Falleció Avelino Flores: “Dejo un patrimonio para orgullo de muchos”

La partida definitiva de una las figuras insulares de nuestro chamamé, a los 74 años en la lluviosa mañana de este domingo, enluta a la música litoraleña. En su homenaje, ofrecemos aquél reportaje de 2004 en donde - el padre de los destacados músicos Rudi y Nini Flores - nos habló en 'El Canillita' de sus sueños y su pasión por nuestra música.

Avelino Flores, inolvidable.

Nacido en Lanteri, provincia de Santa Fe, a unos 30 kilómetros de Avellaneda – este extraordinario músico chamamecero constituye por sí solo uno de los íconos de nuestro acervo musical.

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De mirada profunda y gestos campechanos, encierra entre sus manos y en su inteligencia, el don divino de componer y “arreglar” cientos de obras que ya forman parte del cancionero universal de la música del litoral y los acólitos de esa danza.

No esconde su edad. “Soy nacido en Febrero de 1934, confiesa. Y siendo muy chico mis padres se trasladan a Avellaneda donde vivo mi infancia y mis años mozos. Después de la escuela primaria, ingreso a la Escuela Técnica de la Base Aérea de Reconquista, desde donde egresé como tornero oficial. En ese lugar trabajaba un muchacho que tocaba muy bien el bandoneón y que se Ilamaba Humberto Borda”.

Recordar aquellos años, lo entusiasma a Avelino. “No puedo olvidar, dice, que un día – mientras Borda trabajaba en el torno – como al pasar le pregunto si me puede enseñar a tocar el bandoneón. – Y, si te te gusta…, me contestó. Así, empezamos…”

En esa pocas palabras, Avelino describe un momento de su vida que precisamente cambiará su destino para siempre. Porque del comienzo de las primeras clases, hasta tomarle el pulso al bandoneón, el tiempo apenas transcurre por algunos meses.

“Creo que uno nace con el don del arte, revela. Pero también esto está condicionado por el lugar y el momento donde uno se desarrolla y los maestros; desde mi punto de vista, absolutamente natural. Un músico, de pronto puede ser escultor, pintor o poeta. Canaliza su virtud por cualquiera de estas disciplinas. Ahí está Alfredo De Angelis, por ejemplo, que fue un gran pintor; o Alfredo Pancera, otro gran pintor. Nosotros, por ejemplo, lo tenemos a Roberto Pancera”.

Obviamente, el arte de Avelino, comienza por el dibujo y a manifestarse en sus primeros años en la escuela primaria, donde las maestras lo convocaban para todos los acontecimientos o efemérides. Pero también, el artista ya incorporaba la guitarra y el canto para animar todas las fiestas escolares.

“Verso que andaba por ahí, era para Avelino, señala. Y como luego llegó el bandoneón, ya para entonces me animaba a tocar algunas piezas en público. Al año de comenzar con Borda ya integraba un trío que se llamaba”Amanecer”, con dos muchachos amigos, Banegas y Machuca”.

Fútbol o música
Como no podía ser de otra manera, la música litoraleña se enseñoreaba en sus compases. “Es que el norte santafesino, indica Avelino, es inminentemente chamamecero por todo lo que implica la cercanía con Corrientes. ¿Qué otra música podíamos tocar?. No tenemos que olvidarnos que también los correntinos iban con sus familias enteras a trabajar en las zafras de toda esa zona agrícola, donde el chamamé era señor de las fiestas. Y muchos de los que llegaban, después ya no volvían”.

Por aquellos años, las ondas de LT7 Radio Corrientes y LT5 Radio Chaco, también constituían un universo de música e información que ganaba los receptores de la gente y donde los programas chamameceros era los más escuchados. El fútbol, también,
ganaba los gustos del joven Flores que desplegaba calidad en los campos de juego.

“Me gustaba mucho jugar, dice Avelino. Pero en verdad y lamentablemente, jugué poco tiempo. Digo lamentablemente, por el esparcimiento y solaz que me provocaba el practicarlo. Pero es que ya los bailes y las actuaciones me iban quitando esa
posibilidad”.

