Una Vaca muy viva: hidrocarburos en la era Fernández

El futuro gobierno argentino, además del sustento que le den los votos que consigan Alberto Fernández y Cristina Kirchner en las elecciones del próximo domingo 27 de octubre, y de la diferencia que logren sobre el derrotado oficialismo de Mauricio Macri, Elisa Carrió y Miguel Pichetto, se sostendrá en un fenomenal acuerdo inaugural entre distintos partidos políticos, centrales obreras, movimientos sociales, la inmensa mayoría de los gobernadores e intendentes argentinos, uniones patronales y de comercio, sectores agrarios, universitarios y religiosos.

Carlos Villalba, periodista columnista de chacodiapordia.com

Por Carlos A Villalba

Alrededor de ese núcleo policlasista y multisectorial, pocas veces alcanzado en la política local, sobrevolará – ya lo está haciendo – la presión de las representaciones de los sectores más poderosos y concentrados de la economía y las finanzas transnacionales, articulados con los operadores del mercado nacional.

Cuando más estratégico y de importancia global es el área de la que deberá ocuparse el nuevo gobierno, más fuertes serán las presiones, más duros los condicionamientos y más conspirativos los lobbies. Conforme avancen las políticas de redistribución con inclusión social, las corporaciones, la banca internacional y sus buitres, el complejo de poder estadounidense y sus aliados internos, más desestabilizadoras serán las presiones, y hasta podrán llegar a convertirse en destituyentes. Será un juego de tensión permanente.

En el centro de esa dinámica de intereses comerciales, soberanía, derechos originarios y laborales, necesidad de divisas, ambientalismo, federalismo, está y estará el mega yacimiento patagónico de hidrocarburos de Vaca Muerta, bajo el Lof de la comunidad mapuche Campo Maripe, con su reserva estimada en 16.000 millones de barriles y cálculos sobre su potencialidad que llevan al país hasta el segundo lugar mundial en recursos no convencionales y cuarto en petróleo, y con la potencialidad de contribución a la solución del permanente déficit de cuenta corriente y al consecuente camino de un desarrollo sustentable, productivo e inclusivo.

A partir de las internas del 11 de agosto, que quemaron etapas y convirtieron a la inminente “primera vuelta” electoral en la ronda definitiva que impulsará al candidato del Frente de Todos hacia la Casa Rosada y, por lo tanto, hacia el mando de la botonera energética del país, los grupos de presión ya se expresaron, de manera directa pero a puertas cerradas, ante los equipos de Fernández, y a través del alambique de los medios concentrados de comunicación que, ya convencidos de que no habrá revancha para su actual socio presidencial, le dan aire a las versiones que interesan a los pesos pesados del petróleo mundial.

El nuevo “relato energético” incluye, como en todos los temas, la construcción de “diferencias insolubles” en el seno de la alianza de Los Fernández, y la exageración sobre las visiones divergentes, que las hay, tanto como lo permite la amplitud de la construcción que permitió derrotar en solo cuatro años al gobierno que causó mayor daño a la población en menos cantidad de tiempo, en base a la ejecución de un plan de negocios que se limitó a maximizar las ganancias, básicamente, de algunas franjas agroexportadoras y de los sectores financiero, y, precisamente, energético.

Ese “antagonismo interno” es presentado como un enfrentamiento sin posibilidad de complementariedad dentro de un plan enérgico integral, que convierta al yacimiento en una herramienta estratégica de generación de divisas, para lo que se requiere la instalación de terminales de licuefacción del gas, y destinado al consumo interno, con ampliación del servicio de gas a los millones de argentinos que hoy carecen del mismo y abaratamiento de tarifas a través de su desdolarización de determinados tramos de la producción y la distribución.

Pareciera estar en lo cierto el autor de la cita que abre esta nota, aquel líder cuyas prácticas y escritos fueron leídos en profundidad e incorporados a sus análisis por un lejano admirador argentino, el general Juan Domingo Perón. Mao, que logró que su país diera un salto desde el medioevo rural hasta el Siglo XX, con la proclamación de la República Popular China el 1º de octubre de 1949, explicó primero que la contradicción es esencial a cada proceso y motor de las transformaciones y distinguió entre las diferencias insalvables y de resolución prioritaria y aquellas que son secundarias y tolerables en la coyuntura.

Lejos de Beijing, el yacimiento asentado en el subsuelo argentino de las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza requiere de un desenvolvimiento sostenido y sustentable que, en el marco de las necesidades del desarrollo socioeconómico general, contemple tanto los requerimientos internos como las posibilidades externas, por encima de los intereses de particulares, empresas o sectores y con YPF como actor principal del proceso.

