Sin consumos, el Paraíso es un infierno

Desde “la tiza y el carbón” del peronismo y su resistencia a las dictaduras hasta el “voluntariado del smartphone”, los trolls y los mapas de calor del presente, las campañas electorales han recorrido un largo camino. Igual que aquella muchacha de la publicidad de cigarrillos “de género” de 1988.

Afiche de “no volver nunca más al pasado” en “no volver nunca más al asado”.

Por Carlos A. Villalba

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Sin embargo, “algo” pasa en las calles, sobre todo en los últimos días, cuando ya solo faltan quince días para las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, esas internas que no son, al menos en el nivel presidencial. Las pegatinas oficialistas de la Capital argentina y su Conurbano de casi 10 millones de electores, empezaron a ser “intervenidas” por manos anónimas que dan vuelta el sentido original de la inversión publicitaria.

Un ejemplo claro de ese fenómeno es la conversión de la propuesta en afiche de voto a Juntos por el Cambio de “no volver nunca más al pasado” en “no volver nunca más al asado”, con la simple tachadura de la “p” que conducía al ayer, al impulsar el voto reeleccionista, y señalar que ese sufragio, en realidad, impediría el regreso definitivo a los “asaditos” que caracterizan, desde los pueblos originarios y hasta que se pudo, a la argentinidad dominical.

Es una anécdota, solo eso, de un pueblo creativo como pocos en el mundo, sobre todo a través de las construcciones de sus hinchadas futboleras y de las consignas partidarias. Sin embargo, a medida que pasaron las jornadas se multiplicaron esas imágenes, aprovechando la estética “limpia” de la campaña del neo Cambiemos los creativos de a pie intentan asociar en negativo a Mauricio Macri y Miguel Pichetto con “problemas”, “cloacas”, “violencia”, “corrupción”, “miedo”, “laburo”…

Del mismo modo en que Marcos Peña y Jaime Durán Barba apelan a la batalla del metro cuadrado, los seguidores del Frente de Todos disputan cada esquina empapelada, a partir de acciones no planificadas – hasta el momento al menos – que lograron una multiplicación semejante a lo que, en la lógica de las redes, es la “viralización” de un mensaje.

Mientras tachaduras y aerosoles despuntan el vicio callejero, estrategas y dirigentes de todos los colores exprimen sus inventivas detrás de dos inasibles: los múltiples determinantes del proceso de construcción del voto y el planeta resbaladizo de “los indecisos”, en una coyuntura en la que el “voto en contra” y la opción por “lo menos malo”, acumulan más de la mitad de la intención ciudadana.

A esta altura de las políticas del gobierno actual y del recuerdo de la gestión anterior, la realidad es la encargada de definir la situación. En términos profundos la suerte está echada y son muy pocos los votos – tanto ajenos como indecisos – que cada quien vaya a capturar. Es una disputa macrista por lograr que los voten “a pesar de los problemas” contra una resistencia peronista para que los elijan “a pesar de” y ya no “contra ellos, a pesar de todo (lo malo actual)”

Fernández subió la economía al ring

Del mismo modo que ninguna encuesta anuncia un triunfo amarillo en las PASO, no hay un solo sondeo electoral o estudio de comportamiento de consumidores que deje de alertar sobre el peso que la inflación ejerce sobre las percepciones sociales, políticas y electorales de la población con relación al actual gobierno y de marcar el efecto negativo para su candidatura presidencial. Esos estudios tampoco pueden asegurar que habrá un vuelco masivo contra los responsables, convertidos en “culpables”, de las medidas que perjudican al grueso de los argentinos, cada uno en su escala.

Por eso Alberto Fernández pegó y volvió a pegar sobre el tema económico, hasta que logró un buen punto para su campaña: obligar a salir a la cancha al INDEC y al ministro de Economía en persona. Contra las instrucciones del manual de campaña de Cambiemos, Nicolás Dujovne intentó retrucar las respuestas sólidas del candidato peronista a las preguntas duras de Joaquín Morales Solá en TN, la principal pantalla de campaña del Grupo Clarín, en la que él trabajó hasta que se instaló en el palacio de Hacienda.

Cuando terminaba el round, aparecieron nuevos datos sobre un consumo que no para de caer. Supermercados, mayoristas y shopping centers ya llevan once meses consecutivos de descenso de sus ventas. Solo en lo que va del año, los primeros perdieron 12,7%, los mayoristas 14,1% en cinco meses y en los shoppings ya bajaron un 17,8% en el acumulado de 2019.

Esos bajones se dan en el marco de una de las recesiones más profundas del mundo según el propio FMI que, además, informó a sus miembros que la economía argentina caerá 1,3% este año, el consumo 4,8% y la inversión otro 17,5%.

Un estudio regional del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) muestra que 58,2% de entrevistadas y entrevistados en la Argentina consideran que “descendieron de clase social”, junto a sus familias, en los últimos años. El 44,6% de la “clase alta” tiene esa percepción, la “media alta” llega al 50,3%, la “media al 57,8% y el 66,8$% de la “clase media baja” se siente varios escalones más abajo en la escala socioeconómico que al comienzo del gobierno de Macri, que es cuando terminó el de Cristina Kirchner.

El 16 de abril de 2016, bajo la lluvia que caía sobre los edificios de Comodoro Py, la ex presidenta le propuso a la multitud que la acompañó en su primera comparecencia judicial la conformación de “un gran frente ciudadano” y reclamó que ese espacio interpele a los ciudadanos que votaron en 2015 a Macri sobre “cómo le está yendo, si le está yendo mejor que antes o peor”. Con más de tres años de antelación puso el dedo en el lugar que, efectivamente, más le preocupa al Gobierno en el presente.

