Desobedientes: hijas e hijos de genocidas que marcharon por Memoria, Verdad y Justicia

Este sábado, en Buenos Aires, el colectivo Historias Desobedientes, formado por descendientes de militares que actuaron durante la última Dictadura, se sumaron a los actos por el Día de la Memoria. Sus fundadoras están atadas directamente a los puntos más oscuros de la historia Argentina.

Colectivo Historias Desobedientes.

“Somos historias impensadas, inéditas, inesperadas. Sabemos de la desobediencia a los mandatos familiares que nos incomodan y nos hacen mal. Nuestras historias saben de dolor, de soledad, de rupturas, de insensatez y de locura. Sabemos del horror del terrorismo de Estado: de secuestros, de vejaciones, de apremios ilegales, de violaciones, de apropiaciones, de desapariciones, de impunidad”.

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Con ese párrafo introduce su tarea un grupo de hijas e hijos de militares que actuaron en la última dictadura y que busca, desde su lugar, también aportar a la memoria y la justicia. Muchas veces criados en ámbitos donde agachar la cabeza era la norma, eligieron agruparse bajo un nombre que suena, para ellos, desafiante: Historias Desobedientes.

Sus fundadoras están atadas directamente a los puntos más oscuros de la historia Argentina: Analía Kelinec es hija de un represor que actuó en los centros clandestinos de Olimpo y Club Atlético, y el padre de Liliana Furió fue jefe del departamento de inteligencia del comando de la brigada de Mendoza.

“Lo que pasa acá no se dice en ningún lado”
A ellas llegó Lorna Milena empujada por su propia historia de silencios. Arropada – por seguridad y comodidad – en el sinónimo que usa como escritora, cuenta que creció entre recuerdos borrosos y alarmantes a la sombra de un padre ya fallecido que actuó como suboficial principal de la Prefectura Naval.

“En 1976 tenia 10 años y los recuerdos son pocos. Por un lado, porque a medida que una toma conciencia las cosas se van borrando casi por una cuestión de autoprotección. Por otro lado, el mandato de silencio era muy fuerte. Era un ‘lo que pasa acá no se dice en ningún lado’. Todo esto te formatea el inconsciente”, le explica a BigBang.

Sin embargo, dentro de esa miríada de imágenes leves, se eleva para Lorna la imagen de su padre relatando “muy divertido” escenas de tortura a las cuales asistió. “No sé cuál fue su accionar concreto, pero sin dudas fue cómplice”, subraya. “Ni hablar de que él compartía totalmente la ideología del Proceso militar”.

“Estudié sociología y empecé a leer mucho. Como laburante, además, una empieza a padecer cosas que le hacen tomar conciencia”, ilustra. El paso siguiente fue impulsado por dos hechos casi paralelos: el estallido del fallo que permitía el cómputo de 2×1 para la prisión de genocidas, y el encuentro con una entrevista a Mariana Dopazo condenando abiertamente -y valientemente- el accionar de su padre genocida, Miguel Etchecolatz.

“No estaba sola”
“A muchas nos pasó ver que se venía de nuevo la impunidad y después de leer la nota a Mariana me di cuenta de que no estaba sola. Luego leí reportajes a Analía y Liliana, me enteré de que existía el colectivo y me comuniqué con ellas”, reconstruye Lorna.

Es por eso que Lorna remarca, una vez más, que una de las funciones del colectivo es intentar que sus familiares hablen. Que brinden información necesaria para esclarecer las sombras que aún persisten de ese pasado, como la localización de cuerpos de víctimas o el paradero de bebés robados a sus madres.

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