El rol del Estado en la post Pandemia

Es más que evidente que el Estado recuperó un rol central en ésta pandemia. Ahora bien, en la post Pandemia, ¿qué Estado necesitamos?

José Mongeló.

Por José Mongeló

Los cambios vertiginosos que se están operando en todo el planeta, revelan un siglo XXI muy diferente de todo lo que hemos conocido. Pleno de amenazas e incertidumbres, es necesario desarrollar las herramientas que nos permitan convertir las crisis en oportunidades.

La historia reciente argentina ha conocido una serie de vaivenes entre las tensiones economía social-economía de mercado; democracia-autoritarismo; ciudadanía incluyente o excluyente; Estado-corporaciones. Un eje común a todas ellas ha sido el Estado y su funcionamiento, tanto en el debate teórico como en las distintas propuestas reformistas.

Actualmente, las políticas públicas recuperaron el rol activo del Estado, cuya participación se buscó limitar en la década de los ’90, y más recientemente en la gestión del ex Presidente Macri. Este nuevo y recuperado rol del Estado debe volverlo el impulsor del desarrollo nacional, la inclusión social y la profundización de la calidad democrática.

Es que, más allá una visión simplificadora que reduce la fortaleza del Estado a la necesaria modernización tecnológica y a la interacción con las tendencias económicas internacionalmente dominantes, se debe tener en cuenta, en todo momento, que el Estado es un producto histórico cultural, que debe gestionarse de forma tal que sus políticas se orienten a la búsqueda del bien común.

El Estado tiene una importancia estratégica crucial en los procesos económicos y sociales, es un factor de regulación y de creación de marcos institucionales para el mercado y para la sociedad civil, para las empresas y para los trabajadores. Es un ámbito de poder que debe ejercerse para favorecer a las personas que viven en su territorio. El Estado debe Establecer estratégicamente que se hace, para qué se hace y a quien se beneficia.

Desde lo público estatal debe buscarse el equilibrio entre los intereses colectivos y privados y facilitar el desarrollo de espacios de encuentro y articulación que posibiliten una profundización de la acción, participación y control ciudadano.

Construir ese escenario móvil, impreciso e incierto, que tiene como principal marco de referencia la problemática de incluidos y excluidos y la profundización del modelo democrático, continúa señalando la imperiosa necesidad de contar con un Estado dotado de las capacidades necesarias para pensar y construir ese futuro.

Aquí entonces aparece nítidamente el rol del Estado post pandemia, y de una dirigencia capaz de reconstruir capacidades estatales, de un Estado moderno, eficiente y eficaz, que atienda las nuevas demandas sociales en el marco de los intereses generales, y en las condiciones de prestación de los servicios públicos, entendidos como roles indelegables del Estado.

Es necesario, entonces, contar con una gestión pública que superando rigideces del modelo tradicional burocrático o de modelos de asimilación a la “eficiencia privatista”, descanse en sistemas organizacionales interactivos y funcionales propios, con visión democrática.

Por eso también es preciso comprender que todo proceso de ejecución de políticas es el resultado de acciones humanas. Las actividades en la función pública son tributarias de recursos humanos disponibles para concebirlos y llevarlos a cabo, en el marco de un proyecto de Nación y de Provincia.

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