El tour mágico y misterioso, la vigilia del contador y el Fondo contra la Corte

La grata sorpresa que les dio Mauricio Macri a los empresarios de la comitiva, al aparecer en el cóctel que organizó Gabriel Martino en el último piso del Taj Mahal Palace, no alcanzó para aventar la impresión entre la mayoría de los asistentes de que la gira por India y Vietnam fue bastante improvisada.

Alejandro Bercovich, periodista económico.

Por Alejandro Bercovich

Desde el punto de vista de los negocios, al menos, el viaje del Presidente no estuvo antecedido por una avanzada diplomática ni por la minuciosa labor de inteligencia comercial que suelen desplegar las naciones desarrolladas antes de una gira así.

Resultados al canto: lo poco de concreto que hubo en los acuerdos sellados con Narendra Modi fue un compromiso de compra de verduras, frutas y hortalizas. Con los herederos de Ho Chi Minh no fue mucho mejor. Y encima hubo que prometerles acceso al deprimido mercado local de electrodomésticos.

Los veteranos de antiguas giras presidenciales sí reconocieron como un acierto la elección del destino: dos países que crecen mucho, no alineados con la nueva ola proteccionista norteamericana y complementarios productivamente con la Argentina. A India y Vietnam, por ejemplo, Vicentín y Aceitera General Deheza (AGD) les venden aceite de soja procesado en Argentina, mientras China importa el poroto que muele en sus gigantescos puertos costeros meridionales.

Un paso de agregación de valor cuyo impacto en el empleo es ínfimo, pero cuyo aporte a la balanza comercial en tiempos de presión cambiaria no puede despreciarse.

El problema, diagnosticaron por teléfono ante BAE Negocios tres de los ejecutivos que volaron a Oriente con Macri, es que nadie del Gobierno piensa la inserción internacional en esa clave de valor agregado. Quedó claro de solo ver la lista de quienes viajaron.

Mientras el secretario de Agroindustria Luis Miguel Etchevehere fue acompañado por siete personas, entre funcionarios y equipo, el viejo Ministerio de la Producción – que ahora engloba a Agroindustria, pero que mantiene su estructura propia en el edificio de Diagonal Sur y Alsina – apenas pudo colar a Juan Pablo Trípodi, el presidente de la Agencia de Inversiones y Comercio Internacional.
No solo brillaron por su ausencia Dante Sica y su equipo más cercano. Ni siquiera hubo delegados de la Secretaría de Comercio Exterior, el ámbito natural donde se planifican misiones así.

Etchevehere compartió el viaje con Daniel Pelegrina, su sucesor en la presidencia de la Sociedad Rural, donde empiezan a resonar lamentos por las tasas de interés a las que los productores tuvieron que financiar los gastos de la última siembra.

Gustavo Grobocopatel celebró los convenios que firmó Macri, se mostró especialmente entusiasmado por las hortalizas y evitó referirse a los problemas que, admite en privado, son muchos más de los que quisiera. Los que se volvieron con caras largas son los que trabajan en rubros más tecnificados, como turbinas y reactores. “Si fuera por Etchevehere solo exportaríamos granos de soja y ganado en pie”, comentó uno de ellos.

Corpore sano
Macri procuró cuidar cuerpo y alma durante su tour mágico y misterioso. A varios empresarios les llamó la atención la nutrida delegación de asistentes que rodeaban en todo momento a Juliana Awada y a sus dos hijas (además de Antonia Macri fue Valentina Barbier, la mayor), pero también la disciplina con la cual el Presidente acudió al gimnasio todos los días.

La nota de meditación -para desagrado de los más católicos del gabinete- la dio la reunión con la directora de Relaciones Internacionales de la Fundación El Arte de Vivir, Rajita Kulkarny.

Quizás por esa entrenada relajación, el pedido de procedimiento preventivo de crisis (PPC) que formalizó la mayor embotelladora de Coca-Cola del país no crispó los nervios del Presidente. Tampoco el que inició Avian, la filial local de Avianca que dirige el expiloto de la familia presidencial, Carlos Colunga. Ni siquiera lo alteró la dinámica ascendente de esos procedimientos de crisis, que las empresas inician para evitar despidos pero que por lo general incluyen recortes salariales o empeoramiento de las condiciones de trabajo en ellas.

En 2016 lo pidieron 55 compañías. En 2017 fueron 84. Hasta el 20 de noviembre de 2018, según el informe escrito que giró ese día Jefatura de Gabinete al Congreso, ya había presentados 123 trámites.

“Esto muestra cómo se achica el mercado interno y la disociación entre la producción y el Banco Central, que ahora volvió a subir la tasa de interés”, opinó ayer ante este diario el presidente de la UIA, Miguel Acevedo.

A los equipos técnicos de la central fabril los alarmó otro dato: la disparada de la morosidad en la industria. La cartera de créditos a las fábricas que no se paga sigue siendo baja, pero saltó del 0,8% al 2% entre octubre de 2017 y octubre de 2018. Lo mismo que en el comercio. En el total de la economía, la morosidad trepó del 1% al 1,8%.

