Señas de truco en la transición y peligros del cogobierno de facto

El candidato apenas pasó a saludar y conversar un rato, pero una reunión de las tantas que se suceden en las oficinas de la calle México exhibió con nitidez hasta qué punto la agenda de Alberto Fernández ya se convirtió en la de un presidente en ejercicio. Mal que le pese.

Alejandro Bercovich, periodista político y económico.

por Alejandro Bercovich

Fue el jueves pasado cerca del mediodía. Al comando de campaña llegaron directamente desde Aeroparque en varias camionetas blindadas unos 20 banqueros paulistas que habían fletado especialmente un avión charter desde Guarulhos, que los esperó y los devolvió a casa al término de la cita. No perdieron tiempo en pasar a ver a Nicolás Dujovne, para ese entonces ya eyectado del cargo aunque aún no se lo hubiera anunciado. Tampoco pidieron audiencia con Mauricio Macri.

Había ejecutivos top del Safra Bank, del Bradesco y del Itaú, pero también de bancos de inversión globales como el JP Morgan y el Citi que tienen en San Pablo sus cuarteles generales para todo el Cono Sur. Los recibieron los economistas Cecilia Todesca y Ariel Schale y el politólogo Santiago Cafiero, quien desde el día anterior hacía malabares para atender de a uno a la multitud de empresarios del grupo de whatsapp “Nuestra Voz” que le escribían al exjefe de Gabinete para “tomarse un cafecito”. Sin avisar al grupo, claro.

Los banqueros fueron al grano. “¿Van a pagar los vencimientos de deuda con privados?”, preguntó uno en portuñol. “Sí. Nunca dijimos lo contrario”, respondió Todesca. “¿No los preocupan los 18.000 millones de dólares en vencimientos que hay hasta fin de año?”, inquirió otro. “Sí, Nicolás (por Dujovne) tiene un problema”, replicó Cafiero. “No, el problema lo tienen ustedes”, lo cortó en seco uno de los visitantes. El trío de albertistas asintió de nuevo. El problema, admitieron, es tanto de entrantes como de salientes.

Ahí vino el pedido explícito. “¿Y por qué no dejan a (Guido) Sandleris en el Banco Central y dan una señal de continuidad que ahuyente los fantasmas de un default?”, preguntó sin sonrojarse otro de los recién aterrizados. Schale tomó nota. El economista de la Fundación ProTejer, ex subsecretario de Comercio Internacional entre 2010 y 2011 y archienemigo de Guillermo Moreno, es a quien Fernández encargó coordinar la estrategia productiva del próximo gobierno junto a Fernando Peirano y José Ignacio de Mendiguren.

Esa estrategia tendrá como eje desarmar “la bola de Leliqs” y bajar el costo del financiamiento para las Pymes. Según las fuentes que pudo consultar BAE Negocios en la calle México, en ningún momento se barajó que Sandleris pilotee ese viraje de 180 grados.

Remes se busca

El dilema para el equipo económico albertista que empieza a despuntar en el búnker es que si Sandleris sigue sacrificando reservas al ritmo de agosto (hasta anteayer acumulaba US$ 9.000 millones de sangría), para el 10 de diciembre puede no quedar nada. El desembolso de 5.500 millones del FMI no está asegurado y las reservas netas (las que pueden usarse para intervenir en el mercado) no superan los 15.000 millones.

Pero si no interviene para cuidarlas, la cotización del dólar puede espiralizarse con la inflación y dispararse a $80 o $100 en un abrir y cerrar de ojos. Es una cuestión de especulación, no de valores de equilibrio ni de competitividad comercial. Por eso sigue latente el riesgo de otro salto, incluso aunque en términos reales el “dólar Dylan” – el que le hizo caso a Alberto y se clavó justito abajo de $60 – sea el dólar más caro desde 2007.

¿Le conviene al Frente de Todos iniciar su mandato con el dólar más alto posible?

Las opiniones en la calle México están divididas. Hay quienes creen que sí y que la severa recesión que se desató en el último año atenuará mucho el traslado a precios de la devaluación, como pasó en 2002. Con matices, coinciden en eso Matías Kulfas y Todesca. Los otros, entre ellos Axel Kicillof y el metafórico Emmanuel Alvarez Agis, advierten que la economía actual está mucho más dolarizada e indexada que aquella.

Y que otro aumento llevaría a un escenario parecido al que Hernán Lacunza definió como “por la ventana” (sic) en el machete que llevaba en su regazo cuando lo fotografiaron al entrar a la quinta de fin de semana del Presidente. Un escenario caótico, con inflación del 100% y 50% de pobreza. Un país más parecido al que gobernó Eduardo Duhalde que al que recibió después Néstor Kirchner.

