“El macrismo busca cambiar el valor del igualitarismo de la sociedad argentina”

El historiador Ezequiel Adamovsky habló sobre su último libro “El cambio y la impostura” donde desmenuza los factores que hicieron posible la llegada del macrismo al gobierno. Advierte que las medidas económicas neoliberales de Cambiemos no podrían sostenerse sin un profundo “cambio cultural”.

Ezequiel Adamovsky, historiador

P- ¿Qué te propusiste con este nuevo libro “El cambio y la impostura?

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R- El libro tiene dos objetivos: por un lado, explicar cómo fue el proceso político que permitió el ascenso tan rápido, tan vertiginoso y la victoria del PRO, que es un partido muy nuevo, que se creó muy pocos años atrás y por primera vez, desde la implantación de la democracia, hay un partido que no es el radicalismo ni el peronismo que gobierna el país. Eso es un cambio muy trascendente. Me interesó entonces explicar cómo fue el clima, sobre todo político, cultural y los debates mediáticos, ideológicos que enmarcaron ese ascenso y lo hicieron posible. A eso refiere el título del libro en lo que tiene que ver con lo de la impostura. Hubo una productividad muy visible de discursos ideológicos, visiones sesgadas, operaciones mediáticas y un ocultamiento -hoy lo podemos decir- muy evidente de las propuestas de gobierno por parte de la gestión actual durante la campaña.

La segunda parte del libro plantea que, en verdad, no se puede entender esa victoria solamente desde la impostura, como fruto de un momento político cultural muy preciso como fue el de la campaña del 2015. Tratar de entender un poco cómo el macrismo, lo mismo que el kirchnerismo, son hijos del 2001 y de qué modo el macrismo consiguió genuinamente conectar con algunas de las expectativas de cambio que aparecieron en 2001 y que todavía están insatisfechas. Desde el propio nombre que eligió el PRO para la coalición que armó, que es Cambiemos, consiguió conectarse con esas expectativas de cambio y el libro trata de entender cuál es cambio que está proponiendo de cara al futuro el gobierno del PRO y cómo es que ese cambio resuena en una parte de la población que lo apoya y lo avala.

P- ¿A casi un año y medio de la asunción de Macri, cómo lo evaluás?

R- Desde el punto de vista económico es bastante claro. Es la parte que menos ocupo en el libro, porque me parece la más obvia y evidente. El tipo de medidas son de corte neoliberal y ya sabemos adónde conducen, son bastante ruinosas para el país. Lo estamos viendo en todos los indicadores sociales, incluso en los indicadores económicos más duros como el déficit fiscal, la inflación, el desempleo. Cualquier indicador que uno quiera tomar muestra que el tipo de medidas que se están tomando benefician únicamente a unos pocos y van en contra de los intereses de la gran mayoría de la población.

Los cambios políticos son menos evidentes por eso me interesaba dedicarle un libro. Macri decía durante la campana electoral algo que yo me lo tomé muy en serio, que es que él no venía a proponer un cambio de modelo económico sino un cambio cultural, y ese es el aspecto más relevante para entender al macrismo. Porque en ese plano no es un neoliberalismo parecido o igual al de los años noventa, está proponiendo otro tipo de cambios. Es un neoliberalismo que entendió el fracaso que fue 2001, entendió el límite que 2001 puso a ese tipo de medidas y parte de esto que aprendió esta derecha argentina es que no hay posibilidades de dar durabilidad a una sociedad organizada por los principios del neoliberalismo sin producir un cambio en el sistema básico de valores de la sociedad argentina.

P- ¿Cuáles te parece que son esos ejes o esos nuevos valores que el PRO intenta introducir en la sociedad argentina?

R- Me parece que está tratando de intervenir en una matriz muy particular de nuestro país. Es interesante porque hoy hay encuestas comparativas internacionales sobre los valores políticos de cada país y en esas encuestas nuestro país está entre los que más valoran el igualitarismo, la solidaridad, el rol del Estado como garante de la igualdad. A la vez, es uno de los países que más rechaza la desigualdad y la idea de que cada uno debe librarse a sí mismo, a sus propias fuerzas a través del mercado y que cada uno tiene que encontrar su propio camino sin ayuda de los demás.

P- La idea de meritocracia…

R- La mal llamada meritocracia, porque el modo en que funciona la realidad no es meritocrático. Basta solo ver los perfiles de los funcionarios del actual gobierno que proponen esta supuesta meritocracia que en general son herederos, no son gente que se hizo de abajo, a sí misma, por sus propios méritos. Este tipo de valores más igualitaristas, incluso de sospecha y de hostilidad hacia los ricos es algo que este gobierno entendió que tiene que cambiar. Algunos de los ejes que trabajo en el libro, por donde viene ese cambio, menciono un par que me parece los fundamentales: por un lado la ideología del emprendedurismo (que en nuestro país es relativamente de ingreso reciente pero en otros países tiene una trayectoria mayor), que invita a toda la sociedad a pensarse de acuerdo al modelo del empresario emprendedor. La idea es que un emprendedor es cualquiera, desde una señora que vende limones o ropa en la calle hasta el dueño de una empresa que cotiza en la bolsa, emprendedores somos todos. Esta idea del emprendedor como una figura romantizada que arma equipos, genera innovación, y de ese modo beneficia no solamente su propio bolsillo sino también a los demás. Esta idea, en algunos países como Perú, se introdujo anteriormente y funciona como verdaderas identidades sociales: hay gente de clase baja que uno le pregunta de qué clase sos y responde ‘soy emprendedor’. En Argentina todavía no funciona de esa manera pero hay posibilidades claras de que lo haga si el proyecto cultural de este gobierno triunfa.

