Grietas profundas y alertas selectivas en la mesa del poder

Kicillof y Larreta y un encono que crece desde hace 15 días. Tras la revuelta policial, las sanciones no se van a anunciar formalmente como el aumento. Van a llegar con el correr de las semanas a quienes ya están identificados como instigadores de la insubordinación.

Alejandro Bercovich, periodista político y económico.

Por Alejandro Bercovich

Aquellos llamados cordiales del inicio de la cuarentena y el whatsappeo casi diario entre Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta ya se habían interrumpido el viernes 28 de agosto, cuando se vieron por última vez. Tras esas dos horas en Olivos a solas con Alberto Fernández, mientras el auto oficial porteño volvía por Libertador y a la mesa larga se habían sentado a picar algo Sergio Massa y otros funcionarios, el gobernador no pudo contener la indignación.

-¡Este tipo está loco! ¡Es un pelado asesino!

El intendente había llegado a la quinta presidencial con Diego Santilli y una lista de una docena de actividades que proponía exceptuar del aislamiento social preventivo y obligatorio. Se había ido con la venia presidencial para solo dos: los restaurantes en la calle y las reuniones al aire libre de hasta diez personas. Fernández pidió esperar para todo lo demás, especialmente el regreso a los hogares de las empleadas domésticas. Habría implicado habilitar un flujo humano entre Capital y Provincia de consecuencias sanitarias imprevisibles.

Una ira simétrica se olfateaba anteanoche en el despacho de Rodríguez Larreta. Cinco minutos antes del anuncio del cambio en la coparticipación que redirigió de Parque Patricios hacia La Plata unos 45.000 millones de pesos anuales y después de cortar con Wado De Pedro, el portavoz de las malas noticias, el jefe de gobierno también se dejó llevar.

-¡El enano nos manoteó el bolso!

Como si la administración de la pandemia y de la peor crisis económica en 20 años se hubiera convertido en una rencilla entre bullies de colegio secundario, el “enano” y el “pelado” ya no se quieren cruzar ni en el patio del recreo. En la sede comunal de la calle Uspallata sospecharon inmediatamente que la movida que le dio aire a Kicillof para equiparar los sueldos de la Bonaerense con la Federal llevaba su firma.
Y no se equivocan. Si bien Fernández advirtió apenas asumió que revertiría el cambio que había dispuesto Mauricio Macri en sentido contrario, también por decreto, por más del doble de los fondos que ahora vuelven a las arcas bonaerenses, el martes fue el gobernador quien lo propuso como solución para “salir por arriba” del laberinto en que a esa altura ya se habían metido ambos.

Minutos antes, Kicillof lo habló con Cristina Kirchner. Ya tenía los cálculos hechos desde poco después del mediodía, cuando vio que el anuncio sin detalles de un “aumento importante” por parte de su jefe de Gabinete, Carlos Bianco, solo había multiplicado las protestas de los uniformados.

Sin ayuda de la Nación quizás alcanzaba para una recomposición mayor a la prevista, pero de ninguna manera para la equiparación con la Federal. Mucho menos para la paritaria que, admiten en La Plata, ahora deberán reabrir para el resto de los estatales con sueldos pulverizados.

“Lo que no pueden es hacerse los sorprendidos, porque Máximo (Kirchner) y Massa se lo venían avisando a todos, incluso a (Cristian) Ritondo”, dicen cerca del gobernador. Si el mensaje no llegó a Uspallata, agregan con picardía en la bancada oficialista de Diputados, “habrá algún ruido en la línea”.

Crimen y castigo

El triunfo de los herederos de Pedro Klodczyk en su paritaria exprés se debió en gran medida a la impericia del teniente coronel Sergio Berni, quien el lunes al mediodía le volvió a jurar a Kicillof que los que protestaban eran “marginales” y que no pasaría nada. Ya le había bajado el precio el domingo, cuando Sabina Frederic avisó que empezarían las movilizaciones.

A las 2 de la madrugada del martes, las sirenas en la puerta de la residencia del gobernador en La Plata sugerían lo contrario. La noche siguiente ya era un motín en 10 localidades y 24 horas después estaba sitiada la Quinta de Olivos.

“Quedó claro que el personaje es solo un personaje y no una realidad. Tanto él como García (Daniel, el todavía jefe de la Bonaerense) nos expusieron a un daño político innecesario. Va a haber una autocrítica y va a empezar por ahí. Y después va a seguir”, aseguró a BAE Negocios uno de los incondicionales de Kicillof. Será un castigo “quirúrgico” para evitar nuevos alzamientos, pero que saben indispensable para no contagiar a otras provincias ni envalentonar al cuerpo civil armado más numeroso del país.

