“La alianza más complicada es la de los productores con los consumidores”

Los integrantes del Instituto para la Producción Popular (IPP), Enrique Martínez y Luis Comín, explicaron los alcances del convenio que ese organismo firmó con la Secretaría de Derechos Humanos del Chaco para promover a la “alimentación como un derecho humano”.

Enrique Martínez y Luis Comín, del Instituto para la Producción Popular (IPP)

En el marco del Día del Agricultor, la Secretaría de Derechos Humanos del Chaco firmó un convenio de asistencia con el Instituto para la Producción Popular (IPP) y el Instituto de Cultura Popular (INCUPO) para declarar a la “alimentación como un derecho humano” y promover acciones que impulsen la soberanía alimenticia. Para ello, la idea es diseñar un proceso de articulación entre los agricultores familiares y campesinos con los municipios de Resistencia, Presidencia Roque Sáenz Peña y General San Martín con el objetivo central de “acercar el productor al consumidor”.

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Enrique Martínez, expresidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y actual titular del Instituto para la Producción Popular (IPP), y Luis Comín, también del IPP, visitaron los estudios de Radio Municipal Resistencia y destacaron la importancia que tiene que un organismo como la Secretaría de Derechos Humanos provincial reconozca a la alimentación “como un derecho humano”.

P- ¿Cuáles son los objetivos de la firma de este convenio?

E.M.- Estamos buscando la sustentabilidad de la producción familiar y un vínculo estable, creciente y fortalecido con los consumidores eliminando todos aquellos segmentos de la cadena alimenticia que se montan sobre las espaldas del productor y le sacan absolutamente todo su rédito.

P- ¿Cómo funcionaría el sistema?

L.C.- Nosotros tenemos una idea porque tenemos desarrollada una organización en todo el Gran Buenos Aires que abarca a unas cuatro o cinco mil familias a las cuales les distribuimos alimentos semanalmente. Lo hemos llamado “Más cerca es más justo” porque acerca al productor a los consumidores. A esa metodología la tenemos aceitada, tenemos un sistema por internet que la gente hace su pedido, los sábados se entrega. Tenemos una red de productores de Buenos Aires y de muchos otros lugares porque en Buenos Aires hay muchas cosas que no se producen. Acá, quizás, lo importante es que le vamos a tratar de poner énfasis a los productores locales.

Cada localidad tiene su abanico de productores locales, entonces esto tiene que servir como herramienta para el consumidor pero sobre todo para el productor, para colocar su producción, mejorarla, conseguir tecnología. Dentro de un par de meses vendremos y nos quedaremos un rato en cada uno de los tres lugares de manera tal de analizar en qué los podemos ayudar.

Debería haber un apoyo inicial de los municipios para infraestructura: un galpón de empaque, con frío y una camioneta y ya está, eso es todo lo que necesitan. Hoy por hoy los municipios tienen la facilidad de pedir a Desarrollo Social. El porcentaje de ejecución de presupuestos en Nación es bajísimo, no saben en qué gastar la plata, porque no hay proyectos en que les digan fácilmente en qué gastar la plata.

E.M.-También se debe escapar de cierto lamento reiterado del productor, que dice ‘vemos que entran camiones con cebolla de verdeo o el producto que fuera siendo que lo podemos producir acá’. Si los municipios toman conciencia de eso, y efectivamente se quiere que el productor pase a producir, lo que pueda, tiene que haber un espacio de tiempo en que el productor siembre sabiendo que lo va a poder vender.

Entonces tenemos que diseñar un mecanismo que llegue a los consumidores, que cuente con el aval del gobierno local. Y a nosotros nos parece, con el camino recorrido, que es bastante simple hacerlo si hay continuidad y tenacidad. Lo que sucede es que es muy habitual que estos sistemas se queden en las palabras, en la buena voluntad, que después el productor incurra en gastos o créditos y quede a mitad de camino, hay que tener cuidado con eso.

P- ¿Y esa frustración que puede generarse es responsabilidad del municipio o del productor?

E.M.- El productor trabaja en su chacra y después manda a un mercado o va a una feria. Si la feria no es promovida y en el mercado se encuentra con un intermediario que le fije el precio por debajo del costo, si el gobierno mira para un costado cuando eso sucede, no hemos hecho más que generar una ilusión frustrada antes de empezar. Como ya ha pasado varias veces, los productores no es que estén con los brazos caídos, están con la confianza caída, que es distinto. Hay que generar confianza con continuidad.

