Tras dos décadas de lucha, comunidades mbya reconquistaron sus tierras en Misiones

Los pueblos que habitan el valle del Cuñá Pirú recibieron una reparación histórica de sus derechos sobre territorios que desde el 2001 se disputaban con la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

“Los mayores retos que tenemos son la recuperación de territorios que fueron siempre indígenas y ahora han sido usurpados y ocupados por terratenientes”, había dicho el jesuita, antropólogo y lingüista Bartomeu Melià en una entrevista con el Diario de Mallorca hace ya casi diez años.

El pasado viernes 25 de septiembre se cerró una lucha que llevó 20 años y tuvo como protagonistas a las comunidades del valle del Cuñá Pirú: Yvy Pita, Ka’Aguy Poty y Kapi’I Poty, que llevaron adelante un proceso de recuperación de sus tierras ancestrales en litigio con la UNLP.

La disputa por el reconocimiento de dominio comenzó en 2001, cuando miembros de estas comunidades se acercaron al Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (Emipa) y les solicitaron su acompañamiento para recuperar lo propio.

La superficie de 6.034 hectáreas en los departamentos misioneros de Libertador San Martín (municipio de Ruiz Montoya) y Cainguás (municipio de Aristóbulo del Valle) estaban jurídicamente en manos de la UNLP desde hace 25 años.

La reserva, en su mayoría de bosques cultivados y montes nativos, había sido donada por la empresa papelera Celulosa de Argentina en 1992, con las comunidades que allí habitaban desde hace más de 100 años. Sobre Aristóbulo del Valle está ubicada la mayor parte del predio, que está dividido por la ruta provincial 7 y el arroyo Cuñá Pirú. Es una zona donde la provincia de Misiones, por medio de la Ley de Áreas Naturales Protegidas, decidió establecer el corredor verde con restricciones al uso de la misma.

Cómo comenzó

No siempre fue una lucha. En un principio, las comunidades buscaron establecer instancias de diálogo, que esperaban fueran respondidas como tal, pero no fue así. La UNLP priorizó sus intereses económicos y empresariales y -según cuentan- buscó hacerles perder el tiempo, de algún modo cansarlos para que se dieran por vencidos. Pero la sangre corrió más fuerte por las venas de estos pueblos.

Tras muchos viajes y decenas de acuerdos frustrados, en 2007 iniciaron la demanda de la mano del abogado Julio García.

Eso fue lo que marcó un antes y un después: fue el inicio de un litigio a todo o nada.

El Territorio viajó ayer hasta el lugar para escuchar de primera mano la historia contada por sus protagonistas. Juan de Dios Castillo (47) es el cacique de la aldea Ka’Aguy Poty: “Cuando asumí como autoridad empecé a reunir a mi gente, les dije que teníamos que pedir audiencia a la UNLP a ver si no devolvían nuestras tierras, queríamos dialogar, pero tuvimos respuestas negativas”.

Juan deja un legado no sólo para sus doce hijos y 18 nietos, no sólo para las 90 familias que conviven en la aldea, sino para todos los pueblos originarios. Juan revaloriza más que nunca el significado de la palabra “resistencia”.

Y agregó: “Empezaron los viajes, éramos tres comunidades, dialogábamos entre nosotros y pensábamos a qué abogado podíamos dirigirnos, tenía que ser una persona de confianza, que realmente fuera a apoyar a la comunidad”.

Juan recuerda las idas a La Plata bajo dos conceptos: la incomodidad de los viajes y lo largo que era. Por otra parte, menciona la amabilidad con la que eran atendidos por las autoridades de la universidad.

“Fuimos unas siete veces, en una trafic que tardábamos todo un día. El rector de la universidad nos recibía con un abrazo, muy amable, pero sin ceder. Al menos nos hacía entrar en su despacho”, mencionó con una sonrisa tímida, como si no fuesen merecedores de aquel gesto.

“Le pedimos que nos devuelva nuestro título de propiedad. Él nos dijo que iba a hablar con la gente de la universidad, pero yo creo que eran falsas esperanzas para que nos vengamos contentos”, lamentó.

Sin embargo, cuando entendieron que podían perderlo todo, cambiaron el tono del reclamo. “Había una depresión, la universidad se opuso y todos nos decían que no lo íbamos a lograr, nos preguntaban para qué íbamos a juicio. Pero son nuestras tierras, teníamos que ganar. Hubo internas, sí. Algunos tenían intereses económicos, pero pasó y seguimos adelante. Dios nos colocó a todos en una misma lucha”, contó.

Los festejos

“En el medio de un evento tradicional, en el que brilló la alegría con música y danza guaraní, y con el acompañamiento de la fuerza espiritual mbya en la palabra de las ancianas y ancianos de las tres comunidades, recibimos al juez de Paz de Aristóbulo del Valle, Pablo Hulet, para firmar el Mandamiento de Posesión Definitiva y Escrituración de las 6034 hectáreas que desde el 2007 estuvieran en juicio con la Universidad Nacional de La Plata”, habían informado este día histórico desde Emipa.

Al ser consultado sobre cómo fue este momento, Juan expresó: “La celebración fue linda porque es nuestra cultura tradicional, con nuestras danzas y charlas, yo me emocioné mucho. Le dimos la palabra a los ancianos, ellos decían ‘ahora vamos a preservar nuestra naturaleza, nuestras frutas y medicinas tradicionales’, esos son los mayores valores culturales que tenemos. La pesca, la caza. Lo que todavía hay lo conservamos”.

Juan es consciente de que hoy terminó esta lucha en particular, pero al pueblo guaraní aún le quedan muchas deudas que deben ser saldadas por el Estado nacional y provincial.

“Agradezco al equipo de Emipa, que siempre estuvieron con nosotros desde el comienzo de la lucha, pusieron un granito de arena para los pasajes, la comida y hasta hoy continúan ayudando a las comunidades. Se abrió un camino para siempre”, cerró.

Asimismo, su par Roberto Benítez, cacique de la comunidad Yvy Pyta, coincidió: “Terminó el juicio que empezó hace años, estamos muy contentos. Culturalmente para nosotros esto es muy grande. Tenemos que mostrarles a los chicos cómo era antes y cómo es ahora, es importante el ejemplo”.

FuenteEl Territorio
Compartir