Ocasos

El invierno anticipaba la caída del sol - poncho de los pobres - en esa tarde noche de julio, en el Barrio Sur de Anyelville. Nuestras madres acongojadas, arrastraban sus chancletas demorando su andar, como pidiéndole al tiempo que detuviera su marcha, que no llegara la noche con su carga de tristeza. Las bandadas de morajúes, pasaban rasante, poniéndole un medio luto al crepúsculo rojo.

Evita.

Por Juan Manuel ‘Carancho’ Ramírez

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Se burlaban de nosotros, cazadores sosegados y desarmados que todas las tardes frenábamos su vuelo con nuestras boleadoras de plomo y cinta roja. Esa tarde, no.

Al poco tiempo, pájaros metálicos del Barrio Norte comenzaron a adueñarse del cielo de los morajúes, de la Laguna del Viejo Retamar, del montecito de Pérez, de los baldíos del Barrio Sur, de nuestra infancia feliz. Los obreros de la taninera, de la aceitería, de los andamios- todos tropa de Felipe Gallardo, de Canciano Gómez, de Timoteo Aquino, de Mitaí Núñez, del Negro Rufino- desprendieron sus camisas traspiradas para que el tajo del reloj marcando las veinte y veinticinco, les parta el bobo como seña de identidad política peronista.

Así – con el corazón partido – cruzaron los años de la caída, de la Resistencia y del Regreso por amor a Evita y Lealtad a Perón. La terca fidelidad de los hombres de los pulgares sabios, los llevó a negar su muerte y a pintar el “Evita vive” que nuestra generación retomó en las esquinas del desencanto y le agregó un “Perón Vuelve”.

De qué material indeleble y contagiante se impregnaron las Querida Torres, Olinda Godoy, María Letona, Juana Lombardo , Angelita Díaz y tantas anónimas compañeras que hicieron un contra piso firme donde instalar su figura altiva y su sonrisa contagiante, que a veces los fanáticos nos parece entreverla en el andar de Cristina que regresa.

 

(*) Maria Eva Duarte, como nació; Eva Perón, como se la conoció en sus últimos años; o Evita, como el pueblo la bautizó, fue una figura que rompió todos los precedentes históricos y definió una modalidad política nunca vista hasta entonces. Durante el breve período de su actuación, al lado de Perón, fue el centro de un creciente poder y se convirtió en el alma del movimiento peronista, en su esencia y en su voz. 

Nació el 7 de mayo de 1919, en Los Toldos, Buenos Aires; y falleció en la Capital Federal el 26 de julio de 1952.

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