A Avelino Flores no le causó un desvelo el decidir entre el fútbol y la música, aunque le provocó un cosquilleo saber que un club profesional (Colón de Santa Fe) se había interesado por sus condiciones al verlo jugar en la Liga Reconquistense con el equipo de la Base Aérea.

“En realidad, todo esto de la música es una cuestión del espíritu, del sentimiento en las personas. El deporte es lo físico, descargar tus energías y enfrentar a un rival. Mientras que la música es un camino de poder transportarte a otro mundo. Yo tenía mucha fe en la música y de que lo mío, por alguna parte tenía que darse. Porque yo observaba y escuchaba lo que hacían otros músicos; la forma que tocaban – que se parecía mucho a lo que yo hacía – y como eran solicitados sus temas en las radios”.

Hacia Mburucuyá
Cuando le preguntamos cómo lo conoce a Miqueri, Avelino Flores mira hacia arriba y entrecierra los ojos… “A Miqueri… lo conozco por las actuaciones que hacía en la zona de mi pueblo junto a Cocomarola. Conjunto chamamecero que llegaba para actuar, me tenía a mí presente. Tiempo después, nos volvimos a contactar cuando el ya había formado el conjunto Vera-Lucero. Precisamente ‘Tito’ Miqueri, que integraba el grupo me cuenta que él va a salir del conjunto y el problema de ellos era el reemplazo. Tito estaba convencido que yo era el indicado para eso y que tenía que andar muy bien tocando con ellos. Por eso me pregunta si me animaba a irme… y le dije que sí”.

A los pocos días, un telegrama llegó a manos de Avelino: le pedían que baje a Mburucuyá para integrarse al conjunto Vera-Lucero. Era el año 1958, y Flores se radica en esa localidad durante cuatro años, para después afincarse definitivamente en Corrientes. A partir de entonces, comienza una fuerte relación con Salvador Miqueri que tendrá, por momentos, algunas pausas obligadas por las actividades comerciales y docentes que tenía Salvador.

La ‘profesión’ de la música
Pero Avelino, siempre siguió por los caminos de la música. “Cada vez que Miqueri rehizo sus conjuntos, me convocó a integrarlos”, afirma. En esos lapsos, Flores forma su propio conjunto. El primero de ellos tenía, entre otros, a Reyes, Gutiérrez, Vargas y Maldonado. Y también la composición musical comienza a formar parte de su rutina de artista.

“Antes de venir a Corrientes, comenta, yo ya escribía cosas que no tenían trascendencia porque siempre quedaban como de entrecasa ante la falta de difusión. Al instalarme en Corrientes, y encarar mi actividad profesionalmente con otras posibilidades – el estar con Vera-Lucero era entrar por la puerta grande – pude lograr mi primera composición. Y con Miqueri logramos una impronta que imponemos en casi toda la producción que realizamos. Por ejemplo, lo primero que se grabó fue “Tu pañuelo”, “La Topada”, “La trenza”, etc., que anduvieron muy bien de entrada”.

Avelino reconoce, mirando su brillante pasado musical, que sus expectativas con la música fueron superadas por lo que el alguna vez imaginó en sus primeros años de actuación. “Tal vez me hubiese puesto contento con grabar un disco y componer un par de piezas”, admite.

“Aunque, luego de comenzar a hacerlo profesionalmente, uno comienza a darse cuenta que ya no decide por sí mismo; sino que los tiempos comienzan a ser parte de los pedidos y reclamos de nuestros públicos y seguidores. Es una relación con la que uno se va comprometiendo día a día”.

Momentos
Poco tiempo atrás, en Formosa, le preguntaron cuál había sido su mejor etapa en su carrera musical. “Les contesté, dice Avelino, que en la vida de un músico, todas son importantes. Necesitás una primera que sin ella no vas a ninguna parte. Y una segunda, donde empezás a madurar y donde uno comienza a aprender lo que no se debe hacer arriba de un escenario. La tercera etapa, es la de la consolidación y donde – con lo mejor que puedas – tenés que mantenerte. De cualquier manera, le dije al periodista que me preguntó, mi mejor etapa aún no comenzó…” (risas).

