“La traducción tiene algo que ver con la profunda generosidad de compartir”

El 23º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura contó este viernes con una mesa dedicada al arte de la traducción. ¿Una obra traducida es igual siempre? Cuando pasa a otro idioma ¿es la misma o es casi la misma?

“Por amor al castellano: identidad, lengua y traducción”, en la penúltima jornada del Foro.

Justamente de esto hablaron los especialistas Alain Saint-Saens (Francia-Paraguay); Eric Nepomuceno (Brasil); Meng Xiayun (República Popular China); Esther Andradi (argentina, residente en Alemania) y la argentina, María Pía López.

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Coordinada por la docente Maia Bradford, la mesa denominada “Por amor al castellano: identidad, lengua y traducción”, abrió con Nepomuceno. El brasileño recordó que tradujo más de 80 obras al portugués de autores de la talla de Eduardo Galeano y García Márquez, entre otros.

“Yo no leo ruso, ni alemán. Japonés ni hablar. Entonces, ¿qué sería de mí sin haber leído autores de esos países? Ahí está la importancia de la traducción”, señaló Nepomuceno.

“La buena traducción tiene reglas rigurosas”, sostuvo. “Leer primero, examinar la estructura, ver las dificultades y tratar de solucionarlas. Pero yo no sigo ninguna de esas reglas”, se sinceró. “Porque no soy traductor. Yo leo mientras traduzco. Cuando traduzco un libro quiero tener la misma expectativa que cuando armo uno mío. Nunca he sido un traductor profesional. Soy un escritor que traduce a sus amigos, por afecto y cariño y a libros que me incitan a hacerlo”, aseveró.

Meng Xiayun, oriunda de China, comentó que tiene un fuerte vínculo con Latinoamérica desde la literatura. Recordó que su tema de tesis de investigación fueron justamente las obras del escritor chaqueño Mempo Giardinelli. “Una obra suya, ‘Imposible Equilibrio’, fue una inspiración para mí”, destacó. Y anticipó que próximamente traducirá al mandarín la obra “El Séptimo Infierno”, del mismo autor.

A su turno, el francés residente en Paraguay, Alain Saint-Saens, se reconoció como escritor y políglota. Y reflexionó al señalar que la dificultad de traducir una obra comienza con la traducción de una obra propia.

“Yo soy traductor de mí mismo. De cierta manera soy otro también”, evaluó. “Hablo cuatro idiomas: inglés, francés y español, que es mi idioma de corazón. En Paraguay aprendí el portugués porque pensé que iba a ser importante para mí. Es por eso que actualmente escribo poema en cuatro idiomas. Y cuando voy a traducirlo me digo a mi mismo: ‘No te traiciones. No traiciones lo que escribiste’”, contó.

Esther Andradi, argentina residente en Berlín, comentó las mutaciones que va generando en las personas y en las lenguas el hecho de moverse por el mundo. “Como escritora he reflexionado algo sobre las lenguas de viaje. Cuando la lengua se va de viaje es como las personas: se transforma. No se mantiene incólume”, sostuvo.

La socióloga y ensayista, María Pía López, posó su mirada más bien en el consumo de las traducciones. Y recordó el momento en que se dio cuenta de que una obra traducida por un autor es distinta a una traducida por otro.

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