El propio Fernández lo habló por teléfono con Lacunza anteayer, un rato antes de que lo fueran a visitar Todesca y Guillermo Nielsen a su flamante despacho en el quinto piso del Palacio de Hacienda. Es un equilibrio muy delicado donde, aunque sean adversarios en las elecciones de octubre, unos se necesitan a otros.

En esa charla pactaron que durante los próximos días, Lacunza insistirá en que el Central está listo para intervenir y el jefe del Frente de Todos reclamará que no le dejen vacías las arcas de Reconquista 266. Entre ambos procuran presionar al tercer actor en pugna: el Fondo Monetario. El único que puede poner los dólares que faltan para cerrar la ecuación.

Vasos comunicantes

El seminario “Democracia y Desarrollo” del grupo Clarín, donde ayer se cruzaron Macri y Fernández con apenas minutos de diferencia, probó con la misma nitidez que el charter de los banqueros, que el poder se escurre como el agua. Y que a veces lo salpica a uno antes de tiempo. ¿No es acaso un riesgo para Alberto consumir los cien días de gracia de todo presidente incluso antes de sentarse en el sillón de Rivadavia? ¿No es peligroso el desgaste del cogobierno de facto al que lo forzó una victoria tan apabullante como la del 11? ¿Alcanza con decir, como ayer, “yo soy solo un candidato”? ¿Acaso le queda otra que ejercer durante la transición ese cogobierno lo más secretamente posible?

La designación de Lacunza es en sí misma un hito de ese cogobierno tácito. A Macri le permitió avanzar con el populismo de emergencia que decidió desplegar apenas perdió las PASO y que Dujovne resistió atrincherado en el déficit cero comprometido ante el FMI.

A Fernández le abrió un canal de interlocución privilegiada: Lacunza fue durante muchos años (en la Fundación Capital y en el Banco Central) la mano derecha de Martín Redrado, el mismo que ayer Fernández reconoció ante la plana mayor de Clarín como uno de sus más asiduos consultores.

A Fernández también le aparecen insólitos aliados circunstanciales, como las petroleras. Los barones del crudo pusieron el grito en el cielo por el congelamiento preelectoral de combustibles, una puñalada que jamás esperaron del Macri que les dejó elegir al ministro del área apenas asumió. Sus pataleos judiciales contra el congelamiento irán al fondo del cajón y ellos lo saben.

Apenas procuran cubrirse con las demandas de eventuales juicios de accionistas o reguladores. Pero sí pueden prosperar las objeciones de las provincias, que entran directamente a la Corte Suprema por la Secretaría de Originarios, llamada así precisamente porque los pleitos originarios que debía resolver el máximo tribunal eran los interjurisdiccionales. Todo un reordenamiento del mapa de alianzas del poder en la Argentina.

Solo ese barajar y dar de nuevo puede albergar un festival de reconciliaciones como el que se puso ayer en escena en el MALBA, donde el casi seguro próximo presidente admitió públicamente el dato exclusivo publicado en esta columna el viernes pasado: que antes de las PASO se había reunido en secreto con el CEO del grupo Clarín, Héctor Magnetto. O como lo llamó él, con confianza, “Héctor”.

En la era de Alberto, Axel y Cristina, al parecer, Mauricio vuelve a ser Macri pero Magnetto vuelve a tutearse con el inquilino de la Rosada y a sonreír de oreja a oreja al verlo.

Deshielos

El burdo panquecazo de los jueces de Comodoro Py en las causas sobre Odebrecht y Correo Argentino son harina de otro costal. La revocación de los procesamientos de kirchneristas y de las faltas de mérito para macristas no deben entenderse como un rebalanceo del poder tribunalicio hacia el albertismo, sino como el desmoronamiento del dispositivo jurídico que consiguió armar el macrismo contra la oposición apenas asumió. “Lo que estás viendo es el deshielo. De vez en cuando se va a romper un bloque grande, pero el goteo es continuo”, graficó poético un operador que gasta sus suelas en la calle Talcahuano.

Lo sabe también Marcelo Mindlin, prócer del lobbying criollo desde los años ’90, quien anteayer pasó la mañana como un ajedrecista en dos mesas simultáneas del Dashi de Figueroa Alcorta. En una de ellas desayunaba el gerente institucional del Grupo América, Gabriel Hochbaum. En otra, contigua, el bodeguero Nicolás Catena. Toda gente que recalibró sus afinidades políticas antes del 11 de agosto. Igual que Magnetto.

Son reflejos veloces del capital, un talento que no reconoce fronteras. El mismo del que hizo gala en su edición de esta semana la revista inglesa The Economist, que publicó un réquiem despiadado para Mauricio Macri titulado “Los límites de la tecnocracia”. A rey muerto, rey puesto.

VIAPublicado en Bae Negocios
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