Otro de los ejes, que me parece central, es cómo este gobierno está tratando de operar el modo en que nos vinculamos con el pasado, para cambiar la relación que tenemos como sociedad con el pasado. ¿Por qué? Porque parte de esos valores igualitaristas que tiene nuestra sociedad están muy entrelazados con una forma de mirar nuestra historia en que las luchas sociales han tenido un papel central para hacer progresar a este país y en ese modo de recordar la historia también los sectores acomodados son percibidos más bien en un sentido negativo. Esto es muy evidente en relación con el pasado reciente, sobre todo de la última dictadura y como se entrelazó con los intereses económicos, pero hacia atrás también nuestra sociedad recuerda su pasado bastante de esa manera. Y por eso me parece a mí esta hostilidad tan fuerte del macrismo respecto de la memoria del pasado reciente, los ataques constantes al movimiento de derechos humanos tratando de deslegitimarlo. Pero también el desinterés más general que tiene por la historia, que se vio mucho en las celebraciones del Bicentenario (de la Independencia) donde hubo realmente un desgano oficial muy evidente.

P- ¿En cuánto los errores del kirchnerismo facilitaron el triunfo del macrismo?

R- El macrismo consigue victorias sobre los límites del kirchnerismo. No solo los límites más evidentes: las dificultades económicas, la corrupción, la gran torpeza en el manejo de la comunicación pública, la falta de transparencia con el INDEC; hay un montón de elementos y malas políticas que contribuyeron. Pero, más allá de eso, me parece que los mayores éxitos del kirchnerismo fueron cuando consiguió conectarse con esos anhelos de cambio de 2001, como una fuerza que venía a cambiar profundamente la política nacional. Hacia el final del segundo mandato de Cristina Fernández esa habilidad o esa posibilidad de presentarse como agente de cambio parecía extinguida. Si uno ve la campaña electoral del kirchnerismo en 2015 se presentaba como una fuerza de conservación más que de cambio, llamaba a proteger lo conseguido más que a cambiar. Y en esa dificultad para seguir siendo abanderado del cambio es que el PRO consiguió arrebatarle esa bandera y aparecer como si fuese una fuerza de cambio, peleando contra una fuerza conservadora. Así es como hicieron campaña en el PRO en 2015.

Este límite está muy evidente y también se ve en el hecho de que, luego de tantos debates y tensiones internas, el kirchnerismo cristalizara en una candidatura como la de Scioli, que realmente había que poner fuerza de voluntad e imaginación para imaginarlo como una persona progresista que viniera a profundizar los cambios. La victoria es incomprensible si no a través del análisis de los límites del propio kirchnerismo en 2015.

P- ¿Cómo ves la creación de Unidad Ciudadana con Cristina Fernández? ¿Es una búsqueda de seducir a sectores medios que se fueron alejando?

R- Me parece que ese es el intento. Mucha gente se sorprendió que Cristina dejase de lado el sello del PJ para ir por afuera con esta propuesta de Unidad Ciudadana. Para mí no fue sorpresa en el sentido de que el kirchnerismo siempre ha tenido desde su inicio una relación ambivalente con el peronismo. Sobre todo al principio, buscaron más bien alejarse del peronismo, construir una fuerza transversal; luego, se recostaron de nuevo en el aparato del PJ pero le dieron ese giro neocamporista en el discurso público, a través del cual se referenciaban con el momento setentista del peronismo, un momento muy peculiar.

No me sorprende este nuevo movimiento. Para mí es una incógnita, no sé en qué medida está el kirchnerismo todavía a tiempo de construir una fuerza política transversal más allá o incluso por fuera del peronismo, que me parece que es una oportunidad que tuvo el kirchnerismo en los primeros años y ahora posiblemente sea un poco tarde para eso.

Para mí, la gran incógnita del mediano plazo, más allá de estas elecciones, es cómo se va a canalizar políticamente la base votante del kirchnerismo, más allá de lo que haga Cristina Fernández o los principales referentes. Cómo va a encontrar canal una base votante que en buena medida sigue esperando cambios en un sentido de profundización de la democracia.

No quiero hacer pronósticos porque honestamente no tengo idea. Cómo se van a posicionar frente a eso los dirigentes del kirchnerismo o si van a surgir otro tipo de fuerzas políticas diferentes que puedan canalizar esa energía y ese apoyo, para mí esa es una gran incógnita.

P- ¿Te parece que puede hablar polarización entre macrismo y kirchnerismo en las próximas elecciones?

R- Por ahora lo que marcan las encuestas es que va a ser una especie de bipartidismo imperfecto, donde hay claramente una opción política que es el oficialismo. Y luego, el voto contra el oficialismo se va, posiblemente, a dividir en varias opciones. No sé si al final va a reunir una porción muy mayoritaria del voto opositor Cristina Fernández. Puede que sí, no lo sé, a mi me parece que es una construcción política con un techo de crecimiento, si el kirchnerismo vuelve a presentarse ofreciendo más o menos lo mismo a lo que fue hasta 2015 veo complicado que vuelva a convocar a las mayorías.

Fuente: Entrevista realizada en el programa “Tenemos que hablar” de Radio Municipal Resistencia

 

 

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