, que yo iba a sobrevivir, pero que no me olvidara de sus nombres, que por nada del mundo me olvidara, porque ellos no”, afirmó Delgado, cumpliendo su promesa.

Tormentos por condiciones de detención

“Te estás muriendo y no te das cuenta” le dijo el médico que la atendió luego de constatar un cuadro de desnutrición, sarna y escasísimos niveles de glóbulos rojos en sangre, con una hija recién nacida también en un estado grave al punto que debió ser reanimada. Susana Diez de los Ríos fue detenida con 18 años. Describió el hostigamiento psicológico en una atmósfera saturada los gritos de los torturados.

“Había una política represiva definida por la Junta Militar que planteaba la necesidad de exterminio de militantes, adherentes e incluso simpatizantes o indiferentes”. Reconoció a Bettolli como uno de los oficiales de Ejército que la forzaba a firmar actas con declaraciones falsas.

Alberto Testa, su pareja de ese entonces, también fue detenido, y en su declaración completó la descripción de Diez de los Ríos. Luego de pasar un mes recluidos en la Brigada, pero separados, los sometieron a un careo; ““Estaba muy deteriorada, muy flaca, su embarazo era como un gorrioncito”, se le notaba en su rostro, su gesto, el color de su piel”.

Hasta ese momento toda la información que Testa recibía por parte de Manader  y compañía era que había perdido el embarazo. “Lo perdió… no vas a ser más papá” me decían como tortura psicológica. Ahí si me entero que había sufrido muchísimo, la falta de alimentación, de asistencia sanitaria, todo lo que mínimamente se requiere durante un embarazo se le había privado”.

Silvia Robles estuvo en la Brigada de Investigaciones y en la Alcaidía. Me decían “sabemos todo de vos, subversiva de mierda, vas a ir a parar a la parrilla (una cama en la que se tortura con electricidad) y te vamos a tirar al sótano”. Comentó que Manader tenía preeminencia sobre los demás integrantes de la “patota de Investigaciones”. Refirió haber escuchado delitos de violencia sexual por parte de sobrevivientes del cautiverio clandestino.

Fue apartada de los calabozos y la ubicaron en un entrepiso, junto con una pareja detenida por contravenciones. “La chica me dice que los muebles pertenecían a personas secuestradas. Posteriormente me enteré de que esos eran muebles de Manuel Parodi Ocampo” (fusilado en la Masacre de Margarita Belén).

Como ya lo hizo en las causas Caballero I, Caballero II, y también la Causa Mazzoni Casco por complicidad judicial y civil, Carlos Aranda relató las golpizas y tortura con 220 watts, sufridas hasta perder el conocimiento en Jefatura y luego en la Brigada.  “Al producirse la descarga de la picana el cuerpo se contrae, yo levitaba sobre la cama… no tocaba casi los flejes”.

También dejó manifiesta esa insistencia en sobrevivir ante condiciones durísimas: “Al estar vendado uno pierde la vista, pero agudiza los demás sentidos, el tacto, el oído. Lo que hacía yo era mover los párpados, de tal manera que con el paso del tiempo podía mover la venda, y algunas cosas pude distinguir y pude comenzar a identificar”.

Oscar Varela describió el régimen de destrucción física digitado por César Pablo Casco en la Alcaidía, con palizas por cualquier motivo, y limitación de alimentos al punto de que varios internos perdieron peso y vieron muy desmejorada su salud.

Manuel Roque Benítez confirmó lo declarado por Armando Benítez en el primer día de testimoniales en la causa; “Él estaba en la celda contigua a la mía y yo escuchaba el castigo al que lo sometían”.  Sobre su detención indicó que “Era muy temprano cuando allanaron la casa, estaban 3 primos míos esperando para ir a trabajar cuando vino la redada”. Contó que cuando reclamaron una orden de allanamiento la respuesta fue un empujón a la puerta del domicilio y un grito; “Que orden de allanamiento si yo soy el Juez!”. Se trababa de Luis Córdoba,  junto al secretario Mazzoni, Manader y compañía.

Impunidad Nunca Más

María Elena Rossi fue a ver su marido, detenido en la Brigada y allí mismo fue detenida ella también, donde conoció la “Sala Negra” y recibió su ración de golpes y atropellos. Pasó por una detención domiciliaria, para volver a ser llevada a la Brigada y obligada a declarar y de allí a la Alcaidía.

Concluyó su declaración con las siguientes palabras: “La casa de mi abuela fue ametrallada. La casa de mi mamá fue allanada y la maltrataron. Luego lo detuvieron a mi marido. Luego a mi papá. Fue torturado estando enfermo y por esa circunstancia se agravó y luego murió. Por último, me detuvieron a mí. Nunca nos dieron una explicación. Y mi hermano menor fue secuestrado y desaparecido en Santa Fe. Y casi 50 años después de los hechos tengo la oportunidad de decirlo en nombre de toda mi familia”.

El testimonio de Diego Martín Romero también subrayó lo sufrido por familiares y el lastre para la democracia que implicaron los años de impunidad. Siendo niño sus padres Sergio Romero y Cristina Figueredo, le pidieron que evitara a un vecino que vivía en la planta alta de la Comisaría Primera, en Barranqueras, porque se trataba del hijo de José Rodríguez Valiente, quien, junto con Cardozo, Manader, Caballero  fueron responsables de la detención y torturas que sufrieran.

Ocurrió un 26 de mayo de 1977, él tenía 6 meses de vida, y también fue a parar a la Brigada de Investigaciones. Pasó varios días allí, incluso su madre perdió la capacidad de amamantarlo por el trauma sufrido. Fue rescatado por un tío y dado en guarda a familiares hasta que su madre fue liberada en agosto de ese año.

Por mucho tiempo sintió temor de verse alejado de su madre. “Padecí crisis de llanto de niño, creo que con los años esos temores se fueron transformando en otro tipo de miedos. Me tocó compartir el secundario con el hijo de Rodríguez Valiente, que en esa época era jefe de la División de Drogas Peligrosas. Veía como los vehículos policiales que usaba para llevar a su hijo a la escuela solían hacerme seguimiento a mí cuando caminaba por la ciudad. Durante el periodo democrático estas personas siguieron en funciones y eso me generaba mucho miedo, mucho temor y mucha impotencia”.

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