Pronostican que este año seguirá creciendo el déficit comercial

Así lo asegura en un informe la consultora Ecolatina. Las principales razones son que, para 2018, impulsado por el atraso cambiario y el crecimiento económico, el rojo de las cuentas externas se agravará, no sólo en términos nominales, sino también como porcentaje del PBI.

Industria automotriz.

Fue uno de los datos económicos del año. En 2017, hubo récord de déficit comercial, por arriba de los 8.000 millones dólares, cuando el presupuesto había vaticinado menos de 5.000 millones. Un informe de Ecolatina, la consultora que fundó el ex ministro Roberto Lavagna, asegura que la tendencia se profundizará en 2018.

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Estas son las principales conclusiones de su informe:

– En el último año, el déficit comercial de bienes rozó los US$ 8.500 millones, revirtiendo el superávit alcanzado en 2016 (en torno a US$ 2.000 millones). Este cambio de signo fue una constante a lo largo de 2017: en un hecho inédito para la economía argentina de la posconvertibilidad, todos los meses del año arrojaron un saldo negativo.

– Esta dinámica respondió a las dispares velocidades de crecimiento que mostraron las exportaciones y las importaciones: mientras que las primeras treparon 1% interanual a lo largo del último año (llegando a US$ 58.500 millones en 2017), las importaciones saltaron 20% interanual, alcanzando los US$ 66.900 millones.

– La flexibilización del régimen de administración del comercio, un dólar barato (especialmente en la primera parte del año) y la recuperación de la actividad, fueron las principales razones detrás de esta dinámica. A contramano, un mundo en donde avanza el proteccionismo (de tintes nacionalistas en Estados Unidos y Europa y de manera industrialista en China), dificulta el despegue de los envíos al exterior. Asimismo, también impactó la anémica recuperación de la economía brasileña. Como resultado, la “vuelta al mundo”, al momento, sólo se está materializando por el lado comprador.

– Las importaciones de bienes finales (consumo y vehículos) que en muchos casos compiten con la producción local, están ganando peso dentro de nuestra canasta importadora. Durante 2017, la participación de bienes finales representó 22,8% de las importaciones totales, el valor más alto desde la crisis del Tequila (1994), superando en más de 5 puntos porcentuales al promedio 2003-2015 (17,7%) y en línea con el período 1992-2001 (22,3%). Por ende, el avance de las importaciones no es una consecuencia directa del crecimiento económico, sino más bien del proceso de apertura comercial.

– En 2018, impulsado por el atraso cambiario y el crecimiento económico, el rojo de las cuentas externas se agravará, no sólo en términos nominales, sino también como porcentaje del PBI.

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