Eugenio Zaffaroni: “Se van configurando estados policíacos”

En el diálogo mantenido con CHACODIAPORDIA.COM, el juez de la Corte Suprema de Justicia destacó la importancia de la reforma del Código Penal, motivo de su visita al Chaco. Pero, además, repasó diversos tópicos polémicos de la actualidad.

Jueves 8 de mayo, 17.50 horas. Con el equipo de CHACO DIA POR DIA esperamos en el hall del hotel Amerian de Resistencia. Llega el fiscal federal de Resistencia, Patricio Sabadini, principal artífice de la visita de Eugenio Raúl Zaffaroni a la provincia. Nos saluda y le avisa que lo esperamos.

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Baja Zaffaroni. Pantalón de grafa negro, zapatillas Nike, remera negra, campera de jean. El ministro de la Corte Suprema, el primero designado en el proceso de renovación del máximo tribunal que impulsó el expresidente Néstor Kirchner para terminar con la mayoría automática menemista, parece un tipo normal. Por sus aportes al estudio de la teoría del derecho penal, cosecha reconocimientos de las universidades más prestigiosas del mundo, sin embargo no transmite ese aire de superioridad que, en cambio, sí se percibe en otros jueces, con muchos menos galardones, acaso ninguno.

Una de sus principales preocupaciones actuales es el avance mundial de lo que denomina “estados policíacos” en los cuáles advierte que hay una tendencia a retroceder en cuánto al Estado de Derecho liberal. Apunta a los medios de comunicación concentrados como constructores de un tipo de realidad amenazante que solo promueve una respuesta: la demagogia punitiva, el castigo. Pero el castigo propuesto siempre es selectivo: los pobres y los sectores más vulnerables. “Hay una línea desde la Inquisición al derecho antiliberal que va de la mano de un modelo de Estado y de la forma en que estos Estados quieren modelar una sociedad no distributiva, una sociedad de incluidos y excluidos”, sintetiza.

Para eso, Zaffaroni considera que es fundamental estudiar los trabajos de Carl Schmitt, una suerte de “intelectual orgánico” del Tercer Reich. “Si nos vamos acercando a una realidad que se parece a la que postulaba el ideólogo del pensamiento político nazista, mejor me voy a estudiar un poco a los nazis”, asegura. Con ese objetivo viajará en los próximos meses a investigar al prestigioso Instituto alemán Max Planck. “¿Por qué? Porque creo que seguimos diciendo lo mismo, sólo que en un lenguaje más complicado”, sostiene. Y agrega: “los nazis hablaban más claro, es más fácil leerlos. Ahora hay que leer entre líneas”.

Zaffaroni considera que a partir de la denominada “crisis del petróleo”, en el año 1973, se produce un gran avance de las corporaciones trasnacionales con el objetivo de moldear a las sociedades en base a una menor presencia estatal y donde muchas veces la dirigencia política es cooptada por el poder económico. “La historia no se repite, se continúa. Y al continuarse, los árboles van mudando de follaje, pero son los mismos. Y dan los mismos frutos venenosos”, asegura.

“Ahí, al diablo con la socialdemocracia, New Deal, Roosvealt. Empezamos con Milton Friedman, Von Hayek –padres del neoliberalismo-, todo un modelo de sociedad donde acá no se reparte más nada: quiénes mandan son las corporaciones, y las corporaciones infiltran a la política, las corporaciones crean realidad a través de los monopolios de medios masivos”, sostiene. Y subraya: “esa sociedad tiene que controlar a los que se quedaron abajo, a los excluidos. Se van configurando estados policíacos que van retomando lo que eran los métodos, el discurso, de todo lo que ha sido el derecho penal antiliberal en la historia”.

Y así llegamos a Carl Schmitt, y su descripción de la esencia de “lo político” como la posibilidad de diferenciar en amigo-enemigo, de “construir al enemigo”. “En este momento estamos viviendo una descripción del Estado que se va acercando peligrosamente a lo de Carl Schmitt”, asegura.

Lo consulto sobre las reelaboraciones del pensamiento de Carl Schmitt que realizó el politólogo argentino Ernersto Laclau –recientemente fallecido-, uno de los principales teóricos sobre los movimientos populistas mundiales. “Como Carl Schmitt fue el más duro crítico del liberalismo, consideran que quiénes se ponen a criticar al liberalismo desde la izquierda, desde una izquierda que se pasa de revoluciones, puede tomar cosas de Carl Schmitt. A mi juicio, insisto, herr Carl Schmitt fue herr Carl Schmitt hasta el día en que se murió”, asevera Zaffaroni. Y aclara: “le rescato la claridad con que expuso, hoy hay gente que dice lo mismo y no lo dice con la misma claridad”.

