Alfonsín, un líder conciliador que modernizó nuestra Argentina

Hace 25 años nuestro país vivía un punto de inflexión en su historia política. Once años después de la vuelta a la democracia, 305 Convencionales Constituyentes concluían la Reforma Constitucional.

María Teresa Celada, concejal de Resistencia.

Por María Teresa Celada

Para entonces, dos líderes protagonizaban la arena política de Argentina. Por un lado, el Dr. Raúl Alfonsín era reconocido a nivel internacional por su accionar político como primer mandatario de la República, promoviendo el respecto por los derechos humanos, la institucionalidad y el consenso.

Por otro lado, Carlos Menem había consolidado su liderazgo regional por las políticas económicas de la época y el acompañamiento del Congreso Nacional en materia interna.

Asimismo, debemos reconocer la gran madurez con la que los Convencionales Constituyentes, quienes más allá de responder a diferentes ideologías y pertenecer a distintas generaciones, comprendieron que era el momento de situar al país a la altura de las grandes potencias mundiales.

Por eso las modificaciones que se debatieron fueron respecto a Derechos Humanos, la consolidación de mecanismos democráticos, mayor federalismo y control sobre el Estado, se encontraban en el camino de la consolidación de la democracia. Aunque como buena alfonsinista debo decir que esto se concretó gracias a la intervención de Raúl.

Para muchos, Alfonsín entregó el poder a Menem, lo cierto es que, como buen estadista, el entonces presidente de la UCR, pensaba en el bien de muchas generaciones que él no conocería. Supo leer el momento y diagramar el futuro, por supuesto que para ese entonces parecería que Menem sólo buscaba su reelección, por eso en conjunto a su partido Alfonsín estableció ciertos puntos que también debían ser tratados en la Reforma.

Ahora bien, ¿existe hoy la posibilidad de modificarla? La realidad es que no, esto se debe a que no existe una mayoría agravada en ninguna de las Cámaras que pueda impulsar este proyecto, pero si existieron quienes lo intentaron al finalizar su mandato.

Como Carlos Menem en 1998, que pretendía imponer un régimen parlamentario en donde la gobernabilidad del presidente se veía atenuada por la figura de un posible primer ministro que lideraba la oposición. También lo intentó el Kirchnerismo en 2013, cuando pretendían una re re elección de Cristina Fernández al encontrarse sin una figura fuerte de cara a las elecciones de 2015.

Lo cierto es que tenemos una constitución modelo a nivel mundial, donde se ven reflejados los derechos y garantías del pueblo argentino, modelo de republicanismo y división de poderes, sólo falta que quienes ostentan a corromperlo y sacar ventajas den un paso al costado y dejen ser libre de intereses personales a la Patria.

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