“Hay serias chances de que la elección se defina en primera vuelta”

Mario Riorda, especialista en comunicación política, señala que la campaña de Macri busca compensar el voto económico, que favorece a la oposición, con un voto ideológico. Afirma que, mientras Juntos por el Cambio puede ganar votantes hacia la derecha, el Frente de Todos puede hacerlo hacia el centro.

Mario Riorda.

“El oficialismo evidenció que hoy le es mucho más sencillo crecer por derecha que crecer por el centro. En ese sentido, la solidificación de cualquier discurso, de cualquier medida que impacte en un votante conservador es muy importante para Juntos por el Cambio”, dijo a PáginaI12 Mario Riorda, especialista en comunicación política. A lo largo de la entrevista, el presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales (Alice) también analizó la campaña del Frente de Todos y el rol de los espacios de Roberto Lavagna y José Luis Espert.

-¿Cómo cree que está trabajando el discurso Juntos por el Cambio de cara a las próximas elecciones?
-En particular llamo a esta campaña “la campaña del miedo invertido”, ya que en 2015 Cambiemos denunciaba al FpV por el uso de la campaña del miedo y ahora está utilizando aquella misma estrategia.

– ¿Está siendo efectiva la utilización de este tipo de discurso para Juntos por el Cambio?
– Así como fue eficaz, aunque tardío, para el FpV en 2015, se está evidenciando eficaz de modo temprano para Juntos por el Cambio. Funciona en tanto y en cuanto el voto del miedo se corresponde a un miedo ideológico frente a opciones dicotómicas en torno a temas que tienen que ver con presente/pasado; populismo/republicanismo; buenos vs. malos, honestos vs. corruptos.

-En ese sentido, ¿qué riesgo puede traer que el discurso de Juntos por el Cambio y la campaña en general se monten sobre discusiones de corte moral?
-Lo que hace ese tipo de discurso es agrupar ideológicamente a un sector que, aún desencantado con la gestión del Gobierno, decide volver a votarlo porque representaría “un mal menor”. Algunos de esos clivajes que se ofrecen se suponen más importantes y significativos que un mal desempeño gubernamental. Los riesgos de llevar la discusión a esos términos son el aumento de la polarización, y de lo que en ciencia política se denomina: hiper ideologización. A la vez, mientras más dual y hostil es la campaña, más puentes se rompen para lo que curiosamente el Gobierno propone como futuro que es gobernabilidad para llevar adelante grandes reformas para las que necesitará acuerdos legislativos.

-¿Que significa la incorporación de los peronistas como Miguel Ángel Pichetto al frente de Juntos por el Cambio?
-Se busca generar una polarización más simétrica, ya que la polarización arrancó muy favorable para el Frente de Todos. Pero, por el otro lado, también se pretende demostrar que Juntos por el Cambio tiene capacidad de articulación, de heterogeneidad y de diálogo. Esto apela a su electorado siempre y cuando se vea como una apertura, como el intento de lograr mayor gobernabilidad.

-¿Ve la presentación del Servicio Cívico en Valores como una estrategia de campaña para apelar a los votantes más duros de Cambiemos?
-Sí, desde todo punto de vista. El oficialismo evidenció que hoy le es mucho más sencillo crecer por derecha que crecer por el centro. En ese sentido, la solidificación de cualquier discurso, de cualquier medida, de cualquier hecho simbólico que impacte en un votante conservador es muy importante para Juntos por el Cambio. En cambio, el Frente de Todos sólo puede crecer hacia el centro.

-¿En ese sentido los espacios de Roberto Lavagna y José Luis Espert qué peso tienen en estas elecciones?
-Son muy significativos. Los dos espacios están sumando juntos valores de entre 12 y 14 puntos. Eso significa que es un fenómeno más grande de lo que Juntos por el Cambio y el Frente de Todos quisieran. Espert le saca de forma exclusiva votos a Cambiemos. En ciencia política eso se llama “candidato spoiler”. En el caso de Lavagna se supone que no es un candidato spoiler, les resta votos a ambos.

De todos modos es bastante inimaginable que puedan achicarse a valores insignificantes en las primarias. Evidentemente, el resultado de las PASO puede consolidar un voto estratégico mucho más importante de cara a la primera vuelta. Las PASO se aproximarán a ser lo que simbólicamente represente una primera vuelta y la primera vuelta pasaría a ser lo más parecido a un ballottage.

-¿Cree que la elección se podría definir en primera vuelta?
-Hay serias chances de que eso suceda.

-¿Considera que hay un exceso de “coucheo” en la campaña del Gobierno?
-No. A ese fenómeno lo llamo “orquestación de las voces” y en ese sentido en Juntos por el Cambio hay mayor coherencia discursiva, siempre es más fácil ordenar el discurso siendo oficialismo. Pero en el marco de la oposición pasa exactamente lo contrario, hay una heterogeneidad del habla significativa porque hay actores de peso histórico, actores de peso reciente y también hay pesos regionales. En el marco opositor hay mucha dispersión y hasta incoherencia discursiva. Esto puede tener que ver con los niveles de profesionalización de cada campaña.

-¿Qué lugar ocupa en estas elecciones el factor económico? ¿Funciona el intento del Gobierno de mostrar que hay cierta “calma” en la economía?
-La “economía calma” y el “dólar estable” lo que hacen, a lo sumo, es aquietar y generar una especie de meseta electoral. Si existe un voto económico, es mucho más favorable para la oposición que para el oficialismo. En todo caso, el voto económico -que es altamente significativo- Juntos por el Cambio está intentando compensarlo con un voto ideológico.

-¿Cómo analiza la campaña que ambos frentes están llevando adelante en Provincia de Buenos Aires?
-Sucede algo similar a lo que vemos en la campaña nacional, pero de forma más polarizada. Una de las fichas más importantes de la campaña del miedo es la de Axel Kicillof. La idea del marxismo cultural es muy dominante a nivel internacional y creo que en ese sentido Kicillof es el blanco preferido de las críticas. Juntos por el Cambio, en provincia, apelará a la propia imagen de Vidal, a intentar posicionar mucho más su figura individual separándola del gobierno nacional. El oficialismo necesitará lo que se llama “voto de arrastre invertido”, es decir, un tipo de voto que arrastre de abajo hacia arriba y sin propiciar el corte. En cambio, el Frente de Todos deberá estar mucho más pendiente de la tracción del voto arrastre clásico, que es de arriba hacia abajo.

-¿Cómo ve el discurso de Alberto Fernández? ¿Cree que su perfil más conciliador ayuda al Frente de Todos?
-La fórmula conciliadora tiene que ver con diferenciarse de las formas del pasado. El kirchnerismo tuvo muchas críticas y votos en contra por sus “formas”. Alberto tiene la necesidad imperiosa – desde el punto de vista electoral – de correrse hacia el centro y todo aquello que minimice el rechazo a las formas clásicas del kirchnerismo es algo positivo. Alberto está en un desafío bastante interesante porque paralelamente también tiene que conseguir el 100 por ciento del voto kirchnerista.

-¿Sirve al Frente de Todos que la figura de Cristina no esté en el centro de la campaña?
-Desde mi punto de vista, sirve. Alberto tiene que retener el 100 por ciento del voto kirchnerista y, si lo consigue, mientras más se minimice el rol de Cristina más chances tiene de ganar. Sin embargo, aún quedan grandes definiciones por tomar, cómo por ejemplo decidir si opacar o no totalmente la figura de Cristina, cómo jugar con los actores del peronismo clásico… Son definiciones que están en una nebulosa dentro del Frente de Todos, o si se han tomado aún no se reflejan de modo claro hacia afuera.