A nosotros nos da mucho placer que esto lo tome la Secretaría de Derechos Humanos porque no es poco que diga que la alimentación es un derecho humano. Que lo tome y tenga la paciencia de convocar a una organización local como INCUPO y a nosotros, que estamos a mil kilómetros de distancia en base a una historia y a un compromiso nuestro, quiere decir que está armando un equipo que no será de campeonatos mundiales, pero creo que tenemos la posibilidad de ganar.

L.C.- Si bien esto está promovido por los municipios y por la Secretaría de Derechos Humanos lo que hemos tratado de hacer es convencer a los productores es que son ellos los que tienen que motorizar la cosa, que no pueden depender de los municipios y de la política. Porque de golpe empieza el descrédito. No tienen que depender de los políticos, tienen que motorizar la cosa, interpelar a los políticos y convencer a los políticos de que esto es bueno, si ellos están convencidos los políticos finalmente se van a convencer.

E.M.- La alianza más complicada es la de los productores con los consumidores más que con la gente de la política. Y en esa es que podemos trabajar nosotros.

P- El año pasado y este también hubo muchas manifestaciones en la ciudad de Buenos Aires de productores de economías regionales contra las políticas de apertura de importaciones del gobierno de Cambiemos…en ese contexto, ¿es posible que se autonomicen de la política o es un ideal?

L.C.- Es posible. Esto no quiere decir que dejen de pedirle al Estado que intervenga, pero si ellos no se organizan…la organización que tenemos “Más cerca más justo” el Estado no interviene. Es una organización que hicimos con una asociación sin fines de lucro porque somos unos enamorados de la política y del hacer. Los productores tienen más razones que nosotros, tienen que proteger lo que ellos hacen. Es cuestión de que se organicen, que vean, pidan y golpeen. La relación con el Estado se maneja también a fuerza de pedidos, de negociación pero cuanto más organizado está uno, más chance tiene que el Estado lo ayude.

E.M.- Hay una cierta paradoja, la experiencia argentina demuestra que los Estados (nacional, provincial o municipal) son más proclives a generar reuniones con grupos de productores o con situaciones a resolver cuando el productor da la real sensación de que lo hace con el Estado o sin él.

El Estado es importante como presencia en cualquier lugar, pero si los productores van tomando conciencia que, en última instancia, si el Estado no está, el sistema será más chico pero funcionará igual, el Estado termina dándose cuenta y advierte que pierde una cantidad de cosas si organizaciones sociales se autonomizan y consiguen éxitos que trascienden a la sociedad, que los consumidores comprenden y se generan tejidos de otro tipo, donde si el Estado está ausente, el responsable del Estado en ese momento, ha perdido.

P- ¿Cómo se promueve este tipo de iniciativas que promueven la agricultura familiar versus la hegemonía del modelo del agronegocio?

E.M.- Hay actores sociales interesados básicamente en la comunidad y no en el lucro, dentro de los cuales están los productores familiares; y hay actores económicos que tienen el signo pesos en el medio de la frente, y que circulan en paralelo, no hay que manejarla mansamente como una categoría de análisis porque, en ese razonamiento, el que tiene el signo pesos en la frente gana siempre.

Actores sociales como los productores familiares tienen que pujar porque el espacio político comprenda que sin ellos no hay solución estable, que no se puede vivir en paz si se desacredita a tanta gente que trabaja y además se la amenaza sistemáticamente, por la forma en que crece la organización capitalista, de expulsarla de la tierra. La forma que tienen los productores familiares de frenar eso y comenzar un camino distinto de crecimiento es hacer este tipo de cosas. Hay varias formas no solo la que hicimos nosotros, no hemos traído una receta. Formas de vínculo con los consumidores que construyan un tejido social distinto. Que a la gente le resulte natural ir a la feria, no curioso, no simpático, ir a un paseo del sábado, sino que decida que va a comprar allí porque encuentra mejor calidad y porque además está construyendo relación con gente de su mismo pueblo o de su misma provincia que vale la pena fortalecer. Eso, ideológicamente, un grupo como el nuestro lo puede decir mil veces, pero nosotros venimos de Buenos Aires, si lo dicen los productores cada vez que venden una naranja, la gente lo va a terminar entendiendo.

