El mito fundante de un sueño que se hizo realidad

Aunque la realidad supere largamente al sueño primigenio, y los cambios y los crecimientos sean imparables, ningún logro puede olvidar o archivar su mito fundante: Esencia de cualquier hálito de vida.

Pedro Jorge Solans e Inés Elisa Torres, esencia fundante de El Diario de Carlos Paz.

Aunque la realidad supere largamente al sueño primigenio, y los cambios y los crecimientos sean imparables, ningún logro puede olvidar o archivar su mito fundante: Esencia de cualquier hálito de vida. Los festejos por los 25 años de El Diario de Carlos Paz estuvieron acordes al significado de su existencia. Fue una fiesta inolvidable para el periodismo gráfico cordobés.

En la sala repleta del Teatro del Lago, el pasado viernes 13 de abril, se registraron símbolos y se vieron signos que, con el tiempo, la propia historia se encargará de fortalecerlos y ubicarlos, como hoy quisiera que se haga con quienes amasaron el mito fundante de aquellos primeros años cuando El Diario no dejaba de ser un anhelo personal, una locura que arrastrara a un puñado de jóvenes a desafiar la lógica, la razón, el mercado, la cordura y hasta la propia medicina.

Era un joven que ofrendaba su vida y la de su familia, – su mujer, Inés Elisa Torres y sus dos hijos pequeños, Santiago y María – a ese sueño que parecía todo, de inmenso, que parecía el sentido único de la pasión, y se contagiaron otros, más jóvenes, como Rubén Fabián Torres, quien se retiraba de su trabajo en la sucursal del Banco Provincia de Córdoba para ver qué iba a pasar con su vida.

Se embarcó sin saber nada de lo que iba a ser después su oficio. Luego, se sumó el fotógrafo Jorge “Quico” Martínez, que venía del semanario El Diario del Valle, y que tenía más de aventurero que de otra cosa. Así se iba armando el cuadro de situación. Éramos poquísimos y Torres propuso la llegada de Alejandro Gómez, quien quería dejar de conducir un taxi, un Peugeot 404, propiedad de don Héctor Varela, para sumarse al lugar donde iba a encontrar también su oficio.

Lo que parecía – en ese momento – una aventura que iba a durar poco logró el gran respaldo de Elsa Ferro, quien ofreció su casa – en Pellegrini 488 – para que sea el lugar donde ese grupo iba a pasar las primeras y largas horas de trabajo, penurias, escasez y sinsabores, pero también, donde el mito fundante iba a tomar cuerpo, fuerza, a base de esperanza, coraje, deseos, esfuerzo, talento, y a base principalmente de esa adrenalina que fluye ante los desafíos por superar, ante las barreras por romper, ante los obstáculos por sortear.

Así fueron los años donde Nuestra Señora de Itatí produjo el milagro y limpió el camino para que lleguen, entre muchísimos colaboradores, Dante Quilodrán, María Fernanda Sanguinetti, Nino Torres, Celeste Benecchi, Sergio Tonarelli, Santiago Macor, Beatriz Solans, Teresa Álvarez, Daniel Santos, Isabel Lagger, Adriana Peroglia, Sergio Silva, Juan Pablo Viola, Julio Albornoz, Claudio Zalazar, Fernando Aguero, Adriana Gorosito, Juan Pablo Viola, Fabián Torres, Carla Livelli, Victoria Aguirre, Juan Carlos Costa, José Luis Fuentes, Quico Tombolini, Alejandro Gómez, Marcelo Meloni, Mauricio Francés, Miriam Silva, Ricardo Esteban, Lucas Tondo, Luis Varela, Charly Soto, Fabrizio Nicolier, Santiago Carreño, Coti Paintner, Jorge “Pocho” Elena, Alejandra de la Cámara, Constanza Britos, Luis Hernán López, Sol Castro, Yael Piovano, Sergio Arnau, Ramón Amaya, Evangelina Bustamante, Francisco Monsell, Norma Rojas, Vanesa Bitti, Sebastián Monsell, Fernando Lanús, Carlos Pivatto, Analía Gómez, Palomeque, Jeremías Gigena, Gustavo Murúa, Walter, Julián Tejeda, Ramón Almirón, Enrique Vázquez, Claudio Tejeda, Mabel Lema, José Hernández, Edgardo Tántera, Marcelo Karlen, Rubén Flores, Inés Elisa Torres, María Inés Solans, Adrián Álvarez, Magui Ávila, Santiago Solans y Mauricio Scutti.