No se enojen: Calvo tiene un argumento

Diario Financiero publicó la semana pasada un reportaje a Guillermo Calvo. ¿Precisa presentación? Por las dudas: es uno de los economistas más prestigiosos del país, hoy enseña en la Universidad de Columbia (Ivy League), publicó decenas de libros y, además, predijo la crisis del tequila, allá por mediados de los ’90.

Alejandro Radonjic.

Por Alejandro Radonjic *

En la entrevista, además de las críticas a la gestión económica de Mauricio Macri (lo que no genera grandes polémicas y hay consenso en que no fue buena, siendo generosos), habló de 2020 y los enormes desafíos que trae consigo el año poselectoral. Básicamente, la economía debe seguir bajando. Allí aparece una primera polémica porque el Gobierno lo sabe y eso mismo está haciendo, ¿pero también lo sabe el kirchnerismo? Calvo descuenta que incluso el Frente de Todos ajustará. Debatible.

Más allá de eso, la hipótesis más polémica de don Guillermo, que suscitó la “furia amarrilla”, es cuando dijo que un ajuste K sería más creíble que un ajuste M y, por ende, el “delivery” podía ser mayor. Se transcriben las últimas respuestas del reportaje.

“No estoy a favor de Cristina ni de su gente, pero debo reconocer una cosa: si sube Cristina, ella puede mirar para atrás y decir “miren el lío que nos dejó este hombre y hora yo tengo que hacer el ajuste que él debió haber hecho y que no hizo”. La ventaja de la izquierda en esas situaciones es que la oposición es la derecha, y ellos hacen política de derecha (…) De repente Cristina es lo mejor que le puede pasar al país, curiosamente (…) Porque va a aplicar el ajuste con apoyo popular, culpando al gobernante previo”, dijo Calvo.

“Un Gobierno con Cristina puede ser más creíble que el de Macri, que va a subir con muy pocos votos marginales, teniendo minorías y sin la capacidad de decir ‘lo que hice estuvo mal’. El ajuste que él haga va a ser en principio muy malo. Macri va a necesitar a una persona de prestigio, pero no sé si esas personas van a querer ser parte de su gobierno. Está muy quemado”, agregó, acto seguido.

Por cierto, Calvo no es kirchnerista y su compromiso es pensar. Las huestes amarrillas se enfurecieron porque, creían, “le hacía el juego a los kirchneristas”. Como José Luis Espert. Un afamado militante amarillo catalogó la idea de Calvo “como una de las declaraciones más aberrantes de todos los tiempos”. Son fanáticos que no admiten que un economista “del palo” diga eso y no se encolume, sin más, detrás de Macri. Traición imperdonable. “Dejar de seguir”.

Más allá de eso, ¿se han puesto a pensar en lo que dice? Es el punto, ¿no? Discutir argumentos. Macri puede ganar las elecciones, pero no la tendrá fácil. Ese es el punto de Calvo, desde una óptica en desuso: la economía política.

Macri estará lejos de tener la suma del poder público y traerá cuatro años durísimos de incertidumbre y descapitalización de las familias: menos empleo, menos ingresos y más pobreza. No habrá “luna de miel” o será más breve que de costumbre. Su baja imagen positiva, más allá de la mejora marginal reciente, es un corsét en un sistema hiperpresidencialista. Enfrente tendrá un peronismo abroquelado. ¿O lo quebrará guel Angel Pichetto?

En aras de la estrategia electoral, se han roto casi todos los puentes con el sindicalismo también. Es la frazada corta de la polarización: cubrís 2019 (te enfrentás con un actor impopular para sumar votos), pero llegás destapado y sin alianzas para 2020. En suma, es plausible que Macri tenga poco poder para reformar en 2020. “Si gana Macri, estará muy apretado entre los de afuera que apostaron por el para que reforme y los de adentro, que van a resistir el ajuste y las reformas”, dice Lucio Guberman ante El Economista.

A su favor, dice Julio Burdman, tiene el apoyo del tándem Casa Blanca y FMI. ¡Go Trump! En otras palabras, financiamiento. “Pero Alberto va a tener más sustentabilidad doméstica: más holgura en ambas cámaras del Congreso; el apoyo de los gobernadores; más capacidad de generar apoyos sociales y sindicales; el voto de los pobres y, por ende, más capacidad de implementar políticas, aun las más difíciles”, agrega Burdman.

No parece haber tanto plafón para, como dijera Macri, “acelerar todo lo posible”. Sin ir más lejos, hasta en Balcarce 50 algunos funcionarios piden “hacer la plancha” en 2020. Darle aire a la economía para que crezca un tiempo y la rueda empiece a girar. Además, aflojar tensiones tras un año (o una década) de hiperpolarización, y no sumar nuevos elementos que tensionen y agiten “la calle”. Esas voces oficiales sugieren, también, solo hacer las reformas si tienen consensos previos.

En el accidentado cambio de fórmula previsional de diciembre de 2017 (lejísimos de una reforma integral) casi queman el Congreso. Se pensó que el mandato que había emanado de las urnas, unas semanas antes en las legislativas, suponía vía libre para eso. Error. Se necesitan votos y poder, seguro, pero consensos previos también.

Después de todo, Calvo no parece estar tan equivocado.

 

(*) Jefe de Redacción del diario El Economista

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