Casting para una película compleja

La velocidad del crecimiento de la producción en Vaca Muerta de gas no convencional – incrustado en rocas sedimentarias a gran profundidad, pero de idénticas cualidades y aplicaciones en el mercado que el gas natural – fue de “Fórmula 1“. En dos años pasó de 5 a 33 millones de metros cúbicos diarios.

Cristina Kirchner rubricó el acuerdo entre YPF y la estadounidense Chevron en julio de 2013, destinado al desarrollo de la producción de hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta. En ese momento el macrismo se opuso, alegando la existencia de “cláusulas secretas” que olvidó al llegar a la Rosada, desde donde intentó instalarse como padre de una criatura cuya evolución y horizonte zanja la mayoría de las grietas y sutura casi toda diferencia política.

Liberales y peronistas, privados y estados, Los Fernández y Pichetto, Techint de Paolo Rocca y la petrolera boutique Vista, de Miguel Galuccio, todos acuerdan ante el horizonte sin ateos de u$s 40.000 millones de anuales en exportaciones para 2023.

Después de las PASO de agosto y antes de las generales de octubre, los principales empresarios energéticos escucharon a Macri pero le hablaron a Fernández, tanto durante la IV jornada de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) como en la Exposición Oil & Gas, desarrollada en el predio de La Rural. Enfatizaron sobre las dificultades de la coyuntura generada por el congelamiento por 90 días del precio del crudo dispuesto por el gobierno derrotado que, días después permitió nuevos aumentos.

Mirando al 10 de diciembre ya plantaron su pliego de condiciones, sin las cuales, a su juicio, no se podría desarrollar Vaca Muerta. La primera de ellas apunta al establecimiento de un “marco jurídico adecuado y estable”, que revestiría características especiales y debería tener fuerza de Ley.

A renglón seguido, reclamaron de las futuras autoridades nacionales una serie de inversiones específicas lideradas por la construcción del gasoducto Neuquén-San Nicolás y la planta de licuefacción en Bahía Blanca, que suman alrededor de u$s 7.000 millones. Ambas apuntan a uno de los términos de aquella contradicción que Fernández tendrá que saldar, el de la exportación de gas natural licuado (GNL) a gran escala.

Sin dar puntada sin hilo, Techint es la más interesada en la construcción del ducto, no solo porque le permitiría evacuar una mayor cantidad de gas de Fortín de Piedra, su yacimiento estrella, sino porque el grupo está interesado en quedarse con la ejecución de la obra, exhibiendo su liderazgo como en la construcción de gasoductos.

De esos encuentros participaron representantes de pulpos energéticos como Exxon, Shell , Pampa Energía o Pan American Energy Group, cuyos gerentes redactaron una serie de memos que hicieron llegar a los representantes de Alberto Fernández para luego dejar trascender desde los diarios de mayor poder de agenda nacional que su propuesta se convertirá en una ley “para garantizar la inversión y el negocio petrolero en el mega-yacimiento” y cuyo texto “estaría en línea con los reclamos y propuestas de los inversores externos” y establecería “beneficios fiscales para atraer la inversión privada”.

El representante de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, la empresa supuestamente “de bandera”, Daniel González, también intervino activamente de las reuniones, pero se comportó como un “privado” más y fue parte de los movimientos de presión sobre las autoridades venideras. Aseguró que “Hoy tenemos un atraso del 20% de los combustibles y del precio del petróleo, comparados con parámetros internacionales”.

El CEO de la YPF macrista se desempeñó durante 14 años en el banco de inversión estadounidense Merrill Lynch & Co, que necesitó un salvataje de u$s 44.000 millones en 2008 ante la crisis de las hipotecas de baja calificación. También fue jefe de Planeamiento Financiero y Relaciones con Inversores de Transportadora de gas del Sur S.A. (TGS) actualmente controlada por la Compañía de Inversiones de Energía S.A. y Pampa Energía S.A, cuyo presidente es el empresario Marcelo Mindlin, en cuyas manos el presidente Mauricio Macri descargó parte de las empresas de su grupo.

Una boutique de peso petrolero

Los directivos de la cadena Bloomberg Televisión, que llega a más de 310 millones de hogares y pertenece a la compañía estadounidense de software financiero, datos y noticias, con una facturación anual cercana a u$s 10 mil millones deben haberse sorprendido al escuchar al dueño de CEO de la petrolera Vista Oil & Gas, a quien fueron a entrevistar a orillas del Río Limay en la, para ellos, lejanísima Neuquén que “si Cristina Kirchner es elegida como vicepresidenta, con Vaca Muerta hará lo necesario para continuar con lo que venimos haciendo y va a acelerarlo”.

