La vigencia de un líder

Hace 46 años recibíamos la triste noticia de la desaparición física del entonces presidente de los argentinos, Juan Domingo Perón, elegido por tercera vez y por una amplísima mayoría luego de su regreso, tras 18 años de un forzado exilio político.

Por Hugo Sager *

Físicamente, desaparecía un notable estadista mundial, creador de la Doctrina Justicialista, emblemática por enarbolar las banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política, y a su vez quien transformó  la República Argentina mediante una revolución pacífica, dirigida fundamentalmente a fortalecer la base productiva e incorporarle valor a la materia prima nacional, generando condiciones para una transformación social basada en fortalecer el empleo de base industrial y garantizarles derechos a los trabajadores.

Entre sus prioridades también estuvo la idea de un Estado que garantice la inclusión social de niños, niñas, adultos mayores y minorías vulnerables, a través del fortalecimiento del sistema sanitario creando el Ministerio de Salud Pública, y permitiendo el acceso de hijas e hijos de los trabajadores a la Universidad Pública, por lo que consideraba necesaria la gratuidad de este nivel educativo.

Mientras duraron sus etapas de gobierno, fue notable la distribución de la riqueza entre el capital y el trabajo, alcanzando el famoso “50 y 50”, de manera tal que generó así las condiciones para que la central única de los trabajadores (CGT) discutiera salarios y condiciones laborales con la Central que nucleaba a los empresarios (CGE), modelo casi único en el mundo en aquellos tiempos.

Podríamos detallar innumerables logros en sus gobiernos e infinitas citas de su accionar político. Pero nos quedamos con esta tan necesaria en los tiempos que se viven: “Para un argentino, no debe haber nada mejor que otro argentino”. Hoy más que nunca, es entre todos…como siempre, ¡Mi general!

 

(*) Presidente del Poder Legislativo

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