A los 86 años falleció Roberto Varela, “el coleccionista de recuerdos”

Ayer falleció Roberto Varela, colaborador de diario NORTE y esposo de Paquita Gómez. El “coleccionista de recuerdos” -como mucho solían llamarlo- tenía 86 años. Sus restos fueron velados en De Bonis de Arbo y Blanco y Juan B. Justo -primer piso- y hoy a las 9 fueron depositados en el cementerio San Francisco Solano.

Roberto Varela falleció a la edad de 86 años (Foto: Norte)

“Un artesanado de fotos y diplomas, reconocimientos y retratos añejos llenan de un aire extraño y húmedo el espacio. La ciudad parece otra, se ve distinta, las calles resultan desconcertantemente desconocidas desde los ventanales de la pequeña oficina en la que, Roberto Varela, va dibujando febrilmente un collage de recuerdos, sueños y fantasías del Resistencia de ayer”, escribía Mila Dosso, durante una entrevista realizada.

Advertisement

Nació en Resistencia, en el Hospital Perrando. Desde muy niño transitó por las calles de la ciudad y los barrios periféricos. Alternó sus estudios con la calle, lo cual le facilitó vivir el nacimiento de algunas villas del Gran Resistencia, introduciéndose en la idiosincrasia de cada poblador.

Profesor de danzas folclóricas argentinas, deportista, bailarín, músico, narrador de vivencias históricas de Resistencia, integra destacadas comisiones de instituciones de bien público y entidades culturales; ganador de la Gaviota Federal 2006.Premio Nacional Faro de Oro, Mar del Plata 2006.

Todo lo vivió, todo lo caminó, todo lo disfrutó desde más de sesenta años de la mano de su inseparable compañera, “Paquita” Gómez. Era imposible encontrar a don Roberto sin “Paquita”; eran de esos matrimonios indisolubles, uno para el otro y para toda la vida. Aquí habitaban, y aún habitan, personajes eternamente buscadores, metafóricos, lúdicos, forjados bajo el rigor de las herramientas y el sol, personajes poco canónicos y de fuerte color local, para recrear un pasado heroico que él mira con nostalgia: la ciudad mítica, a veces una ciudad de paisajes líricos y frágiles, otras una Resistencia densa, misteriosa y dura, no conmovedora sino oscura, escenario de turbias historias que “duele recordar”.

Observador y pensador

Observador agudo del devenir de la vida en sociedad, Roberto Varela logró erigirse en el custodio de gran parte de la memoria de la ciudad. ¿Quién no conoce, o no oyó hablar o no leyó algo de Roberto Varela sobre la vieja Resistencia? ¿Pero alguien sabía algo de él o se convirtió en un personaje legendario que pertenece a todos y sobre el que nadie se interroga?

En esta entrevista con NORTE, en el año 2015, en su pequeña oficina de Arturo Illia 347, traza un mapa de una ciudad sepultada bajo los escombros del olvido general, y rescata espacios e historias dignas de resguardar. En su memoria atesora fechas, nombres y situaciones de forma admirable. “Todo lo tengo en la memoria, dice y apunta a su cabeza, y todo lo grabé a fuego porque fui una eterno vagabundo y buscador de historias de Resistencia, sus calles, sus hacedores, sus monumentos y sus rincones más secretos”.

Buscaba en la profundidad de los recuerdos y siempre revelaba alguna historia atesorada en las entrañas de su celosa vocación de observador agudo del devenir de la vida en sociedad. De ese modo, Roberto Varela logró erigirse en el custodio de gran parte de la memoria de la ciudad.

Tampoco el interior le era ajeno. Contaba, entre mil anécdotas de pueblos y ciudades, y afirmaba que ni los gobiernos supieron -ni saben-, como que El Zapallar, hoy General San Martín, “se llamó primero El Porongal, porque había en ese lugar un montón de plantas de porongos (mates). Luego vinieron los colonos y comenzaron a plantar zapallos y de ahí se la conoció como El Zapallar, hasta su actual nominación”.

En su vida solo hubo amores y pasiones

Estaba casado con la reconocida bailarina y profesora de danza Francisca “Paquita” Gómez García y tenía tres hijos, el varón falleció. Es el primer exalumno del Colegio Don Bosco. Si bien no concurrió al mismo fue uno de los primeros niños en participar a los 12 años de las actividades que propusieron en ese entonces los sacerdotes fundadores. Él afirma que “no ingresó al colegio”, sino que “lo fundó junto con los padres Ióvine, Rolando y Vizcarra”.

Su trabajo era el de administrar el Instituto de Danzas que con su entrañable Paquita levantaron con esfuerzo y tiene más de 76 filiales en todo el país “que las organicé yo” contaba siempre don Varela. También hay filiales en Paraguay, Brasil y ahora Chile. “En Resistencia nomás hay 17, sin contar las del interior. Y al frente de todas ellas están nuestras chicas, las que egresaron de nuestro instituto”.

La historia con Paquita, contada por él

1949, 29 de febrero, en la Estación Francesa, “porque yo vivía en la calle Córdoba al 135, la casa de mis padres entonces”.

Cuando “La Paca” salió del puerto de España “era apenas una niña quinceañera que, sin saber, llegaba a la América a fundar su destino. Para esta “señora de las danzas españolas”, el mayor premio, es el cariño de la gente. “España es la cuna y Argentina la canción”, reconoce.

Mirando las fotos de Paquita Gómez, la dueña indiscutida de las danzas españolas, uno trata de imaginarla en el muelle del puerto de Buenos Aires, a poco de descender del barco “Cabo Buena Esperanza”, con su valija de cartón y una “carta de llamada” que su abuelo José hizo a familiares de apellido Rascón que vivían en Resistencia, “a una cuadra de mi casa”, acota Roberto; y que habrían de hacerse cargo de la jovencita.

“¡Lo que era cuando bajó del tren!”, pondera admirativo.

Vestida con una pollera larga, blusa, sandalias y el pelo largo de color castaño claro, peinado con dos trenzas, Paquita apretó con fuerzas su avío del alma: algo de ropa y las castañuelas junto con los zapatos y el traje de baile, collares, libros y fotos familiares.

“Por esas casualidades o causalidades, yo tocaba el acordeón a piano -incluso tenía una orquesta con Alcides, Alfonso y Calelo Pradolima; tres bandoneones-, y con esa “argucia” yo salía a la vereda a tocar el acordeón y ella, que vivía a una cuadra, por supuesto me escuchaba”.

Y sucedió lo que tenía que suceder.

“Al otro día y por casualidad nos encontramos en la carnicería del barrio y seguimos juntos hasta ahora, fue casi novelesco el encuentro”.

“De allí surgió el amor”, dice delante de Paquita. Estuvieron juntos más de 60 años, más cuatro “de zaguán”, reía Roberto.

Siempre asombraba con su prodigiosa memoria con la que iba entretejiendo relatos de la historia de Resistencia y de la suya propia. Muchos hablaron con este personaje de la ciudad, pocos lo grabaron porque se lo creía inmortal y siempre iba a ver una nueva oportunidad para ver, escuchar o leer a Roberto Inocencio Varela.

Advertisement
FuenteNorte
Compartir