Quien así reaccionó, después del triunfo electoral de la fórmula en la que la ex mandataria acompaña a su homónimo Alberto, fue el ex presidente de YPF, Miguel Galuccio, ahora dedicado al desarrollo de su propia petrolera. Cuando asumió la conducción de la empresa nacional ya tenía la mira apuntando hacia Vaca Muerta, convenció a la entonces mandataria de la importancia del yacimiento y de su explotación. Logró que firmara el decreto que posibilitó el comienzo de la explotación del yacimiento, en alianza con la multinacional Chevron.

El ingeniero definió a Vaca Muerta como “la mayor oportunidad que tiene la Argentina” y afirmó que “Lo que está en juego (…) puede cambiar la economía del país radicalmente, y puede cambiar la vida de la gente. Si logramos un desarrollo pleno estoy seguro de que podremos duplicar los ingresos que generan otras industrias, como por ejemplo el agro”. Número más, número menos, el mismo cálculo hacen los asesores de Fernández, Alberto o Cristina.

Vista aspira a generar 65 mil barriles por día en tres años. Con otras diez empresas de tamaño medio como ella, se estarían produciendo divisas por los mismos 19.000 millones de dólares que genera el conjunto del complejo sojero. Y eso sin contar que, en el desierto patagónico, ya plantaron sus botas gigantes como Chevron, Shell, Petronas, Total, Statoil, Exxonmobil y Wintershall, además de las argentinas Pan American Energy y Tecpetrol.

Galuccio considera que YPF, a la que pertenece un 40 % del yacimiento, podría generar 15 mil millones de dólares en exportaciones en 2023, y el conjunto impulsaría la creación de 500 mil puestos directos o indirectos de trabajo. Esos datos se los habría dado a Cristina, junto a la recomendación de derogar de manera urgente el DNU macrista que congeló parcialmente los precios y paralizó buena parte de las operaciones en el lugar.

El petrolero de 51 años tiene banca entre quienes a buscan candidatos para la nueva YPF. Entre ellos el poderoso líder del gremio petrolero y senador nacional neuquino Guillermo Pereyra, quien pidió que vuelva a la conducción de la empresa. Seguramente alertado de que “no desea formar parte del próximo gobierno”, también destacó la tarea de uno de los vicepresidentes de aquella gestión a quien había descalificado y hasta tildado de “nazi”, Jesús Grande, actual gerente de San Antonio, la mayor perforadora de la Argentina, líder en procesos de optimización de pozos de petróleo y gas.

Hay equipo

Mientras unos y otros intentan su juego, quienes van a gobernar arman el rompecabezas con paciencia. Las contradicciones que las lupas informativas buscan día y noche, en realidad son diferencias de especialidades y perfiles de los componentes del numeroso equipo económico que armó Fernández y que apunta a encarar con especificidad cada una de las problemáticas que afronta el país que va a recibir dentro de un mes y medio. El área energética es una extensión de dicho enfoque.

El futuro mandatario manifiesta una y otra vez que aprendió de Roberto Lavagna -y aprovecha para endulzarle el oído a quien ya dijo que no aceptará convite ministerial alguno, además de haber demostrado en el debate televisivo que no está para trotes de semejante porte- que es necesario un ministro de Economía “fuerte, que pueda resolver y pueda decidir”. El papel, hasta el momento, lo está jugando Matías Kulfas, quien organiza el complejo discurso económico y aclara cuestiones relacionadas con la energía.

Entre lo poco que trasciende del trabajo de los verdaderos equipos de gestión presidencial, una de las perlas fue su respuesta sobre el congelamiento de los precios de la energía. Sin elipsis se atrevió a manifestar que es necesario “pesificar” parte de los componentes de la tarifa, al mismo tiempo que otras de las variables deben “tener resguardo”. Esquivando el antagonismo de los sectores habló de “un equilibrio adecuado” entre el desarrollo de Vaca Muerta, que necesita determinados “incentivos” y las tarifas que van a pagar los hogares.

De ese modo aludió a la forma de encarar la “transición” que, en un tiempo que considera “no muy largo” y en base al aumento de la producción, dejaría lugar a la baja de tarifas que actualmente asfixian a las empresas y, sobre todo, a las familias. Ese primer tramo incluye el fortalecimiento de la “tarifa social” y la creación de herramientas que mejoren la posición de los sectores medios ante esos consumos.