Tampoco, Avelino se decide por distinguir especialmente a ninguno de los músicos que lo acompañó. “Sería injusto si lo hiciera, resalta. Porque desde el momento que los convoqué, fue porque tenían alguna cualidad que supe valorar. De cualquier manera, por sus condiciones humana y por los grandes momentos que hemos pasado juntos – puede decirse como una gran familia – destaco al dúo Aguirre-Carrizo y a Svindel en acordeón. Eran grandes artistas y a mí esa gente me marcó mucho. Los recuerdos y los extraño. Pero esto no significa desdeñar todo lo que me brindaron los demás compañeros. Por eso digo que resulta comprometedor e injusto hacer este tipo de distinciones”.

Cuando lo requerimos sobre en cuáles de los estilos chamameceros – que reconocen los eruditos del tema – se siente más cómodo, Avelino responde que “indudablemente que estoy tocado por la escuela de Cocomarola. Sin que esto signifique que uno se haya dedicado a copiar su forma de tocar, por que Tránsito es inimitable y no se podria Ilegar a eso. Pero ese estilo melódico que los bailarines idolatraron por sentirlo profundamente, es algo que seguimos abrazando cada vez que subimos a un escenario. Su música nos toca profundamente, porque Cocomarola fue un músico argentino importantísimo. Uno de los más grande que dio este país”.

‘No figuramos en las escuelas’
Cuando la conversación discurre sobre los gustos y estilos que afloraron en los últimos veinte años en el horizonte chamamecero, Avelino no elude en indicar que “todo pasa por el receptor de la música que uno está ejecutando. Si éste se siente tentado a lanzar un sapucay o salir a bailar, es porque le tocaste el corazón. Y para que eso ocurra la música o el chamamé tienen que salir de la misma raíz de siempre. Todo lo demás, globalización incluida, prefiero no expresarlo porque podría ser tomado como una cuestión personal cuando no lo es”.

“Aunque reconozco que su causa es consecuencia de la proliferación de los medios de difusión y de quienes los explotan; empresarios que se dedican a inventar artistas o tentarlos con un gran escenario claudicando en sus principios. A esta provincia siempre se la tuvo como la gran analfabeta por excelencia, y cuando se habla de chamamé, es como que todo es broma o sorna. En los textos de nuestras escuelas primarias, por ejemplo, no existe una letra de chamamé. No figuramos”, revela este creador.

“Por eso, es que por ahí me miran como un hombre áspero en estos temas, pero todos estábamos esperando a las nuevas generaciones para que asuman la posta y eleven nuestro chamamé. Tal vez, aquella falencia de no tener más gente instruida, llevó a este sitial a nuestra música. Necesitamos que se impulse el chamamé sin desmerecer al correntino, no con letras que nada tienen que ver con nuestra realidad. No podemos volver cuarenta años atrás en la historia, para reflotar aquello que no nos hizo bien en ese entonces. Por eso nosotros siempre hicimos la música chamamecera con un profundo respeto por el público y dejamos cosas – espejos – en las que otros pueden mirarse. Lo digo sin falsa modestia: muchos se sentirán orgulloso del patrimonio que les dejo”, expresa con profunda convicción.

Indagado sobre qué temas creados por él le gustan, Avelino resalta que “La respuesta más fácil es decir que me gustan todos. Pero a mi me gustan unos, más que otros. Obviamente que la gente vuelca sus preferencias por algunos temas que luego fueron éxitos como “La Trenza”, “Montecito”, “Monte Curahei”, “Mi Ultima flor”, “Solo rumores”, “Arrepentimiento”, etc.”.

La ‘noche inolvidable’ en el Colón
En el cierre de la entrevista, no podíamos dejar pasar por alto aquella noche memorable en que el chamamé volvió a pisar el tablado del Teatro Colón en la Capital Federal.

“Yo no sé si la tremenda posibilidad me anestesió, dice, pero solo tomé conciencia de lo que se había realizado después de nuestra actuación. De lo que significa para nuestro chamamé aparecer en uno de los teatros más prestigiosos del mundo. No es fácil. Y creo que muchos conjuntos que tenemos por acá, hubiesen podido ocupar ese lugar con la misma o mayor solvencia que nosotros. Nos tocó a nosotros y dejamos bien sentado todo lo nuestro”.

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VIAEl Canillita/Corrientes
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