El sentir peronista rendirá homenaje a Evita a 66 años de su muerte

Sendos homenajes en su memoria y su paso a la inmortalidad, impulsados por Nora Salas de Bittel y el PJ chaqueño, se realizarán este jueves 26 de julio. A las 10 horas, frente al busto que perpetúa su figura en Av. Alberdi y Juan D. Perón; y a las 20, en la sede partidaria de Av. Rivadavia y Mitre.

Evita. (Ilustración: Ricardo Ajler)

Al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento, Evita, la Abanderada de los Humildes, adquiere hoy una clara vigencia sustentada en los principios fundamentales de la doctrina Justicialista. Más que nunca es emblema y patrimonio de lucha, no solo de los peronistas, sino de todos los argentinos.

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Si Evita viviera…
“Hija natural. Linda frase. Lo natural no era bueno entonces. Los ‘hijos naturales’ quedaban fuera de la naturaleza humana, y Evita, desde chiquita, tuvo que ubicarse por ahí, en los suburbios de la vida.

Nació en Los Toldos – Provincia de Buenos Aires – tres años antes que la radio y unos meses después de la Semana Trágica. Evita tuvo que entender pronto cosas que lleva su tiempo aprender.
No iba a tener nunca ciertas cosas, un papá, una familia, un auto, en fin…

Pero ella no quería aprender esa lección. Conoció el hambre y la humillación, los zapatos apretados y rotos y la mirada para abajo.
Soportó en varias fiestas patrias la dádiva de las señoras respetables que le acariciaban la cabeza con cierta prevención.
Ahí empezó a odiarlas.

La vida fue desmesurada con Eva y ella fue desmesurada con la vida. Su confesor la definió como un fuego que quema, pero se consume a sí mismo.
Fue poderosa y se vengó con la minuciosidad de los sufridos.
No dormía, comía poco. Trabajaba todo el día. Su cuerpo se estremecía ante el dolor de sus “grasitas”. Hospitales, hogares, colonias, asilos. Allí estaba la foto o ella, la Eva.

Les ganaba de mano a las señoras decentes y se hacía traer de París las últimas colecciones de moda, las joyas. Los grasitas disfrutaban al verla como una reina. Una de ellos, como una reina.

¡¿Ha visto que modales?! iQué indecencia!, decían las dueñas de la decencia, de los desplantes de Evita. Caprichosa, con mucha niñez sin estrenar, con mucho por vivir y poca vida.

Si Evita viviera..qué problema, ¿no?.
Pero no. Se murió hace rato, allá por 1952. Hace 66 años”, reseñó el historiador Felipe Pigna.

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