La vivienda y la ciudad en los gobiernos peronistas

Los gobiernos del primer peronismo articularon su acción sobre el habitar popular desde una frase del general Perón del 20 de agosto de 1944: "La vivienda no es una prebenda del hombre que pueda disponer de medios, sino uno de los elementales derechos del pueblo". Desde esta perspectiva, comprendida en la declaración de los Derechos del Trabajador como parte del derecho al bienestar, se construyeron los instrumentos para implementar la que sería la única política de vivienda exitosa durante el siglo XX.

Por Jaime Sorín*

A partir de 1946, el Banco Hipotecario Nacional conducido por el Estado, dejó de ser un simple comisionista de inversiones financieras para pasar a proveer de préstamos en dinero efectivo a quienes nunca habían alcanzado un crédito; por primera vez obreros y trabajadores de bajos ingresos fueron sujetos de operatorias dirigidas a fomentar la construcción o compra de sus viviendas.

Dejando de lado la polémica de los estilos – desde los conjuntos de chalets apropiados del cine de Hollywood, las playas marplatenses y el suburbio de clase media alta hasta los conjuntos vanguardistas de insuperada calidad – la construcción masiva redistribuyó símbolos y materiales en cuanto espacio urbano estuvo disponible.

Y donde no lo había lo creó, como fue el caso de Ezeiza, programa urbano que integró dentro de una intervención territorial amplia infraestructuras sociales y viviendas que hoy todavía nos asombra.

Recordemos junto a esto la ley 5.630 de la provincia de Buenos Aires que establecía la entrega sin cargo de la tierra al adjudicatario de viviendas en barrios obreros, independientemente de su costo.

Si bien el Estado encaró la construcción de conjuntos desde la administración pública, el eje estuvo puesto en la difusión masiva del crédito descentralizado a través del BHN en todo el país. El instrumento técnico fueron las carpetas del Plan Eva Perón cuyo resultado fueron miles de “casas cajón” que aún hoy pueden verse en todo el territorio nacional; pero estas son solo una parte, ya que fue inmenso el apoyo a las ampliaciones de las casas existentes no sólo en Buenos Aires (aprovechando la trama de una ciudad ya consolidada en la década del ’40) sino en toda la extensión del país.

De esta manera se permitió – tomando como ejemplo la ciudad de Buenos Aires – la continuidad de formas de vida familiar típicas de la ciudad porteña, que produjo el barrio de tango de las décadas anteriores, integrando generaciones e inmigraciones sin producir rupturas bruscas en las relaciones sociales y comprendiendo que la vivienda individual en lote propio era el centro de un horizonte de anhelos emparentado con el ascenso social y a tono con la propuesta cultural desarrollada por el primer peronismo.

Un aspecto no explorado de esta política es la incidencia que tuvo en la generación de trabajo en los barrios, a través de las pequeñas cuadrillas de albañiles, y las empresas familiares y el movimiento económico que producían en el sector de venta de materiales ampliamente extendido a través de los corralones barriales.

Unas 500.000 viviendas entre 1946 y 1955, esparcidas por todas las provincias, son el resultado de lo que el primer peronismo imaginó para las clases populares.

¿Cómo siguió la historia? En la década del 90 el menemismo, usurpando banderas históricas, en el marco de la destrucción del Estado impulsada por las políticas económicas neoliberales, privatizó el BHN y los servicios públicos; los principios de solidaridad social que habían regido las políticas de vivienda fueron reemplazadas por la “responsabilidad” individual y los sectores empobrecidos abandonados a una imposible relación con el mercado. Puerto Madero el modelo de ciudad y
sociedad.

Hoy estamos desandando ese camino y el Estado se está repensando en su rol de generador de políticas redistributivas. Casi 350.000 soluciones habitacionales en cinco años van en este camino. Es el momento de avanzar no sólo en cantidad sino, mirando el ejemplo de la década del ’50, en cuanto a la calidad de lo producido y a la planificación urbana; lo nuevo sería avanzar en la aplicación de sistemas de producción de viviendas con materiales y mano de obra regionales, promoviendo la participación de los pobladores a través de sistemas de autogestión y cooperativos; avanzando en la recuperación de una relación ciudadano-estado que nunca debió perderse y está en la base de cualquier política social que se inscriba en la tradición peronista.

 

(*) Arquitecto. Actual Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Avellaneda (Bs.As.)