De carne éramos

La inventiva de Rudy y Daniel Paz mostró el viernes pasado, en Página 12, un diálogo de dos hombres acerca de lo terrible que está el espionaje. Uno de ellos cuenta que le llegaron las conversaciones telefónicas de Dujovne con Lagarde, y que lo único que se escucha es “Sí, señora... Sí, señora... Sí, señora”.

Eduardo Aliverti.

Por Eduardo Aliverti

Se complica percibirlo como un chiste. En todo caso, genera una sonrisa de fastidio, de resignación, de saber que el asentimiento repetitivo es, incluso, más veraz que verosímil. ¿O no es cierto que hasta los propios economistas del establishment admiten el corsé inamovible del pacto con el FMI? Fue el mismo Macri quien reconoció haber sido “autorizado” por el organismo para asignar un 0,1 por ciento del presupuesto a partidas de asistencia social.

La pérdida de soberanía monetaria es estremecedora pero, como si eso no bastase para sentir una vergüenza profunda, ni apenas alcanza para que hagan bien los deberes (se aclara por enésima vez que hablamos de la conducción política del modelo y no de lo fantástico que les va a sus negociados internos y externos).

Cualquier dato y declaración que se tomen muestran a la desconfianza internacional en Argentina creciendo sin freno. El último desembolso del Fondo, por 10.870 millones de dólares, debe usarse en teoría para engrosar las reservas y jamás con el fin eventual de emplearlo contra corridas cambiarias.

El Gobierno pretende que lo segundo sea una imposición flexible, pero es el propio FMI quien no acepta que sus recursos sean utilizados para frenar al dólar y financiar la fuga de capitales.

La pregunta robustecida es cómo se pagará el muerto del endeudamiento externo más colosal que haya sufrido el país. Desde fuentes cambiemitas se dejó trascender que habría posibilidades de un préstamo extraordinario del tesoro estadounidense, por 20 mil millones de dólares, con el objeto de que por lo menos se garantice el pago de la deuda en 2020.

Puro humo, desactivado de inmediato desde Washington. Lagarde advirtió que la economía global se desacelera, y el Banco Mundial previno que quienes más sufrirán son los países expuestos al acogotamiento de sus divisas. Teléfono.

Lo tragicómico se presenta a través de las tres partes que el gobierno argentino ofrece como respuesta general a cuanto ocurre en la economía.

Una explicación, la más cínica, remite a las tormentas exteriores, como si las autoridades locales no fueran responsables de con qué previsión y cuáles herramientas se prepararon para enfrentarlas.

La segunda, la más desopilante, habla de que todo se agrava por la amenaza de un retorno kirchnerista, como si la posibilidad de que eso suceda no estuviera en relación proporcional al desastre autogenerado.

La tercera, la más insoportable, se limita a insistir con que “es por acá” sin una sola argumentación empírica, ni presente ni próxima, como si se tratase de esos factores mágicos contra los que tanto despotrican (a propósito de densidades técnicas, mínimas: ¿puede ser que no haya un solo colega, uno, entre quienes acceden a notas con altos funcionarios y que tan urgidos estaban en el gobierno anterior por querer preguntar, capaz de llevarse un ayuda-memoria con anotaciones sobre vencimientos de deuda externa o estructura de formación de precios? O acerca de la desaparición activa de las áreas de Trabajo y de Comercio Interior, al menos).

En medio de la escalada inflacionaria, sumada al aumento de la pobreza, el desempleo y la brecha de ingresos entre ricos y pobres, que “es por acá” como única cantinela ya problematiza seriamente la estructura aliancista de Cambiemos.

Macri se ve obligado a recomponer el frente interno con los radicales, que en principio fueron convocados a una mesa chica para la única promesa de no enterarse por los diarios de las medidas oficiales. Es otro síntoma de debilidad gubernamental.

El solo hecho de que se mencione la probabilidad de compartir fórmula con la UCR está bien lejos de las aspiraciones originales, pero el macrismo necesita hoy cierta estructura territorial – ¿la garantizan aún los desvencijados correligionarios? – e imagen de unidad con aliados que se fumó en pipa.

¿Para qué podría servir eso en una crisis acentuada? ¿Y por qué los radicales se prenderían a acompañar al PRO hasta la puerta del cementerio? Si afirman que la discusión no es por cargos, ¿cuáles medidas los satisfarían dentro de un esquema ideológico que no permite ninguna de dirección popular?

El Extonerlligate, que compromete cada día más a las esferas del Gobierno si por tales se entiende a su armazón de jueces y periodistas, agrega combustible de descomposición institucional. Y acaba de incorporarse lo que parece todavía más grave, porque las revelaciones de Giselle Robles, ex abogada del actor Alejandro Fariña, comprenden directamente al ministro de Justicia.

Germán Garavano ni siquiera pudo sostener una desmentida convincente, sobre haber participado en el coucheo del histrión para perjudicar a CFK.

Si se lo ve desde la perspectiva de impacto público, es posible que el affaire haya redundado en el discurso reaccionario de la antipolítica. Ese berreta “son todos iguales” que, frente al tema, supondría un empate entre la repercusión de la causa fotocopias y lo amplificado a partir de un Marcelo D’Alessio del que ahora nadie tenía la menor idea, un fiscal Stornelli del que todos huyen despavoridos y unas futuras revelaciones que harán continuar las firmas.

Pero, visto desde el horizonte electoral, el escándalo le pega al macrismo en su línea de flote porque la falsedad del republicanismo y la lucha contra la corrupción resulta, quizá, herida de muerte.

Es así que en materia gestual y discursiva, además de las frases infantiles del Presidente o de Dujovne arriesgando otra vez que lo peor ya pasó, sólo parecen quedar los papelones incalificables de Patricia Bullrich en sus pasos de comedia.

La patria mediática oficialista, cuyo rating se va a la B, guarda un silencio tan previsible como repelente frente a los escándalos acumulados. Ya teníamos los mapuches armados hasta los dientes por la inteligencia inglesa, los iraníes infiltrados, los venezolanos violentos, el turco sospechoso que pasaba por una manifestación.
La semana pasada se juntaron los artistas chilenos que viajaban al congreso de la Lengua; los futbolistas pakistaníes deportados; la campeona olímpica colombiana retenida en el aeropuerto de Mendoza. Todos potenciales terroristas, desde ya. Como los pibes de la comunidad musulmana encarcelados durante 22 días por una denuncia de la DAIA, sobreseídos.

¿Cuánto tiene esto de gracioso y cuánto de intimidación horriblemente burda y peligrosa?

El ninguneo mediático también se dio ante la multitud reunida frente al Congreso, el jueves, que tuvo el valor agregado de reproducirse en las ciudades principales y siendo que no había acto central, ni oradores, ni conducción unificada. Justamente por eso resaltó destacable la energía de concurrir mientras adentro del recinto el macrismo volteaba, entre otros, los proyectos para poner límite de tarifazos y eximir del pago de ganancias a los jubilados.

Se juntó afuera un popurrí de organizaciones gremiales, movimientos sociales y agrupaciones varias, que en casos como el de la ¿dirección? cegetista continúan pelando margaritas y en otros persisten en la lucha.

Para los medios solamente existió que hacia la noche hubo amenaza de acampe y otro espantoso espectáculo de una mujer, vendedora ambulante, detenida por la policía porque estaba cuidando bártulos de quienes manifestaban.

Esa Argentina de la burbuja cambiemita es el país de las vacas, donde el consumo de carne cayó a su nivel más bajo en los últimos 50 años.
El mismo período en que nunca se había visto un equipazo como el que gobierna.

VIAPublicado en Página 12
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