Los albertistas menos pensados

El único silente durante todo el almuerzo fue Cristiano Rattazzi, el jefe de Fiat, fiscal de mesa de Cambiemos en las últimas dos elecciones y acaso el último exégeta de Mauricio Macri en el mundo fabril.

Alejandro Bercovich, periodista político y económico.

Por Alejandro Bercovich

Los economistas Matías Kulfas y Cecilia Todesca quedaron impresionados por su capacidad para mantener, al estilo del Papa Francisco, una ensayada cara de desagrado durante toda la comida que Alberto Fernández compartió con la cúpula de la Unión Industrial Argentina. A su alrededor, en el salón Petiribí del edificio de Avenida de Mayo y Lima, eran todas sonrisas.

La comunión de ideas entre los caciques industriales y el favorito para las elecciones del 27 de octubre parece inédita pero no hace más que reeditar la que los unía a Mauricio Macri al inicio de su gestión, cuando alcanzaron incluso a designar al secretario del área, Martín Etchegoyen, antiguo gerente general de la central fabril.

El entonces recién asumido ministro de la Producción, Francisco Cabrera, todavía no había sido retratado en las revistas de chimentos a punto de abordar un avión privado a Punta del Este junto con Juana Viale. El Presidente aún no lo había apodado “latin lover”, como lo llama desde entonces.

Si bien el aceitero Miguel Acevedo se muestra frontalmente crítico de la política económica de Macri desde hace casi dos años y no duda en posar junto a Fernández ante toda cámara que se le cruce, la UIA nunca cedió esa participación -marginal pero continua- en el gabinete cambiemita. El actual secretario de Industria, Fernando Grasso, fue el economista jefe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA) hasta diciembre de 2015 y muchos de los que almorzaron anteayer con Alberto todavía lo llaman cariñosamente “Fer”.

Muy cuestionado entre los empresarios por su falta de reacción frente al cierre masivo de fábricas de los últimos meses, Grasso sí reaccionó rápido después de la derrota del oficialismo en las PASO: el 29 de agosto volvió a visitar la Cámara donde trabajaba antes de asumir como funcionario y se mostró muy interesado en revertir la “grave situación del sector”, sobre la que escuchó pacientemente a todos sus directivos.

El latin lover ya no está en condiciones de retar a Grasso por haber avalado esos cuestionamientos de los veteranos líderes metalúrgicos. Dejó de ser su jefe – hoy lo es Dante Sica, recientemente condecorado por el gobierno de Brasil con la gran cruz de la Orden de Rio Branco – aunque mantiene su ascendente sobre Macri, a quien sigue asesorando.

Alberto Fernández aludió a él en el almuerzo del salón Petiribí, cuando se refirió a “un ministro que los mandó a importar”. No hizo falta que lo nombrara: evocó el momento en que uno de los comensales lo fue a visitar con un proyecto de inversión y Pancho le respondió suelto de cuerpo que lo abandonara. “¿Para qué vas a comprar máquinas? íQuedate con tu marca que es buena y ponete a importar!”, lo despidió.

Lealtades

Aunque Daniel Funes de Rioja volvió al término del almuerzo sobre su habitual clamor por rebajas de impuestos y flexibilidad laboral, no fueron los temas que dominaron la comida ni su larga sobremesa de casi dos horas. Solo el textil Jorge Sorabilla planteó que el 55% del precio al público de una remera está explicado por impuestos.

El economista jefe de la UIA, Diego Coatz, se refirió a algo más estructural: la necesidad de agregar valor para generar dólares. Puso como ejemplo a la cadena del cacao: los países que producen el fruto son pobres y los que lo procesan son ricos. Cualquier parecido con la soja no es mera coincidencia.

Envidiosos de la afinidad que supo construir Acevedo, en tándem con su cuñado Roberto Urquía, empresarios de todos los sectores se pelean por tener su foto con el casi seguro ganador del 27-O. Los socios del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (CICyP) esperan cerrar en las próximas horas la participación del exjefe de Gabinete en su ya tradicional ciclo de almuerzos en el Alvear.
Con lo propio especulan los organizadores del coloquio de IDEA, el cenáculo anual marplatense de los gerentes de multis y grandes empresas que eligió Roberto Lavagna para romper con Kirchner en 2005, antes de renunciar. ¿Lo lograrán? “No lo creo. Es muy difícil que vayamos”, dijo anoche a BAE Negocios un inseparable colaborador del candidato.

No es que Fernández tenga nada contra el coloquio IDEA, un evento que llegó a visitar varias veces. Tampoco que le moleste el slogan que eligieron los ejecutivos el año pasado, casi calcado del cotillón PRO (“Cambio cultural, soy yo y es ahora”). Simplemente no cree que allí haya votos por conquistar ni poderes a los que seducir.