Estos conceptos, necesitan de un andamiaje formal, al momento a cargo de Guillermo Nielsen, encargado de recolectar inquietudes empresariales y, sobre todo, de analizar los mecanismos impositivos que pongan a Vaca Muerta y las demás formaciones no convencionales a escala tributaria y regulatoria con las gigantescas formaciones estadounidenses de Marcellus, Utica y Permian. Ese “régimen tributario especial” apunta a la meta de aquellos 40.000 millones de dólares anuales para 2023 de la que también habla Gallucio y de la que no todos los actores están convencidos, por considerar que el volumen de exportación sería “exagerado”.

En la misma línea de pensamiento se instala Sergio Lanziani, el ingeniero nuclear que es ministro de Energía de Misiones y, por afinidad, aparece como candidato a la misma cartera en el ámbito nacional.
Entusiasmado con las posibilidades futuras, afirma que “el potencial exportador de Vaca Muerta podría igualar al complejo agroexportador”, pero advierte que “no se puede desarrollar esta faceta sin resolver la cuestión nacional” y “Para salir de la crisis hay que iniciar un ciclo de crecimiento económico que no puede darse con tarifas en dólares, mientras que los usuarios ganan en pesos”.

Apunta a la elaboración de un plan energético que surja, al igual que el productivo de “un gran acuerdo nacional entre todos los sectores de la energía”, con inclusión de trabajadores, empresas, usuarios y Estado, “un proyecto a 20 años consensuado y respetado por todos”.

Junto a la preocupación por la generación de las divisas que necesita un país industrialmente paralizado y endeudado hasta el riesgoso 100% de su Producto Bruto Interno por la coalición Cambiemos, los técnicos y profesionales de Todxs también apuntan a la ampliación del consumo interno y el abaratamiento de las tarifas.

En ese sentido, director del Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo (Oetec), Federico Bernal, “mencionado como potencial funcionario de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner”, según reza la propia página de su organización, aparece como uno de los más sólidos defensores de la prioridad que Vaca Muerta debería darle al mercado interno.

Señala que si la producción se enfoca en el mercado externo, “el precio local queda igualado al internacional y resulta impagable”, motivo por el cual es necesario combinar la demanda interna con la regional y la externa, a través de su industrialización, tomando el modelo estadounidense que logró “una revolución” en los sectores de la petroquímica y la química.

Ahí vienen los chinos

Aquel dirigente gigante muerto en 1976, a los 83 años, dejó a su país convertido en una potencia y con los cimientos instalados para constituir la superpotencia que es en la actualidad, a punto de ser la primera economía global.

La estrategia de despliegue de sus sucesores, orientada a multiplicar las relaciones comerciales y generar mayores oportunidades para incrementar sus importaciones desde países de los cinco continentes hacia un mercado interno ávido de consumos, sobre todo alimentarios, explican el interés chino en la construcción de una red de infraestructuras y comunicaciones que le sirvan de plataforma de cooperación económica. Su gobierno facilita el desarrollo de esas obras que, a su vez, servirán para la elaboración de productos que consumirán sus casi 1.400 millones de habitantes. A esa red llaman la Nueva Ruta de la Seda, la del Siglo XXI.

Invirtieron en las represas santacruceñas Cepernic y Kirchner, destinadas a producir energía que consume tanto el agro como las industrias. Les interesa Vaca Muerta, porque ese gas y ese petróleo no convencionales también abastecerán a la producción local y la abaratarán, o serán exportados.

Las versiones hablan de una propuesta de inversión china de u$s 70.000 millones. Los multiplicadores de los rumores que anidan cerca de Donald Trump sostienen que Estados Unidos condicionaría el apoyo a la negociación de la deuda externa por parte del gobierno de Los Fernández, ya comprometido, a que le cierren las puertas a Beijing. También reclaman un candado para el desembarco de Rusia.

Ambas potencias no dejan de ser una carta en la manga de la administración venidera, tanto como inversores como factores de presión ante quienes creen que Sudamérica vuelve a ser un patio trasero para sus negocios. Aquel lector argentino de Mao llamado Perón tenía también una consideración para esa pretensión, la de que si los latinoamericanos no se unían, serían dominados.

Una vez más, los hechos mostrarán cuál de todas las contradicciones será tomada como principal.

 

“En el proceso de desarrollo de una cosa compleja hay muchas contradicciones y, de ellas, una es necesariamente la principal, cuya existencia y desarrollo determina o influye en la existencia y desarrollo de las demás contradicciones”.
Sobre la Contradicción, Mao Zedong (Agosto de 1937)

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