Maestros artesanos de Pueblos Originarios muestran sus técnicas ancestrales en la Bienal

En el marco de la Bienal Internacional de Esculturas, la Fundación Chaco Cultural coordina el 6º Encuentro de Artesanos de Pueblos Originarios, que reúne en el predio a destacados maestros artesanos de las etnias qom, moqoit y wichi.

En alguna otra crónica se hizo referencia al tamaño que adquirió la Bienal de Escultura. Recorrerla necesariamente exige contar con buen tiempo por adelante. Sobre todo porque un importante sector del parque 2 de febrero fue absorbido para las actividades aleatorias del concurso de escultura: el predio se duplicó, o triplicó.

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También se ha dicho que el tradicional parque 2 de febrero sufrió un cambio sideral, como ser la puesta en valor del anfiteatro griego que se encontraba en franca decadencia.

A cada paso una sorpresa, una novedad. Distintos paisajes: el parque de las esculturas, el Domo con su icónico techo circular, la costanera, el predio de competición, “la Isla de la Alegría” –como se llamaba en sus días de gloria al anfiteatro griego- y un gran terreno dedicado para la ocasión a firmas empresariales, stand de diseño y artesanía y dos grandes escenarios.  En ese mapa, calles que circunvalan y contactan a modo de meandro entre uno y otro espacio.

Amerita alguna reflexión el patrimonio artesanal indígena chaqueño. Todo el esplendor originario en productos de cestería, arcilla y tejido de chaguar. Participan muchos artesanos premiados en la feria artesanal de Quitilipi y tienen presencia varios colectivos del Chaco profundo que trabajan a través de mesas colaborativas entre artesanas qom y wichi y diseñadores de industrial y textil, gestando una rica y diversa producción de cruces y  vínculos interculturales.

Entrar a la carpa de los originarios, es entrar a un espacio que ancla su mirada en reminiscencias del pasado soberano del indio. Allí están con personalidad silenciosa y rostro impenetrable, parcos, su obra habla por ellos.

Esa artesanía (como también los yuyos medicinales), desplegada en profusión repite una y otra vez –sea un camino de chaguar, una jarra de arcilla, un abanico wichi-  aquella riqueza superlativa.

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