Mimo Eidman, escultora chaqueña: “La escultura mantiene sana mi mente”

En el marco del Día Nacional del Escultor y la Escultora y de las Artes Plásticas, celebrado el 17 de noviembre, la reconocida escultora chaqueña Mimo Eidman brindó una entrevista con el portal oficial del Ministerio de Cultura donde contó su relación con esta disciplina la cual practica desde hace más de tres décadas.

La escultora chaqueña. Mimo Eidman.

El Día del Escultor en Argentina se celebra el 17 de noviembre, fecha instituída por el nacimiento de la escultora tucumana Dolores Candelaria Mora Vega de Hernández o Dolores Mora, conocida en el mundo del arte como Lola Mora. Fue una referente y una adelantada para su época. Se dedicó también al urbanismo y a las artes visuales. Fue la mujer que rompió prejuicios y que dejó invaluables joyas arquitectónicas.

Mujer escultora, nacida un día como hoy en 1866 en la localidad de Trancas, al norte de la provincia de Tucumán, es el espejo en el que aún hoy se miran muchas mujeres escultoras que eligen transitar el mundo del arte y, en particular, el de la escultura, Mora abrió el camino: hoy son miles de mujeres que crean, sueñan y viven del arte. Una de ellas es Mimo Eidman, una arquitecta chaqueña que se enamoró de la escultura casi sin darse cuenta y que hoy, a más de treinta años de ese idilio, sigue trabajando por y para la escultura de su tierra.

Eidman integra la Fundación Urunday, que es la organizadora de la Bienal Internacional de Chaco, la tercera competición a cieo abierto más importante del planeta que, por la pandemia, no se pudo concretar este 2020, pero que es un faro cultural para el Chaco, la Argentina y el mundo.

A continuación, Mimo Eidman comparte su visión de un mundo que la apasiona y que forma parte de su vida, oficialmente desde hace más de treinta años.

-¿Cómo fue su acercamiento al mundo de la escultura? ¿Quienes fueron sus referentes o maestros?

-Mi acercamiento fue casi inconsciente. Soy arquitecta y en mis inciertos y dudas durante el desarrollo de algún proyecto, a modo de reflexion o descanso, tomaba una tiza o goma de borrar y con cualquier herramienta, como por ejemplo una trincheta, comenzaba a hacer formas en ellas y todas quedaban en un ángulo de mi tablero. En algún momento llegó Fabriciano (escultor chaqueño y presidente de la Fundación Urunday) a mi estudio por un trabajo que le habíamos encargado. Las vió y dijo: “Mimo esto es monumental, tenes que hacerlas más grandes y en otro material. Cuando te decidas andá a mi taller”. Pasó mucho tiempo y fui. Encontré un mundo que parecía estar esperándome de toda la vida. Nunca más me pude separar de la escultura.

-¿Cómo es vivir en Resistencia, la ciudad de las esculturas?

-Es vivir en un paraíso semi descubierto, donde grandes escultores del mundo me dan los buenos días, con sus obras desparramadas en la ciudad, todos los días; donde el recuerdo del momento en que las gestaron sigue fresco. Puedo verlas y recordar la cara y las anécdotas del escultor mientras las estaba haciendo. Resistencia tiene misterio y cosas que a simple vista son inexplicables, por ejemplo un “niño trapito” haciendo secar su herramienta en la base de un Lucio Fontana. Lujos que se dan en esta tierra.

-Su trayectoria la llevó a convertirse en una referente en el mundo de la escultura. ¿Fue difícil ganarse un lugar en un ambiente tan competitivo y complejo?

-No intenté ganar lugares, solo trabajé y trabajo mucho amando lo que hago, sintiendo verdadero placer. Soy muy disciplinada, metódica, casi obsesiva y no muy ordenada. Si ocupo algún lugar importante agradezco mucho a los que me pusieron ahí.

-Seguramente su recorrido haya posibilitado a que muchas artistas se inclinaran por esta disciplina. ¿Qué diría a las nuevas generaciones?

-Vivo en un lugar donde ese mérito lo comparto con todas las mujeres escultoras que trabajaron en nuestras bienales, verdaderas maestras trabajando en un gran taller al aire libre.

A las nuevas generaciones les diria que la única diferencia que hay entre las mujeres y los hombres que son escultores es la fuerza; que tenemos las mismas posibilidades de creatividad y que existen herramientas que facilitan y alivianan el rabajo. Solo hay que estudiar y trabajar, trabajar y trabajar mucho.

-Desde hace muchos años integra la Fundación Urunday, organizadora de la Bienal de Esculturas. ¿Cómo es llevar adelante un evento internacional de semejante magnitud? ¿Cómo compatibiliza su labor en la Fundación y su trabajo como escultora?

-Soy miembro fundadora de la Fundación Urunday, que nace en 1989, hace 31 años. La bienal se realiza cada dos años; el trabajo se intensifica dos meses antes. ¡Es otro de mis grandes amores!

Y sí, es difícil compatibilizar, complejo. He renunciado varias veces a trabajos profesionales a pedido que eran muy interesantes. Nunca me voy a olvidar haber renunciado a realizar una gran escultura en la plaza seca frente a la sede de una tarjeta de crédito argentina. No podía viajar porque la Bienal estaba en el momento de organización más complejo para mí.

En ese momento no había quién me reemplace. No me arrepiento, tuve que elegir y lo hice. Estoy orgullosa del resultado de las bienales; viendo las calles y espacios públicos poblados de esculturas y sus bagajes sé que elegí bien. Es lo mejor que le puedo dejar a mis nietos, el tesoro más grande.

-¿Qué significa la escultura en su vida?
-Ocupa un lugar muy importante en mi vida, me permitió intercambiar culturas en lugares insospechados. Es la que mantiene sana mi mente; me aísla del mundo exterior cuando quiero, también de la pandemia, somos solo ella y yo.

FuenteCultura Nación
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