Para peor, el día que le ofrecieron disertar es el 17 de octubre, porque el viernes 18 ya tiene previsto cerrar el evento Mauricio Macri – parte de su “gira de despedida”, como la definió ocurrente Sergio Massa – y el miércoles 16 habla la gobernadora María Eugenia Vidal. ¿Aceptará el candidato del peronismo compartir el Día de la Lealtad con un millar de CEOs?

Lo volátil del poder se percibe por estos días con especial severidad. La cena de recaudación de fondos de la Universidad Torcuato Di Tella, por citar otro caso, no será igual este año que los últimos. No solo porque el economista ultraortodoxo Juan José Cruces reemplazó como rector al dialoguista Ernesto Schargrodsky y decidió excluir por razones ideológicas de la gala del próximo lunes a un puñado de invitados e invitadas que habían sido convidados en las últimas ediciones.

También porque muchos de los que compraban mesas en el evento lo hacían para arrimarse a los profesores de esa institución que ocuparon cargos estratégicos en el gabinete de Macri, especialmente en el área económica. Son fotos que se devaluaron a la par del peso.

El “Ditellazo”, como ya bautizaron con sorna a esta crisis varios economistas críticos de la gestión, ya tiene quien lo estudie. Según el Observatorio de las Élites Argentinas que coordina la socióloga Ana Castellani (IDAES-UNSAM), la cantidad de graduados de la Di Tella en el gabinete de Macri y en los sucesivos directorios del Banco Central constituyó un récord histórico.

Si bien todas las Universidades privadas aportaron sus egresados al equipo gubernamental menos permeado por las universidades públicas del que se tenga memoria, el de la Di Tella fue el caso más destacado. Nueve funcionarios importantes de Macri estudiaron sus carreras de grado en esa casa de altos estudios -entre ellos Marcos Peña, Lucas Llach, Enrique Avogrado y Marina Carbajal- y otros 12 hicieron posgrados allí, como Jorge Triaca, Francisco Gismondi, Mariano Flores Vidal y Sebastián Scheimberg.

Entre sus profesores, la Escuela de Negocios de la Universidad cuenta también con los dos jefes del Banco Central a quienes más se les devaluó el peso en los últimos 17 años: Federico Sturzenegger y Guido Sandleris.

Cavallo del comisario

Para pescar alguna influencia antes de que asuma el próximo gobierno, los empresarios tiran líneas en todas las direcciones. Así fue como los dueños de importantes empresas y de apellidos ilustres como Neuss, Bulgheroni, Gabbi, Escasany, Pescarmona, Braun, Weiss y Bagó llenaron un auditorio para escuchar a Domingo Cavallo, el ministro de Economía que terminó con la híper de los años 80 pero que después condujo dos veces al país a crisis terminales.

Fue en un encuentro organizado por la Academia Nacional de Ciencias de la Empresa, que preside Jorge Aufiero (Medicus). Ahí sí que se lo vio sonreír a Rattazzi, quien adujo afonía cuando le preguntaron por su parquedad en el almuerzo con Fernández en la UIA.

¿Por qué creerían los empresarios que se acercan a Fernández al arrimarse a Cavallo? Por el lejano pasado cavallista del candidato, electo en el año 2000 como legislador porteño por la misma lista que postulaba al economista como jefe de Gobierno, secundado por Gustavo Beliz. Y por el supuesto vínculo cotidiano que todavía mantienen, según juraron y perjuraron dos de los presentes en la conferencia del ya veterano exministro.

Un vínculo que pareció confirmarse cuando Alberto habló la semana pasada en la Fundación Mediterránea, el think tank que fundó Cavallo. Pero que el inseparable colaborador del candidato consultado ayer por BAE Negocios desmintió de manera tajante.

Los economistas que trabajan con él no están tan seguros. “El estilo de Alberto es como el de Néstor, muy distinto al de Cristina. Néstor tenía a 10 o 15 economistas a los que escuchaba y después decidía él. Implica no confiar mucho en nadie. Cristina se enamoraba sucesivamente de sus economistas: primero (Martín) Lousteau, después (Amado) Boudou, después Axel… Yo no descartaría que escuche de vez en cuando a Cavallo”, comentó uno de ellos.

Más que los nombres, lo que ocupa al equipo de economistas de la calle México por estas horas son los encuentros con fondos de inversión y acreedores de la deuda para renegociar los vencimientos que deja como herencia envenenada Macri. No hubo intercambio de ofertas aún, pero confían en que las habrá el mismo lunes 28.

Hasta hace tres semanas, los enviados de Wall Street los trataban como defaulteadores maduristas y expropiadores. Ahora, por lo menos, ya se sientan a conversar. Algo es algo.

VIAPublicado en BAE Negocios
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