Medios del mundo reflejan los efectos de la deforestación para la siembra de soja transgénica en la región

El País (España), Corriere de la Sera (Italia), Der Spiegel (Alemania) y Le Monde (Francia), entre otros medios europeos, se hacen eco del informe realizado por la ONG Mighty Earth sobre los efectos de la deforestación para la siembra de soja transgénica en la región del Gran Chaco. Incluye testimonios de chaqueños afectados por los agrotóxicos.

Agronegocios: deforestación, soja transgénica y enfermedades evitables (Foto: Mighty Earth)

“La crisis inevitable: la catástrofe medioambiental de la industria europea de la carne” lleva por título el profundo trabajo de investigación y documentación realizado por un equipo conformado por los periodistas Anahita Yousefi, Marisa Bellantonio y Glenn Hurowitz para la ONG Mighty Earth.

El informe, que puede ser leído en cuatro idiomas (inglés, francés, alemán y castellano), está disponible desde el mes de marzo en el sitio http://www.mightyearth.org/avoidablecrisis/es/ y representa un fuerte documento sobre el las evitables consecuencias sanitarias y ambientales que dejan a su paso los agronegocios en toda la región conocida como El Gran Chaco, que incluye a Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil.

Dando cuenta de la trascendencia internacional de la situación que atraviesan las comunidades rurales de la Argentina en general y de la provincia del Chaco en particular, el informe comienza con el testimonio de Catalina Cendra, campesina chaqueña de la zona de Napenay:

Como productora del Chaco, nacida y criada en la región, no considero la soja como un alimento. Para mí, es una enfermedad. Los alimentos saludables son los de la época de mi padre, boniatos, yuca, calabazas… La soja es para los grandes fondos de dinero, no para nosotros.

Han venido aquí para enfermarnos con la soja, al Chaco. Y creo que pasa en toda Argentina también.(…) Vienen siembran, envenenan, cosechan y se van. (…) Para mí, la soja no es buena, ni siquiera como alimento para los animales. Los animales se ponen enfermos (…) las gallinas no ponen huevos, el sabor de la carne es horrible. No es como el maíz que plantamos en nuestro Chaco. (…)

Los aviones [que fumigan con herbicidas] pasaron a las 6:00 de la mañana. Envenenaron el agua, el tanque, el pozo y la bebimos y los animales la bebieron. Y caímos enfermos, mis animales y yo. Nos hicieron enfermar.

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Señala el informe:

Una familia de campesinos entrevistada por nuestros investigadores aporta un preocupante testimonio sobre el impacto real del uso de herbicidas para la soja. Esta familia, que vive en un área rural a unos 100 kilómetros de Resistencia, la capital de la provincia de Chaco, tenía un vecino que utilizaba glifosato para “desbrozar” la vegetación autóctona de todo un campo. Sin embargo, mientras empleaba el herbicida, se puso a llover y la escorrentía contaminó su tierra, así como el abrevadero para sus animales. Nos comunicaron que se les murieron 140 gallinas, cabras y vacas, poniendo en peligro el sustento de la familia.

“Lo peor no fueron los animales muertos”, nos comentó un miembro de la familia. “Nosotros sufrimos más. La mayoría de los niños enfermaron. Todos. Tengo un hijo, de 19 años. (…) Una niña de 15 años y otra de 3 años, así como un niño de 1 año. El más pequeño fue el que peor lo pasó”. Sufrieron “erupciones en la piel, problemas de estómago y anemia”, dijo. “Nuestros hijos tuvieron que ser hospitalizados”. Supo que otras dos familias cercanas habían padecido problemas similares, incluida una que perdió más de 30 perros y otra que perdió todos los animales y tuvo una hija que nació con discapacidad.

Más inquietante aún es el hecho de que ninguna de las familias afectadas sintió que podía decir algo en aquel momento, por miedo a las represalias. Una familia a la que entrevistamos nos dijo que les habían transmitido que si decían algo, el ayuntamiento les cerraría su pequeño negocio, su única fuente de ingresos después de que fallecieran los animales. “El representante [del ayuntamiento] dijo que si insistíamos en decir que era veneno y ellos decían que no, posiblemente vendrían y me cerrarían el taller”, explicaba un miembro de la familia. “No solo un taller, sino también una serrería, una industria, una fábrica (…). Cerrarían los negocios”. Por miedo a las represalias, todas las familias de las víctimas han pedido permanecer anónimas.

En Avia Terai, donde se encuentra el silo más grande de Bunge en la región, los investigadores entrevistaron a Silvia Achaval. Es madre de Camila, una niña de seis años que tiene suerte de seguir aún viva. La casa de la familia está ubicada muy cerca del área en la que una empresa procede a la fumigación aérea de campos de soja. Los aviones “volaban cuando estaba embarazada”, nos dijo Silvia. Camila nació con graves defectos congénitos. Acudieron rápidamente al hospital con ella. “Tenía todo descolocado”, comenta Silvia. “Tuvieron que mover su corazón, sus pulmones (…). Me dijeron que la operación fue complicada (…) que había nacido así por el veneno. Los médicos dijeron que no iba a sobrevivir. Pero gracias a Dios sobrevivió”.

“[A los políticos y a las empresas] solo les interesa el dinero”, dijo Silvia. “No les preocupa que la gente se ponga enferma, que los niños nazcan sanos. Es triste, pero todo gira en torno al dinero. Y los presidentes y los alcaldes tienen que alzar la voz y decir basta ya. Dejen de envenenar.”

Camila, una de las víctimas de la codicia de los agronegocios (Foto: Mighty Earth)

El médico de Camila sospechó que los problemas de salud habían sido causados por una contaminación por pesticidas, sobre todo el glifosato, que según algunos estudios está estrechamente vinculado a malformaciones fetales y que fue empleado en la fumigación aérea. También se sospecha de una segunda fuente de contaminación: una planta de semillas llamada Agros Soluciones propiedad de Monsanto. Según los residentes locales, la empresa produce residuos tóxicos que contaminan el aire fuera de su planta. Y Camila no es la única. “Cada vez hay más niños con muchos problemas”, dice Silvia. “Niños sin manos o piernas, que no hablan. Esta soja contiene mucho veneno. Tenemos que pararlo”. Camila y sus vecinos han estado trabajando para conseguirlo. Tras sus protestas, los aviones de la empresa de fumigación dejaron de sobrevolar su pueblo. Sin embargo, muchos de sus habitantes tienen miedo de hablar por el poder que tiene el sector de la soja.

Más medios

Además de los mencionados en la apertura de esta nota, el informe también fue difundido por Deutsche Welle, Bild, Handelsblatt, Die Welt, Frankfurter Rundschau, ZDF, Europe1, EuroNews, Globo, RFI, Cultura Colectiva y Hamburger Abendblatt.

Der Spiegel, Le Monde y Corriere de la Sera, tres de los medios que publicaron la investigación