P- ¿Cómo se trabaja entre ese mediano plazo y en la urgencia de parar la olla?

E.M.- En el Chaco los productores existen ya en buena medida, de alguna cantidad de cosas. Esos productores tal vez puedan, con adecuada colaboración de otros ámbitos como INCUPO, nosotros y algunos municipios, desarrollar algunas tareas complementarias.
Productores de hortalizas a media máquina hay unos cuantos, pueden diversificar su producción. Sorprendentemente, hay muy pocos productores de pollos y huevos de campo o de lácteos en pequeña escala. ¿Dónde están esos productores potencialmente? Ahí mismo, en esas mismas familias, en la historia de los pueblos. Hay que ir ganando la confianza de que si están los huevos de campo, se venden; si está el queso de campo bien hecho, se va a vender; y eso genera la perspectiva y baja la urgencia porque se va a resolver vendiendo más o menos ordenadamente lo que ya tienen. Hay una gran ventaja con respecto a zonas con una gran cantidad de desocupados o excluidos como el Gran Buenos Aires.

L.C.- Este no es un proyecto de corto plazo, es un proyecto de mediano plazo. Enrique lo define en un libro como un ‘Estado transformador’. Nosotros estamos convencidos de que este es un proceso de transformación de la sociedad, no es que hoy estamos resolviendo el problema de qué pasa con los agricultores. Y creemos que la sociedad está madura para esto. Hay centenares de experiencias como ésta, nosotros no inventamos nada. Son experiencias que hay, simplemente lo que estamos tratando de hacer es de sistematizarlas, de ponerle un orden. Esto es lo que nosotros llamaríamos el Estado transformador.

P- Si existen tantas experiencias en Argentina y en otros lugares del mundo, tal vez el inconveniente sea difundirlas, cuando la mayoría de los medios hegemónicos, los que tienen mayor llegada, sostienen el modelo del agronegocios y no visibilizan experiencias alternativas…

E.M.- Tenemos una página web que se llama laredpopular.org.ar donde mostramos experiencias de todo el mundo. Para dar un ejemplo extremo, Singapur es uno de los paraísos financieros del mundo, sin embargo para facilitar el acceso a la vivienda a la gente que vive allí nacionalizó más de la mitad de la tierra. Y esa tierra no se vende, se construye encima con una determinada adecuación de costos que hace que la gente pueda acceder de verdad a la vivienda.

O los ingleses, que tienen consorcios de construcción de viviendas donde también la tierra sale del costo, es un patrimonio en un fideicomiso y la gente paga una cuota determinada de su sueldo. Lo que tiene que declarar es cuánto gana de verdad y paga una cuota. Entonces, por la misma vivienda uno paga más que el otro porque gana más. Esas lógicas están diseminadas por todo el mundo y llevamos publicadas dos de esas por semana.

L.C.- En el país más capitalista, en EEUU, hay experiencias re fuertes de consumidores que financian a los productores. Los consumidores se juntan y financian a un productor, le adelantan el dinero, y estos le pagan con productos. A los argentinos nos cuesta pensar en cambios de esa índole.

E.M.- La idea del ‘Bono Tomate’ era una idea supersimplificada, porque pensamos que contar la idea completa y conseguir que cuajara en un lugar donde nunca se había pensado iba a ser ‘chino básico’. El ‘Bono Tomate’ era simple de explicar y consiguió numerosos adherentes pero no lo quisimos seguir porque no queremos administrarlo todo nosotros.

Se puede replicar en cualquier localidad. En General San Martín, si vamos con esta idea, hablamos con los responsables del pueblo y volvemos el año que viene lo deberían haber hecho, solos. Y eso en centenares de lugares de la Argentina.

Un municipio habitualmente está buscando plata para asfaltar, para hacer cordón cuneta o cloaca. Si en lugar de buscar la plata para eso, la busca para organizar la producción familiar y ponerla en condiciones de abastecer todas las necesidades de alimentos del pueblo y evitar que entre el camión de cebolla de verdeo que ven siempre entrar, generan internamente la plata para hacer solos, autofinanciados, el cordón cuneta y el asfalto dentro de tres años. Eso es necesario que alguien lo entienda, porque si es cuestión de hacer infraestructura sin generar puestos de trabajo, la clase política va a seguir siendo desprestigiada y con razón.

 

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