Ricardo Forster: “Hay un peligro cierto de hegemonía de un proyecto de derecha”

Así lo afirmó el filósofo, quién este viernes inicia una serie de cuatro charlas filosóficas para pensar el presente de la Argentina en el contexto de la nueva oleada de políticas neoliberales. Será a partir de las 20:30 horas, en Auditorio del 2º piso de la Universidad Popular.

Ricardo Forster, filósofo

“Hay algunos sectores del viejo progresismo que están más preocupados en encontrar por fin a una derecha democrática en la Argentina que preocupados por el daño social, la regresión, de un proyecto que encabezado por Cambiemos tiene la marca del neoliberalismo en nuestro país”, reflexionó Forster, con respecto a los debates que se sucedieron desde el día después de las Primarias nacionales del 13 de agosto donde Cambiemos se impuso en la sumatoria de los distritos del país.

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En diálogo con Radio Municipal Resistencia, el filósofo reconoció que la emergencia de Cambiemos “es excepcional” en la historia política democrática en la Argentina porque “por primera vez una propuesta política de la derecha ha sido legitimada electoralmente”. En ese sentido, recordó que a lo largo de la historia argentina eso no había sido posible sino a través de intervenciones militares o por “parasitar” a movimientos populares como el peronismo (en su etapa menemista) o el radicalismo (en su etapa delarruista). “Ha logrado una legitimación electoral que le ha permitido, más allá de un par de puntos de diferencia entre su triunfo y lo que sacó el Frente para la Victoria (en 2015), invertir 180 grados la vida social, económica, institucional argentina, de una manera que tampoco se sostiene en la legitimación democrática porque pareciera ser que hay determinadas condiciones que generan la posibilidad de modificar de cuajo lo que el Parlamento, las leyes, las propias expectativas sociales habían generado en el proceso anterior”, consideró.

Restauración neoliberal

Para Forster, los objetivos de esta “nueva derecha” son los mismos de siempre pero hoy cuenta con una infinita cantidad de medios para imponer su dominación. “En este momento vivimos una etapa de restauración neoliberal con una derecha que tiene características propias: el lenguaje de la derecha no es el mismo que tenía veinte o cuarenta años atrás. Estamos frente a nuevos modos de manifestarse de la derecha, tanto a nivel local, como regional y global, pese a que los objetivos siguen siendo los mismos: la concentración de la riqueza; en el caso de los países periféricos, desindustrializar, lograr rentabilidad a través de deteriorar los ingresos de los asalariados. Estamos atravesando una fuerte puja donde hay un peligro cierto de un asentamiento y una hegemonía de un proyecto de derecha como es el que encabeza el presidente Macri”.

Con respecto a otra de las ideas que se debaten en los últimos días de por qué una porción importante de los sectores populares prefieren opciones electorales que los perjudican en lo material, el filósofo advirtió que “no hay una respuesta unilineal ni es una invención de esta época: hubo otros contextos en Argentina y muchas otras sociedades donde los débiles votaron en contra de sus propios intereses. Porque si no fuera así un sistema tan profundamente injusto como es el capitalismo hace tiempo que hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Porque ha logrado legitimarse en el interior de aquellos que son explotados sistemáticamente por el capital es que el capitalismo existe”. En ese sentido, consideró que esto implica la necesidad de reflexionar sobre “el papel de la ideología, de la cultura”.

“Las relaciones no son meramente económicas, materiales, de intercambio, están atravesadas por el lenguaje, por la construcción de sentido común, por el papel exponencial que tienen en estos días los medios de comunicación, las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información, por el modo de cómo circula la información, por la manera como se van proyectando nuevas formas de subjetivación a través de las cuales se rompen los viejos vínculos de solidaridad y de pertenencia y se despliegan formas de fragmentación, de individualismo que tienen consecuencias directas en la incapacidad, sobre todo en los sectores más desposeídos, de construir sus propias herramientas, sus propias alternativas. Y, muchas veces, eso significa la cooptación de amplios sectores populares por parte de aquellos que van a llevar adelante un programa de acción que va a deteriorar aún más las condiciones de los más humildes”, señaló.

“Uno podría decir que el menemismo engañó a la masa de votantes históricos del peronismo con su promesa de salariazo y revolución productiva”, reflexionó Forster, pero advirtió que “después hubo una segunda elección donde ya se conocía el modelo de país que venía implementando el menemismo, con la convertibilidad, la desindustrialización, la apertura de importaciones, y sin embargo siguió recibiendo un fuerte caudal de apoyo que se llamó en su momento el voto cuota o algo por el estilo”.

En ese sentido, admitió que “hay que analizar por qué una parte no mayoritaria de los sectores populares hoy vota al macrismo, más allá de si mintió o no en aquel famoso debate con Scioli antes del balotaje. Y si la campaña del macrismo fue absolutamente engañosa, que lo fue. Cualquiera que se detuviese un instante a observar la trayectoria de Macri, el proyecto del PRO, no podía imaginar sino un camino de esta naturaleza. El engaño funciona pero relativamente, porque también hay expectativas en una parte de la sociedad, una lógica aspiracional, meritocrática, una diferenciación hacia adentro de los sectores populares entre los que están mejor y los que están peor”.

“Hay una masa crítica del 50% que quiere frenar al macrismo”

Por último, Forster se refirió a los sectores que, aunque fragmentados y sin un liderazgo que los unifique, se expresó en las últimas primarias en rechazo a la hegemonía del proyecto neoliberal del macrismo. En ese contexto, consideró que “en las democracias contemporáneas uno no puede aspirar a esos números fabulosos, 65 por ciento. Si bien es cierto que dos tercios de la sociedad no votó al macrismo no son exactamente iguales”. Observó, además, que “el voto opositor claro, definido, de quienes votaron, por ejemplo en la provincia de Buenos Aires por Cristina Kirchner, o quienes votaron en Santa Fe por Agustín Rossi o quienes votaron en el Chaco por una figura, aunque no estaba como candidato pero por lo que representa políticamente, como Capitanich, obviamente no es lo mismo que aquellos que votaron en la provincia de Buenos Aires a (Sergio) Massa, aunque si los que votaron a (Florencio) Randazzo estén más cerca a los votantes de Cristina. También uno podría sumar en esa masa de críticos del neoliberalismo a los votantes de izquierda. Ahí hay un campo importante, diverso, complejo, donde la fuerza opositora más clara, más definida, con el discurso y el liderazgo que tiene capacidad de interpelación fuerte sobre la sociedad llevan el nombre propio de Unidad Ciudadana, de Cristina Kirchner, y lo que eso representa. Por supuesto que bajo la condición de generar un gran frente donde puedan confluir distintos actores sociopolíticos, de la misma manera que se genera una confluencia entre las distintas centrales de trabajadores para dar una disputa contra el macrismo”.

“Las cosas no son lineales, así como durante el gobierno de Cristina no era cierto que dos tercios de la sociedad estaban en contra de Cristina porque no habían votado en las elecciones de medio término al Frente para la Victoria, tampoco es exactamente así lo que está sucediendo en este momento. Sí creo que hay una masa crítica de cerca del 50 por ciento que claramente quiere una política opositora, quiere frenar al macrismo, quiere impedir que el proyecto neoliberal se consolide en la Argentina. Sobre esa masa crítica importantísima y de la cual ya hay un porcentaje muy fuerte que ha votado a aquellos candidatos que son opositores de verdad es sobre la que hay que trabajar”, concluyó.

 

 

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