Los indicadores más significativos de la economía remiten a una inflación promedio mensual en el primer semestre cercana al 4% (con un acumulado en doce meses del 60% y más del 200% desde la asunción de la actual administración); desempleo superior a los dos dígitos (dos millones de personas, con pérdida de 204 mil puestos de trabajo en blanco en los últimos doce meses, solo en la industria y el comercio); pobreza por encima del 35% y en alza, equivalentes a más de 14.000.000 de personas, de las cuales 2.700.000 son indigentes, 5,5 millones son niños, niñas o adolescentes y 6 millones pasan hambre.

Junto a estos registros del espanto, existen otras marcas del deterioro que afecta a gran cantidad de personas, incluso dentro del núcleo básico de votantes del PRO, la mitad del cual completó estudios terciarios y pertenece a un “nivel económico alto”, según los escasos estudios desagregados. Más del 93% de esa franja se vio obligada a reducir alguno de sus gastos y la cuarta parte debió ajustarse en la totalidad de los mismos.

Entre los componentes de ese repertorio de “pérdidas” figuran desde el uso de taxis hasta la suscripción a Netflix – con la tercera temporada de la Casa de Papel incluida – o el “pack fútbol”, desde el uso del auto propio y el disfrute vacacional hasta las salidas de fin de semana o la concurrencia a gimnasios, pasando, incluso, por los viajes en trenes interurbanos, el consumo de carne vacuna, gaseosas y primeras marcas de alimentos, además de lo destinado a salud familiar y educación.
Elaboración propia, en base a datos de INDEC, D´Alessio IROL y CELAG

Consumos con cifras contundentes.

Esas cifras, tan reales como duras, no implican que “el bolsillo” ya definió al “ganador”, ya que las penurias no se trasladan de manera mecánica a los resultados al voto; si así fuese ya podrían tomarle las medidas a Alberto Fernández para confeccionarle la banda presidencial, pero no es el caso.

No hay campaña que tape realidades, ni esfuerzo que tuerza un brazo cuando alguien quiere pegarse un tiro en el pie. De todas maneras, en la Casa Rosada jamás imaginaron que, después tantos años de pisotear con una aplanadora al peronismo y, sobre todo, a la figura de Cristina Kirchner como su máxima expresión electoral, iban a estar detrás de la fórmula de Los Fernández en todas las encuestas.

El análisis de Gerardo Morales – gobernador radical de Jujuy – apenas reelecto, cada día que pasa resuena con más potencia en el laboratorio de su poco apreciado Durán Barba. El carcelero de Milagro Sala – detenida sin respeto a las normas judiciales básicas – aceptó que “si fuera por la economía, tendría que haber perdido la elección” y, con un alarde de objetividad que no caracteriza a la Casa Rosada, reconoció que “la crisis ha golpeado” e influyó en la reducción del 58% de votos obtenidos en 2015 a su reciente 44%.

Copos mortales sobre Buenos Aires

A pesar de la dureza de la situación que atraviesa la cotidianeidad argentina, difícil como aquella que padecía bajo la nieve mortal con la que arranca El Eternauta, en busca del paraíso de una reelección nunca faltan las prótesis que rellenen aquello que falte. Por ejemplo intentar contener el valor de un dólar de espanto, en base al despilfarro electoral en menos de dos meses de u$s15.000 millones girador por el Fondo, para tratar de convencer al país que los $44 que cuesta hoy cada billete estadounidense son menos que los menos de $10 con que lo recibió Macri al asumir.

Es la pieza central del cotillón del actual “populismo financiero” de dólar “planchado” tratando de sujetar la inflación sin los resultados esperados y espejitos de colores con recursos públicos, destinados a créditos personales que terminan de enterrar a quienes menos tienen, descuentos en compras de supermercados o ventas en cuotas hasta después de las elecciones.

Los mejores olfatos de la economía siempre son los de los especuladores financieros. Junio fue el mes de mayor fuga de divisas por parte de los tenedores extranjeros en toda la historia del Mercado Único y Libre de Cambios, creado en febrero de 2002. El drenaje fue de u$s 1.410 millones que, sumados a las extracciones de los residentes, se elevaron a u$s 2.759 millones, para alcanzar u$s 40.000 millones en seis meses.

Los datos no son solo números, constituyen la expresión de la desconfianza en el manejo de la economía y su futuro, además de expresar dudas sobre las posibilidades de reelección de Macri, igual que el “riesgo país” por encima de los 800 puntos y la tasa sideral del crédito interno, son como relojes que adelantan el mañana. También muestran que empezó el reposicionamiento de pesos a dólares tan temido por el Gobierno.

El martes 23 se cumplió un siglo del nacimiento de Héctor Germán Oesterheld, el autor de “El Eternauta”, la historieta más importante de la historia argentina y una de las más reconocidas en el planeta entero. El guionista, militante montonero -detenido y desaparecido por la última dictadura cívico militar argentina, al igual que sus cuatro hijas, dos de ellas embarazadas – desde el prólogo de su propia obra sentenció para siempre que el héroe verdadero “es un héroe colectivo, un grupo humano”, “nunca el héroe individual, el héroe solo”.

Cada quien sabrá, en la soledad de las oficinas desde las que trabajan los redistribuidores de las consignas oficialistas, o en el silencio de las noches de los aerosoles, si forma parte de una empresa armada para fabricar un triunfo o si integran un grupo decidido a dar vuelta la taba.

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