El Banco Mundial confirma que la plata del FMI se fugó

La Argentina enfrenta una crisis autoinflingida. Uno de los técnicos que participa de la misión del Fondo Monetario Internacional que arribó a Buenos Aires esta semana, le confesó a su interlocutor, un funcionario del gobierno, que encontraba evidente que la deuda, en las condiciones en las que se contrajo, nunca podría ser pagada.

Sede del FMI en Washington

El Presidente Alberto Fernández pretende que el organismo repita esa idea en un comunicado oficial. Ese es el objetivo de máxima de la estrategia trazada, en coordinación con el ministro de Economía, Martín Guzmán, y la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

La crisis de crédito era parte del plan, estiman en la Casa Rosada. Para condicionar al sucesor de Mauricio Macri si el oficialismo perdía las elecciones a pesar de los miles de millones que aportó el FMI a la campaña. Pero también como excusa para llevar adelante las reformas que Cambiemos quiso implementar desde el día uno pero no pudo hacer por una correlación de fuerzas insuficiente: convertir el slogan “Hay un único camino” en una realidad de tanto tomar deuda en condiciones impagables.

Ese plan tuvo dos autores intelectuales: la administración Macri en la Argentina y la gestión Christine Lagarde en el Fondo.

Una pieza clave de la estrategia era permitir la fuga de capitales: por eso el gobierno de Cambiemos levantó todas las barreras a la salida de divisas del país y el FMI no le exigió que hiciera nada al respecto antes de desembolsar el dinero, contradiciendo al artículo VI de su estatuto, como remarcó esta semana CFK.

En tanto que los Fondos de Inversión que aprovecharon esas circunstancias para embolsar ganancias que cuadruplican, o más, los valores del mercado internacional, deberán pagar el costo de ese riesgo, porque no solo conocen el modus operandi si no que forman parte de una estafa global.

Este viernes renunció al Banco Mundial su economista en jefe Penelopi Goldberg luego de que el organismo se negara a publicar un informe que elaboró, donde comprueba que cuando un país recibe asistencia financiera del exterior, los desembolsos coinciden con picos en los depósitos de ese origen en bancos de Suiza.

“Las fugas representan en promedio un cinco por ciento de la ayuda entregada a ese país”, estima el informe, según reporta el pasquín filokirchnerista The Economist. Una de las supervisoras del trabajo de Goldberg durante su paso por el BM fue la actual titular del Fondo, Kristalina Georgieva.

El gobierno argentino espera que el FMI refleje ese panorama en el informe que elaborará la misión una vez que concluya su estadía en Buenos Aires, a mediados de esta semana. Que dé cuenta de la situación de insolvencia del país y reconozca la responsabilidad compartida para haber llegado a este punto.

Y que recomiende a los acreedores privados iniciar las charlas formales para una reestructuración que incluya un plazo de gracia, un recorte de los intereses y una quita significativa del capital. Para discutir la deuda con el propio organismo hay tiempo: el primer vencimiento llegará solamente para el 2021.

A partir de esa declaración del Fondo, comenzaría una nueva etapa, más agresiva, de la negociación con los acreedores privados. Se profundizará el camino iniciado este miércoles por Guzmán en su mensaje ante la Asamblea Legislativa, cuando dejó claro que hay un horizonte de al menos cuatro años en los que el país no estará en condiciones de pagar.

“Va a haber frustración de los bonistas”, advirtió. Al día siguiente, el riesgo país pegó un salto y cayeron los bonos y las acciones argentinas. Era exactamente el efecto que el ministro esperaba; lo que fue a buscar al Congreso.

VIAeldestapeweb.com
Compartir