“Es preferible perder una hora a perder una década”

La charla nos lleva a tocar el tema de la protesta social y el proyecto de ley para “regular” los cortes de ruta y calles que presentó el diputado nacional y ex ministro de Gobierno del Chaco, Juan Manuel Pedrini. A Zaffaroni, la idea le parece “absolutamente descabellada”.

“Hace doce años que tenemos los piquetes, los cortes de ruta y seguimos viviendo. Tratemos de conseguir alguna mediación, de hablar un poco más”, recomienda.

Con respecto a las manifestaciones sociales y los cortes de ruta y calles de determinados sectores, admite que “los estamos soportando, quizás sea un precio al no ejercicio de violencia”. Además, no comparte que la conflictividad social esté en aumento, algo que sí sucedería si “volviésemos a tener un alto índice de desempleo: eso altera todas las relaciones”. Considera que las actuales “conflictividades” no se deben tanto a cuestiones económicas sino más bien políticas.

“En esta década, afortunadamente, no tenemos ningún muerto, ni hay una violencia sistemática con muertos: cuidemos eso. Una de las cosas que le admiré siempre a Néstor Kirchner fue eso: armas no, violencia no respecto de esto. Y bueno, tengamos un poco de paciencia. Hay algún desorbitado por ahí, es cierto. Es preferible perder una hora a perder una década”, puntualiza.

“Es más difícil sancionar un Código Penal que una Constitución”

Entramos al debate por el anteproyecto de reforma del Código Penal, el motivo de su visita al Chaco. Asegura que con esa propuesta se busca avanzar hacia “un Código Penal más coherente que el caos que tenemos; lo que va a hacer, en la medida de lo posible, evitar sentencias más contradictorias, algunas realmente complicadas”.

Zaffaroni aspira a recuperar un poco la esencia del que se sancionó en 1921, que, con las sucesivas modificaciones, al calor de la agitación mediática y la demagogia punitiva para con los familiares de las víctimas de delitos conmocionantes, se transformó en este “caos que tenemos”. En relación al interés que pueda despertar en la opinión pública, no se hace ilusiones: “En realidad, seamos sinceros, el Código Penal no le cambia la vida a la gente. De modo que no es una urgencia que tenga nadie respecto del Código Penal”.

“Sancionar un Código Penal en la Argentina y en el mundo es un problema complejo. Italia sigue con el Código fascista, remendado”, admite. Y grafica: “hemos tenido tres constituciones pero dos códigos penales, de modo que es más difícil que sancionar una Constitución”. “Requiere un grado de consenso político, una dinámica de evolución que se va dando. No se si de acá saldrá el nuevo Código Penal o será un paso más”. En general hay disposición de la gente a escuchar, el resto es campaña política, en lo cual no me meto”, toma distancia.

Le preguntamos en qué medida pueden influir los medios de comunicación en evitar que se pueda debatir abiertamente la reforma. “Los medios aquí y en cualquier lado, sobre todo en América latina donde están bastante oligopolizados, pueden crear realidad. Es una cuestión coyuntural: crean una realidad y a partir de esa realidad si eso se imbrica en una campaña política, es más complicado todavía”, asegura.

De todos modos considera que “el camino que se está siguiendo es el correcto”. Ahora, el anteproyecto fue puesto a consideración de universidades, colegios de abogados, asociaciones de magistrados, oenegés. Luego, la comisión deberá analizar las observaciones que se formulen para elevarla al Poder Ejecutivo y ahí recién enviar el proyecto de ley al Congreso Nacional.

El retiro: “Son once años que me siento medio anormal”

La Constitución Nacional establece que un juez de la Corte Suprema debe retirarse a los 75 años. Zaffaroni tiene 74 y asegura que quiere “volver a la vida normal: volver de donde salí, a la vida académica, a la universidad”.

“Voy a reiniciar cosas que había dejado interrumpidas. Los meses que me queden cuando vuelva tengo que retomar el contacto, tengo el Congreso de la Asociación Internacional de Derecho Penal, tenemos el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología”, enumera sus próximos pasos. “Paulatinamente ir retomando los contactos, y volver a ser un ser normal”, sostiene.

“Son once años que me siento medio anormal”, admite, sobre su período como juez del máximo tribunal argentino. “Once años es un tiempo largo, cuesta después acostumbrarse de nuevo a ser normal. De modo que me voy habituando a lo largo de este año, y ya cuando vuelva en agosto me queda un trecho muy breve”.

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