Vicentin y los 40 energúmenos

Cada semana, uno se promete no volver sobre el tema de la comunicación política y las barrabasadas de los mentimedios. Pero la cruel realidad impone condiciones ineludibles. Como ahora el disparate y pérdida de tiempo que es la promoción de grupitos de protestadores anticuarentena, antigobierno, anticomunismo añejo y demás estupideces.

Mempo Giardinelli.

Por Mempo Giardinelli

Acerca de los cuales se habla hasta el hartazgo mientras no se dice una sola palabra de la manifestación en la mismísima ciudad de Reconquista, sede del consorcio Vicentin, en la que esta semana hubo manifestaciones de más de 30 cuadras de automóviles y camiones a puro bocinazo en protesta contra los chorros, estafadores y fugadores de esa compañía. Y que tuvo correlatos paralelos en otros pueblos del norte santafesino, donde sobran protestas contra la impunidad de los directivos de esa empresa que muchos energúmenos porteños enaltecen.

Digámoslo: hay cada vez más compatriotas furiosos con la prensa porteña en general – que salvo excepciones, como es el caso de Página12 – miente sistemáticamente y deforma la realidad con tal de confundir y enloquecer al Soberano.

Es justamente por eso que ya no tiene sentido seguir la agenda de la telebasura. Que, por ejemplo, la otra semana instaló durante cuatro o cinco días la discusión de un provocador documento de la mesa dizque “dura” del macrismo (como si hubiera una mesa “blanda” o dialoguista sincera, lo que sería un perfecto oxímoron tratándose de ellos).

La condena democrática fue total, pero comunicacionalmente obligó a marchar al paso que querían los farsantes. Las incontables horas de explicación y cuestionamiento de esas estupideces sólo hizo aumentar el rating de la Sra. Bullrich y el Sr. Cornejo, al publicitarles gratuitamente sus barrabasadas.

Y esta semana sucedió lo mismo, pero peor: mil o dos mil desaforados fueron a gritar a la Plaza de Mayo y atropellaron a los colegas de C5N. Bestial atentado, sin dudas, que se debió condenar con un durísimo comunicado oficial del gobierno, otro del canal atacado y algunas expresiones políticas y partidarias. Todo lo cual se debió resolver en 10 horas, y no en tres o cuatro días hablando y escribiendo acerca de lo mismo, tediosamente, lo que una vez más sólo sirvió para darles aire a la telebasura y a Clarín, La Nación e Infobae, esos tres paladines de la desestabilización golpista.

¿Cómo es que esto no se ve? ¿Es tan difícil entender que lo que la derecha neoliberal quiere desde siempre, es, precisamente, que nuestra comunicación se extravíe hablando y discutiendo solamente lo que ellos ponen en agenda? ¿Y a lo cual contribuyen involuntariamente algunos funcionarios y prestigiosos periodistas democráticos?

A este columnista le sucedió el pasado viernes: un reconocido y valioso comunicador del canal afectado se molestó ostensiblemente cuando le dije estas palabras y con todo respeto lo exhorté a no seguir “debatiendo” las bestialidades de los energúmenos. Cortó de súbito la entrevista.

En esa misma línea, y subrayando la necesidad de un cambio comunicacional de 180 grados, sigue siendo absurdo lo que ya señalamos en esta columna: el Presidente debe exponerse menos. No debería hablar casi a diario y con cualquiera. Y en cambio sí debería tener funcionarios que cumplan el papel de fusibles. Hacen falta voceros presidenciales autorizados, virtuosos en esa esgrima, como fueron en su momento Jaroslavsky y López para Alfonsín, Corach para Menem, y Aníbal y el mismo Alberto para Néstor.

Y es claro que si no tener esa figura es una decisión de nuestro Presidente, entonces habría que decirle respetuosamente que él solo no puede, ni podrá, con esos miserables y sus sistemas de vocinglería. Y que si no confía en los comunicadores propios, entonces otro es el problema y habrá que imaginar y buscar soluciones. Pero mientras tanto bueno sería que no hable tanto con supuestos “independientes” que en realidad son adversarios.

Es evidente y se huele en todo el país, y especialmente en el interior, que el gobierno debería reaccionar y retomar causas nacionales como Vicentin, materia en la que el silencio oficial es por lo menos inquietante. Sobre todo porque todavía parece posible no perder esa batalla, a pesar del mes y medio de inacción decisoria. Vicentin sigue siendo un modelo ideal para iniciar un camino de cambios favorables a los intereses nacionales y populares. Por eso no hay que hacer silencio al respecto. Hace falta imponer agenda propia, propositiva y peronista.

Sin desmedro del correcto manejo sanitario, la recuperación de la ciencia y la fuerte decisión de asistir a los desheredados y las muchas acciones concomitantes, también cabe recordar que las mineras siguen contaminando mientras fugan oro, plata y dólares, y que “el cielo azul que viaja” que es el río Paraná está en manos de invasores que explotan a nuestro campesinado.

Y que espantarían a San Martín, a Rosas, a Yrigoyen y a Perón, qué duda cabe. Pero de esto no se habla y sí habría que hacerlo, marcando agenda propia. Porque los energúmenos no van a cesar de proponer e imponer temas, discusiones y griteríos innecesarios. Y menos si se les da tanta pelota.

Es presumible que el Presidente conoce, entiende y anticipa todo esto. Ha de saber, entonces, que reunirse con el Sr. Mindlin fue – para muchísimos compatriotas – una bofetada innecesaria. Y que otra lo fue, este 9 de Julio, que no estuvieran junto a él ni las Madres ni las Abuelas de Plaza de Mayo en el acto, y sí personas cuestionables como algunos empresarios y los directivos de la Sociedad Rural, que son oficialistas con cada gobierno desde 1983 hasta que lo traicionan. Y que nunca fueron ni serán aliados de gobiernos peronistas.

Escribir estas cosas no es acto de fe, sino de sinceramiento. No es buen compañero el que calla y otorga. El buen compañero, como el mejor amigo, es el que te habla con franqueza y te ayuda a no equivocarte. Así me lo dijo el Presidente Alberto Fernández, textualmente, en Resistencia durante su visita de campaña.