Infiltraron a la economía para seguir endeudándola

Cuando un deportista está lesionado y debe enfrentar una competencia decisiva puede acceder a una infiltración en la zona de su cuerpo afectada para evitar el dolor. Un caso célebre fue el del tobillo izquierdo de Diego Maradona en el Mundial de 1990 para enfrentar a Brasil, Yugoslavia, Italia y así poder extender su participación hasta la final de la competencia con Alemania.

Mariano Kestelboim, economista.

por Mariano Kestelboim

El tratamiento médico permite mitigar los síntomas de la lesión, pero no superar el daño. Y también puede generar efectos colaterales no deseados, especialmente cuando se abusa de las infiltraciones, como úlceras, artrosis, o depresión de las glándulas suprarrenales e inclusive puede agravar la falencia original.

Algo similar le viene ocurriendo a la economía argentina en los últimos años. Los funcionarios nacionales abusan de la frecuencia de las dosis de anestesia y las aplican en creciente cuantía. Después de las sucesivas emisiones de deuda externa y subas extraordinarias de tasas de interés (Argentina es el país que más se ha endeudado en los últimos tres años y medio y que paga la más alta tasa de interés real del mundo), la última gran infiltración consistió en cómo cumplió la pauta de resultado fiscal con el FMI.

El déficit fiscal primario, según el Ministerio de Hacienda, se revirtió, en el primer semestre de 2019, y el país alcanzó un superávit equivalente al 0,1% del PBI. Sin embargo, el resultado fiscal total, incluyendo el pago de intereses, registró un déficit equivalente al 1,3% del PBI. En el mismo semestre de 2018, el déficit primario había sido semejante al 0,7% del PBI y el total había trepado al 1,7%. Si bien Argentina pudo alcanzar mejores resultados fiscales en el último semestre, lo importante es observar cuál fue el costo asumido y su sustentabilidad.

En el costado de los gastos e inversiones del sector público nacional, se aprecia que, por caso, la masa salarial subió un 32,9% y la partida de jubilaciones y pensiones aumentó un 35,5%; con una inflación del 54%, según el INDEC para el mismo período (primer semestre de 2018 en relación al primer semestre de 2019), el ajuste real fue muy fuerte. Ahora bien, el deterioro de las condiciones de vida no se resume a la comparación entre ambos porcentajes.

La cantidad de jubilados, pensionados y asalariados públicos crece anualmente en una proporción bastante similar al crecimiento poblacional (todavía no hay datos completos del primer semestre de 2019). En consecuencia, la cantidad de recursos debe repartirse entre más personas.

Además, los precios de los bienes y servicios indispensables (servicios públicos, alimentos, combustibles y remedios) aumentaron en una proporción mucho más elevada que la inflación calculada por el INDEC y tienen una participación creciente en el presupuesto de los hogares de destino.

Pero la partidas más comprimidas fueron las de inversiones. En esencia, mejorar la infraestructura es central para poder crecer de forma sustentable. De hecho, en el relato del gobierno, esa idea es un eje de peso. Sin embargo, el gobierno viene haciendo lo contrario con tal de conformar al FMI y así recibir más deuda.

El gasto de capital aumentó apenas un 27,8%, con partidas muy sensibles donde las reducciones reales fueron muy potentes: agua y alcantarillado (nominalmente, la inversión solo aumentó un 25%), vivienda (15,7%) y, en educación, la partida registró un increíble retroceso nominal del 27,2%. O sea, esa inversión básica para sostener la calidad y la universalidad de acceso a la educación cayó, en términos reales, un 52,7%.

Para tener una idea más aproximada del esquema de prioridades del gobierno, como contrapartida del “ahorro” conseguido, podemos comparar la evolución de esas partidas con la del gasto en intereses de deuda. El desembolso en el mismo lapso fue de $317.423 millones y así creció un 118,4%, más del doble que la inflación.

En tanto, el Banco Central pagó intereses solo en concepto del Leliqs a las cuentas de los bancos por alrededor de $250.000 millones durante el mismo período. Así, en intereses, el gobierno nacional pagó casi 2,5 veces más que en salarios de toda la administración pública nacional (incluye a maestros, médicos, enfermeros, policías, personal administrativo, entre otros rubros).

El desmadre para cumplir con el déficit primario cero prometido al FMI (sin límite para el pago de intereses) no sólo implica peores condiciones de vida actuales y futuras por la compresión de la inversión, sino también que socava la capacidad de producción y, en especial, de exportación del país.

Entre los ingresos del sector público nacional, el rubro que, por lejos, más creció y que más contribuyó para alcanzar la meta fiscal fue el de las retenciones. Esas mismas que, antes de asumir, el gobierno nacional denostaba. El mayor drama es que los actuales derechos de exportación son indiscriminados, así hasta las pymes que generan más empleo, poseen desarrollos tecnológicos más sofisticados y distribuyen más ingresos también las deben pagar y les resta competitividad.

Sobre este concepto, la presión impositiva aumentó nominalmente un alarmante 355% y así trepó a $139.109 millones. De hecho, sin contar el incremento de las retenciones, el resultado fiscal primario hubiera sido aun peor que el del primer semestre de 2018.

Esa es la anestesia que viene permitiendo el fluido ingreso de capitales por deuda. En el ínterin, con estas políticas sustentadas en el blindaje mediático, el gobierno mantiene sus chances para competir en las elecciones. Como a Diego, nos están cortando las piernas.

VIAPublicado en Bae Negocios
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