Que mala leche (*)

En torno al robo de 100.000 kilogramos de leche en polvo de un depósito del Ministerio de Salud Pública de la Provincia, valuado en $40 millones, el contador Alfredo San Cristóbal apuntó a una “cadena de responsabilidades”. Apeló a que se encuentre justicia y no termine, la situación, cargándose a algunos “perejiles””.

Por Alfredo San Cristóbal

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Por estos días hemos tomado conocimiento de una nueva trapisonda de quienes tienen las máximas responsabilidades en la administración de los recursos del Estado y del pueblo.

Se “traspapelaron” 100.000 kilogramos de leche en polvo de un depósito del Ministerio de Salud Pública de la Provincia –valuado en 40 millones de pesos-  que, al decir del Procurador General del Poder Judicial, “esto tiene que generar la responsabilidad de algún funcionario”.

En forma previa corresponde preguntarse: ¿de quién es la responsabilidad? No existen dudas que existe una “cadena” de responsables para poder llevarse 4 equipos (camión con acoplado) cargado con 100.000 kilogramos de leche, y no creo que pueda tratarse de un “robo hormiga” como deja trascender el funcionario judicial.

Pero vamos a los responsables: el primer responsable es el Ministro de Salud Pública. No porque se haya llevado el mismo el producto desaparecido. ¿ Cómo es posible que  un depósito de medicamentos, alimentos e insumos hospitalarios esté funcionando en un local totalmente desprotegido?. Esto es sin cámaras de seguridad, sin energía eléctrica y sin ninguna medida de protección que asegure el patrimonio público. ¿Cómo el Ministro autorizó el funcionamiento de tamaño depósito sin los requisitos mínimos que requiere la custodia de los escasos recursos del Estado?

Recordemos que una de las metas establecidas por el Ministerio de Salud Pública es la de la “Administración Transparente: incorporación en la estructura de las áreas contables, legales, auditorías y control de gestión y de riesgo, contrataciones estratégicas”. Un verdadero papelón.

Siguiendo con la cadena de responsables cabe preguntase que papel desempeñaron los responsables de la Sub-Secretaría de Coordinación y Control Gestión de Salud, la Dirección de Administración y el Departamento de Compras, todos del Ministerio de Salud, en la contratación de un inmueble sin las condiciones mínimas de funcionamiento de un depósito de tal envergadura.

Párrafo aparte merece la participación de Fiduciaria del Norte que, conforme lo aclara el Procurador, cumplió con todos los pasos legales ya que la leche desapareció después de entregada a Salud Pública. Si estos fuera así no existe ninguna duda que la responsabilidad es exclusiva del Ministerio en cuestión.

Aun así resulta al menos sospechoso, por no decir inverosímil, que los 100.000 kilos hayan sido llevados mediante el “robo hormiga” como dice el Procurador. Es frecuente que –en casos como este- en realidad la mercadería no llega nunca a destino. El contubernio entre quien debe entregar la mercadería –llámese transportista, proveedor o intermediario-  y su receptor, que firma sin recibirla, es una práctica bastante común a la que los investigadores seguramente le prestarán la debida atención.

Esperemos que esta situación no termine cargándose a algunos “perejiles” como el empleado del Correo o algún personal de menor jerarquía, sin descartar su participación ya que tenían todo servido para ello. Sin lugar a dudas la  contratación de un inmueble en las condiciones del depósito en cuestión tiene otros responsables para los cuales se  deben generar acciones que eviten hechos futuros similares.

Los mayores perjudicados del ilícito son aquellos potenciales beneficiarios del producto robado, los que no podrán acceder a tan vital alimento. A favor de ellos debe actuar la justicia con la mayor celeridad.

 

(*) Uso en Argentina (Wikipedia): La “mala leche” es una expresión que se aplica al término de “mala suerte”, como también se usa para expresar que algún sujeto ha realizado alguna acción o dicho con mala intención o con un fin malevolente u ofensivo hacia otra persona.

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