10 años del Matrimonio Igualitario: cómo votaron y qué dijeron los legisladores chaqueños

Este miércoles se cumplen 10 años de la ley de matrimonio igualitario, un gran paso adelante en la ampliación de derechos de la población LGTBIQ+. Cinco de los legisladores chaqueños de ese entonces votaron a favor de la normativa, cuatro en contra y uno se abstuvo.

La ley de Matrimonio Igualitario, que este miércoles cumple 10 años, recibió media sanción en la Cámara de Diputados el 5 de mayo del 2010 y se convirtió en ley en el Senado en la madrugada del 15 de julio de ese mismo año. En la Cámara Baja, la votación fue de 126 votos a favor y 110 en contra, mientras que en la Cámara Alta la elección fue más reñida: 33 votos a favor y 27 en contra.

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La iniciativa parlamentaria fue impulsada por la entonces presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Tuvo rechazos y apoyos que atravesaron los partidos políticos y generó un fuerte repudio de la Iglesia Católica y de sectores evangélicos quienes hicieron un fuerte lobby para que no se apruebe.

¿Cómo votaron los representantes chaqueños? Cinco legisladores votaron a favor, cuatro en contra y uno se abstuvo. Los diputados que votaron por el sí a la Ley fueron Viviana Damilano Grivarello (PJ); Sandra Mendoza (PJ); María Inés Pilatti Vergara (PJ) y Carlos Urlich (UCR). En tanto los que se inclinaron por el no fueron Antonio Morante (PJ); Pablo Orsolini (UCR) y Alicia Terada (Coalición Cívica).

En tanto que en el Senado la única que votó a favor fue Elena Corregido (PJ). Roy Nikisch (UCR) lo hizo en contra y Fabio Biancalani (PJ) se abstuvo.

Sandra Mendoza, Roy Nikisch, Fabio Biancalani, Elena Corregido y Pablo Orsolini.

Qué dijeron en el recinto

“Estoy a favor del matrimonio igualitario porque me parece que desde el Congreso tenemos que ponernos a la altura de las circunstancias. Debemos legislar para todos y todas teniendo en cuenta que este es un país laico, que los preceptos religiosos están fuera de discusión”, dijo al fundamentar su voto a favor, la por entonces senadora Elena Corregido.

Además se refirió a la adopción de niños y niñas por parte de personas del mismo sexo, algo que era un tema de polémica en ese momento. “Con relación a la cuestión de la adopción, quiero decir que me parece que en este tema se ha puesto a los niños en medio del debate con la intencionalidad de generar miedo y pánico moral, como si los niños, con la aprobación de esta ley de matrimonio igualitario pasaran a estar expuestos a cualquier maltrato, como si las personas homosexuales fueran anormales, perversas, abusadoras. Estas son afirmaciones injustas y falsas que violentan la buena voluntad de todos los argentinos que hemos escuchado este debate”, afirmó.

Por su parte, el senador Biancalani mostró su “desacuerdo con la ley de matrimonio para parejas homosexuales, sobre todo en lo que respecta a la adopción”. “Hemos tratado esto desde el punto de vista teológico, sociológico, psicológico, científico, jurídico y hasta desde el punto de vista del amor. Pero cuando hablamos desde el punto de vista de la igualdad de las parejas homosexuales y heterosexuales, no hablamos de la igualdad del niño. O sea, de los derechos del niño a tener un papá y una mamá. Ese chico ya tiene una carga psicológica grande al no tener papá ni mamá y ahora, además, se va a encontrar, al ser adoptado con dos mamás o dos papás”, argumentó.

De todos modos, aclaró, previo a abstenerse, que estaba a favor de que se sancione una ley pero de Unión Civil. “Estoy de acuerdo con la idea de unión civil, porque creo que hay que darle un marco de legalidad a las parejas homosexuales, pero en la comisión no hubo voluntad de avanzar en esta iniciativa”, sostuvo el por entonces senador.

Alicia Terada, quien también se opuso a la ley, dio un largo argumento respecto de por qué se debería avanzar en el “Instituto de la Unión Familiar” que, según la legisladora, era más abarcativo que el Matrimonio Igualitario.

Alicia Terada, diputada nacional del Chaco por la CC-ARI

“Desde nuestro bloque –Coalición Cívica – ARI- estamos a favor del reconocimiento de los derechos civiles, previsionales, de vivienda y de obra social de todas las personas, no solamente de las del mismo sexo sino también de aquellas que quieran constituir un instituto ampliado que denominamos unión familiar. ¿Por qué? Porque estamos en contra de cualquier tipo de discriminación y a favor de los derechos humanos, del respeto, de la dignidad y de la vida de todas las personas. Hablo desde mis propias convicciones religiosas, como practicante budista”, contó.

“Es cierto que la realidad existe. Existen personas del mismo sexo que quieren constituir una unión; pero también hay personas que sin tener lazos sanguíneos constituyen una familia, y eso pasa muy frecuentemente en el interior. En general, en el interior del país encontramos a los que denominamos hermanos o hijos de crianza, que sin llegar a ser adoptivos forman parte de la familia y también tienen derechos”, dijo.

“Lamento que las comisiones respectivas no nos hayan permitido un mayor y más democrático debate a quienes hemos ingresado recién el 10 de diciembre a los efectos de que esta reforma del Código Civil que se pretende hacer ahora pueda tener un alcance amplio y una mirada total, y no contemplar solamente a determinados sectores dejando en un total desamparo a los otros”, sostuvo.

Sandra Mendoza, quien votó a favor de la ley de Matrimonio Igualitario, fundamentó su posición al señalar que “el matrimonio consagra socialmente la unión de dos personas que tienen como objetivo la solidaridad recíproca, sobre la base del afecto mutuo. Declaraciones de derechos señalan al matrimonio como una libertad fundamental protegida. La reivindicación de homosexuales y lesbianas constituye un paso más en el proceso de democratización de la institución del matrimonio”.

“Los pedidos de acceso al matrimonio no debieran ser interpretados como un simple deseo de imitación de la heterosexualidad, sino como la aplicación del principio de igualdad. No decimos que todos los homosexuales compartan los valores que están en la base del matrimonio ni que todos deseen unirse en el marco de esta institución. En realidad, más que de matrimonio, debería hablarse del derecho al matrimonio”, afirmó.

“También considero que no puedo imponer mis creencias (católicas) ni mis principios ideológicos o religiosos a un hecho social o civil, que involucra a personas que no comparten ni mis principios ni mis creencias. Ante todo, un debate de esta naturaleza exige compromiso con responsabilidad y mesura”, añadió.

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