Los marzos de la memoria y la Fiesta de San José

No será fácil borrar de la memoria de los días de vida que nos restan (a unos más que a otros) lo que estamos viviendo en estos tiempos de pandemia. El retiro impuesto por la difícil situación, la relación que se puede establecer con otros marzos vividos, me invitaron a recuperar algunos hechos vividos que aquí me permito compartir, aunque sea brevemente.

Día de San José, en la histórica capilla de Mallín.

Por Aldo Parfeniuk *

Uno recuerda y encuentra de todo un poco: acontecimientos felices y no tanto (por no decir nefastos, como el de marzo de 1976, y del que hablaré la semana próxima); pero se trata de hechos que no se fueron de la memoria, que ahí están. Entre lo que recuerdo, lo primero es, curiosamente, una fecha religiosa, pero vivida como esperada aventura del fin del verano serrano y durante varios años de la adolescencia, allá por los años sesenta.

Hablo del día de San José, celebrado en este caso en la histórica capilla de Mallín, a orillas del camino de tierra que une Tanti con Cosquín, pasando por La Cueva de los Pajaritos, cerca de Tasti, Los Lavaderos, La Laguna Brava, La Cuesta Zuviría, el boliche de los Vizcarra y otros nombres perdidos en el tiempo…

En los años sesenta, puntualmente todos los 19 de marzo, con mi amigo Kelito Romero Cortéz, poníamos a punto su moto Crawdet y partíamos a hospedarnos en la sencilla casa de campo de sus suegros, en San José de los Ríos, a un par de kilómetros de la histórica capilla (hoy Monumento Histórico) donde bautizaron nada menos que al ilustre vecino Juan Bautista Bustos, de quien este año se celebra el bicentenario de su Gobierno: el primero que tuvo nuestra Provincia.

En esos encuentros, con misa, asado con cuero, guitarreadas, danzas tradicionales, cuadreras, tabeadas y otras destrezas criollas, se daban cita vecinos de varios kilómetros a la redonda, que no solamente veneraban al santo carpintero sino que aprovechaban la ocasión (por entonces las reuniones duraban un par de días con sus noches) para consolidar antiguas amistades o para dirimir diferencias pendientes por cuestiones de campo: límites de parcelas, animales perdidos, amores contrariados y otros sucesos lugareños.

Para nosotros – para Kelito y para mí – esas juntadas siempre fueron ocasiones de diversión, pero especialmente valiosos para volver a nutrirnos de la cultura de la región y el clima de lo que alguna vez también fue el antiguo Carlos Paz – su infancia estanciera – campestre y acriollado. Sobre estos temas hemos escrito cosas y nos hemos nutrido de paisajes e historias con las que hicimos una parte importante de nuestro ADN.

Este marzo recibí con alegría y expectativas la cordial invitación de Ruli Coeli, que en nombre de la Fundación Capilla Histórica de San José, actual tenedora y guarda de tan valioso patrimonio nacional, puntualmente, como todos los marzos, abriría las puertas de la capilla para que fieles, vecinos y amigos pudiéramos acercarnos y concelebrar, de paso, su cumpleaños número doscientos cuarenta y uno.

El virus no quiso que nos juntáramos: habrá que conformarse con brindis y abrazos virtuales y los recuerdos de aquellos días luminosos y alegres de la inolvidable fiesta de San José. Por supuesto, con la posibilidad de compartirlos una vez más con los que alguna vez la vivieron y con los que, por ser muy jóvenes, solamente hoy pueden enterarse de oídas o leyendo sobre nuestra historia regional.

 

(*) Escritor, poeta y periodista