La percepción no es la misma en el gabinete. “Es lo que pasa con la industria manufacturera. Después está la industria del software, la industria del turismo, la industria de la energía y todas las demás”, chanceó uno de los tres ministros del área económica cuando BAE Negocios lo consultó sobre la parálisis fabril de la que dio cuenta el INDEC.

Del FMI a la CGT
La misión del FMI, en tanto, completó ayer una ronda de contactos formales e informales que incluyó mucha más gente que la que anunció el organismo mediante comunicados y voceros.

En una de esas reuniones con economistas que eligió mantener en secreto, el jefe de sus enviados, Roberto Cardarelli, admitió que la inflación que proyecta el staff para todo 2019 es del 27% y no del 23% como figura en sus papeles. Pero también auguró que la recesión va a ser menos severa de lo esperado: 0,4% de caída del PBI en vez del 0,5% que escribieron en la carta de intención de octubre.

Más que por el súbito recalentamiento del dólar, que el Banco Central logró contener sin vender reservas aunque a costa de una suba del 6% solo durante febrero, el economista italiano se mostró preocupado por dos factores: el fallo de la Corte Suprema que ordenó a la Nación pagarle a San Luis unos $15.000 millones de coparticipación mal liquidada y la incertidumbre electoral, que podría disparar la fuga de divisas en los meses previos a la elección.

Lo primero promete un próximo capítulo pronto, porque Santa Fe copió la presentación de San Luis a fines de noviembre y la del socialista Miguel Lifschitz es por el triple de plata que la de los Rodríguez Saá. Lo segundo muestra la desconfianza del Fondo en la reelección, incluso aunque Cardarelli no se convence de que alguno de los candidatos en danza se le pueda imponer a Macri en un eventual balotaje.

El secretario general de la CGT, Héctor Daer, agregó otro dato ayer, por Radio Con Vos, donde reveló que los enviados del Fondo “se mostraron asombrados por la inflación de enero”. Fue tras el encuentro al que también asistieron Gerardo Martínez, Jose Luis Lingieri y otros dirigentes, mientras Hugo Moyano encabezaba en Ferro un acto del ala más combativa del sindicalismo.

Llamativa coincidencia: con diferencia de horas, tanto Moyano como Daer coincidieron textualmente en que “tanto Lavagna como Cristina podrían encabezar un frente que vuelva a unir al peronismo”.

El ministro del área económica consultado no comparte la preocupación. “Si quisiéramos, el dólar estaría a $34 y la inflación abajo del 1,5% mensual. Pero no queremos otra vuelta de apreciación cambiaria”, insistió. El problema es que el tipo de cambio competitivo tras un shock de deuda en dólares como el de los últimos años termina por morderse la cola.

Así como en enero el resultado fiscal primario (antes del pago de deuda) fue superavitario y cuadruplicó el del mismo mes del año pasado, el financiero (tras el pago de intereses) fue deficitario y más que duplicó el déficit de enero de 2018.

Memoria y balance
La expectativa electoral del oficialismo y sus simpatizantes, en rigor, no pasa por una recuperación económica sino por lo que ocurra en otro territorio: Comodoro Py. Allí, este jueves, el ex contador de los Kirchner, Víctor “Polo” Manzanares, denunció que parte del dinero negro de Néstor Kirchner que admitió haber manejado durante su gobierno por encargo del también extinto Daniel Muñoz fue a parar a las manos de Sebastián Eskenazi, heredero del Grupo Petersen. La empresa, inmediatamente, lo negó mediante un comunicado.

Como está preso desde hace más de un año y medio y hasta ahora no había hablado, muchos en el ambiente judicial especularon con que su decisión de ofrecerse como “arrepentido” al fiscal Carlos Stornelli y al juez Claudio Bonadío tenía que ver con las encuestas.
Arriesgaban que el contador daba por descartado un cambio de rumbo político en octubre y que por ello temía una larga estadía tras las rejas.

Dos fuentes que conocen a Polo desde chico y que mantienen contacto con su familia expusieron ante este diario otra versión. “Se enteró de que la esposa, Daniela, una hija de una familia histórica de allá, está empezando otra relación. Lo sospechó desde el principio por su reticencia a volar a Buenos Aires para visitarlo. En casi dos años, solo lo visitó dos o tres veces”, dijo una de las fuentes.

“Piró y se puso místico. Empezó a llamar hace varios meses a sus amigos de Río Gallegos que se juntaban a jugar al póker. Habla todos los martes en altavoz con todos. Les dice que los extraña y pide perdón. Lo quebraron emocionalmente y va a decir cualquier cosa”, amplió la otra.

Será cuestión de que aparezca, de una vez, algún rastro del dinero. Por ahora, el contador sigue jugando al poker.