Las sanciones no se van a anunciar formalmente como el aumento. Van a llegar con el correr de las semanas a quienes ya están identificados como instigadores de la insubordinación. Se tomarán, según las fuentes, de algunos de los casi 30 mil sumarios que ya tiene abiertos Asuntos Internos. Casi todos los portavoces de la protesta, de todos modos, son exonerados, familiares o efectivos que igual iban a retirarse.

La estrella del piquete en Puente 12, el oficial mayor Mariano Alderete, quien adujo como uno de los motivos del motín la “injusticia” de que le hubieran concedido prisión domiciliaria a Lázaro Báez, reveló ayer por ejemplo que ya había pedido la baja del servicio antes de las protestas.

¿Hubo guiños de la oposición a los uniformados para que llegaran hasta el extremo inédito en democracia de sitiar Olivos? ¿Pudo haberse coordinado tamaña protesta sin un aval al menos implícito de los caciques territoriales bonaerenses? ¿Cómo dispusieron de patrulleros y hasta de un helicóptero sin la venia al menos de un puñado de comisarios? ¿Es casual que se haya producido mientras se cierra el cerco sobre los efectivos que detuvieron a Facundo Castro antes que desapareciera? Son todos interrogantes que Kicillof espera que alguien le responda pronto. Tanto él como la vicepresidenta ya concluyeron que no será Berni quien lo haga.

Palomalcones

El senador Martín Lousteau, acaso quien más seriamente logró jaquear en las urnas a Rodríguez Larreta en la Ciudad, fue también quien más airadamente atacó la decisión presidencial sobre la coparticipación. “Es el mejor momento de la relación”, aseguran desde Parque Patricios.

El miércoles a la noche, inmediatamente después del anuncio, Larreta habló con él. También con Elisa Carrió, con Alfredo Cornejo y con Mario Negri. A María Eugenia Vidal le prodigó un trato más preferencial: la invitó a celebrar su cumpleaños a su casa de Barrio Parque. Cuando la exgobernadora se fue, la decisión de acudir a la Corte Suprema ya estaba tomada.

La semana pasada, Lousteau fue hasta la sede comunal de la calle Uspallata con Emiliano Yacobitti, su mecenas y principal promotor, para un almuerzo donde relató con pelos y señales el encuentro que había mantenido en Olivos con Fernández, adonde lo había acompañado el jefe político de ambos, el empresario y exministro del Interior alfonsinista Enrique “Coti” Nosiglia.

“Me soprendió lo mal que lo vi a Alberto. Mal emocionalmente, muy cansado, muy dubitativo, muy deteriorado”, le confió Lousteau a Larreta en ese almuerzo secreto. Los puentes ya estaban rotos, si bien Fernández lo había convocado justamente para reabrir un canal de diálogo con los moderados de Juntos por el Cambio. Para entonces todavía no había vuelto de Europa Macri, hoy alineado con Patricia Bullrich en la estrategia del “cuanto peor, mejor”.

Un viejo amigo del “Coti”, el diputado Eduardo Valdés, le preguntó desde Olivos en plena asonada bonaerense a José de Mendiguren si los empresarios dirían algo sobre el asunto. Siempre preocupados por la institucionalidad, resultaba llamativo su silencio. A esa hora, en el chat corporativo “Nuestra Voz” no había mucha inquietud por la división de poderes ni por la presencia de un centenar de hombres armados frente a la residencia presidencial. Solo circulaba un petitorio para que se reglamente pronto la ley de economía del conocimiento.

El presidente de la Unión Industrial, Miguel Acevedo, opinó ayer ante BAE Negocios que “fue grave porque son fuerzas de seguridad” y agregó que “el problema de los bajos ingresos está en todos los sectores, pero estas actitudes amenazantes son peligrosas”. También admitió que podría haber habido un pronunciamiento de alguna de las cámaras del G-6 en defensa de la democracia. “No llegamos ni a hablar entre nosotros. La política fue más rápida”, explicó.

Son alertas selectivas que pueden volverse en contra, como le advirtió el mismo Mendiguren a un colega empresario que festejaba que los vecinos del country Ayres del Pilar no dejaran entrar a Lázaro Báez a su mansión.

“Mirá que las negras también juegan, eh. ¿Y si mañana va Juan Grabois a la puerta de tu country y te dice ‘no entran hasta que nosotros no morfemos’, vos qué vas a decir? ¿Y si mañana hay una manifestación a lo de Macri?”.

Son terrores atávicos de los que se saben superados en número por otros con necesidades más acuciantes. No siempre los inquietos llevan uniforme.

 

VIAPublicado en Bae Negocios
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