Davos ya se olvidó de Macri: el mundo VIP duda de su reelección

Las prolongadas vacaciones que se tomó el Presidente no paralizaron a sus emisarios ante el establishment. Repartidos entre Punta del Este y la Patagonia, por turnos, ministros y asesores dedicaron sus respectivas escapadas de enero a convencer al círculo rojo de que Mauricio Macri no tiene el boleto picado y a exhibir encuestas, números y argumentos que apuntalan la hipótesis de su reelección.

Alejandro Bercovich, periodista económico.

por Alejandro Bercovich

A la prédica de embajadores formales como José Torello, Pancho Cabrera y Guillermo Dietrich se sumó a la de los informales, como los incansables Cristiano Rattazzi y Gabriel Martino. Pero tanto optimismo no llegó a derramar hasta el Foro Económico Mundial de Davos, donde Nicolás Dujovne y Guido Sandleris debieron responder una y otra vez la misma pregunta amarga, formulada por los mismos miembros de la élite global que aplaudían un año atrás: “¿Vuelve el populismo?”.

La pregunta agarró por sorpresa al presidente del Banco Central el martes, en una de sus primeras reuniones con fondos de inversión en el roscódromo VIP que se congrega anualmente al pie de los Alpes. Implacable a la hora de congelar la actividad para intentar frenar la inflación, Sandleris también se le había animado a la nieve de Davos sin sobretodo pese a los 13º bajo cero que marcaba el termómetro.

“Macri en el peor momento de su gestión económica tenía un piso del 35% de imagen positiva y de votos. Es un apoyo sólido que no perdió nunca y ahora a la economía solo le queda mejorar”, atinó a responder.

La pregunta se repitió, después, en las entrevistas que mantuvo Nicolás Dujovne con los CEOs de Coca-Cola, Visa y Booking. “Desde hace un tiempo las preguntas son mas políticas que económicas. Él responde con números de encuestas y explica que la economía va a llegar a las elecciones creciendo. El piso fue octubre de 2018”, comentó este jueves a BAE Negocios otro de los miembros de la discreta delegación que acompañó al ministro de Hacienda.

Todavía el INDEC no había difundido el desplome interanual del 7,5% de la actividad económica en noviembre. Tampoco había publicado la consultora de Orlando Ferreres su estimación para diciembre: 6,4% de caída.

El contraste con la edición del año pasado no pudo ser mayor. En enero pasado, Macri no solo aterrizaba tras haberse impuesto en las elecciones de medio término con un candidato flojo a la mismísima Cristina Kirchner en el bastión electoral del peronismo.

También tenía para exhibir un crecimiento modesto pero positivo y una inflación en baja. Todo lo contrario a hoy. La “Casa Argentina”, un local sobre la calle Promenade junto al clásico Kaffé Klatsch que el Gobierno alquiló y montó en 2018 para pavonearse ante los 3.000 participantes del evento, este año promocionaba a una empresa europea.

Más lejos quedó todavía la reunión de 2016, de cuando Macri atesora recuerdos de CEOs y financistas formando fila literalmente para conversar 15 minutos con él. Recién asumido, escoltado por un Sergio Massa que procuraba quedarse con la jefatura de la oposición y por ministros que luego debió despedir, como Alfonso Prat-Gay y Susana Malcorra, el Presidente fue la estrella de aquel Davos junto al también debutante premier canadiense Justin Trudeau.

Desde entonces (asumieron casi al mismo tiempo), al centroizquierdista Trudeau le fue bastante mejor: la economía canadiense creció casi 5% y la argentina se contrajo alrededor del 2%.

El shock y la Glock
Aquel enero, apenas 36 meses atrás, uno de los empresarios argentinos que acompañó a Macri fue el CEO de Pampa Energía, Marcelo Mindlin, dueño de Edenor, Transener y ahora también próspero petrolero. Fueron tantos sus viejos camaradas de Wall Street que le pidieron ver a Macri que pidió agregar una reunión en la agenda del Presidente.

El encuentro se hizo en en el salón de la chimenea del hotel Seehof, un coqueto pero discreto cuatro estrellas también sobre la calle Promenade. De la mano de Mindlin llegaron diez pesos pesado de las finanzas entre los que se destacaban dos: Dan Loeb, el fundador del fondo Third Point, y Rick Rieder, CEO de Blackrock.

Macri no solo enamoraba a los banqueros. El presentador estrella de economía de la cadena CNN, Richard Quest, definió aquella vez al Presidente con una sola palabra tras entrevistarlo: “Impresionante”. El editor jefe de Economía del diario londinense The Guardian, Larry Elliot, también arriesgó un pronóstico: “Lo vi firme, sabe lo que quiere, le irá bien”, opinó.

Tras aquel 2016 que terminó marcado por el primer shock tarifario y el ajuste fiscal que luego morigeró para evitar una catástrofe electoral, el jefe de Estado evitó volver en 2017. Ese año los flashes se los llevó Xi Jinping. Por primera vez, un premier chino asistía a la cumbre emblema del capitalismo globalizado. El año pasado, en cambio, la atención que buscaba el Presidente fue para el entonces debutante Donald Trump. Ya nada sería igual.

Este año, todos los ojos se posaron sobre el brasileño Jair Bolsonaro, a quien presentó en persona el veterano fundador del Foro, Klaus Schwab. Igual que Trump, el mundo de los negocios volteó inmediatamente la cabeza y perdió interés en un Macri que antes veía como la principal barrera contra los “populismos” en Latinoamérica.

El ultraderechista que popularizó el ademán de la pistola no se lució: desenfocado, habló apenas 6 minutos, y después suspendió la conferencia de prensa que había anunciado por el escándalo que levantó una denuncia de lavado de dinero contra su hijo.

Pero su ministro de Hacienda, Paulo Guedes, les dijo todo lo que querían oír: habrá privatizaciones por más de 20.000 millones de dólares, recorte de jubilaciones y pensiones y déficit cero este mismo año.

Punta en blanco
De este lado del Atlántico, el que más intentó “vender” la reelección de Macri ante el establishment fue José Torello, el jefe de los asesores presidenciales. En la chacra uruguaya del quebrado y recuperado Santiago Soldati, dos semanas atrás, aventuró ante un puñado de empresarios de muy alto nivel que incluso será “en primera vuelta”.

La misma seguridad le transmitió a Martín Cabrales la gobernadora María Eugenia Vidal en un encuentro que compartieron en Mar del Plata, donde el ejecutivo tiene una de sus plantas procesadoras de café. Lo que no logró fue arrancarle certezas sobre el desdoblamiento de las elecciones. “No creo que lo haga”, arriesgó ante BAE Negocios.

Uno de los invitados al almuerzo uruguayo en lo de Soldati, el zar petrolero Alejandro Bulgheroni, fue de los pocos popes locales que esta semana volaron a Davos. El jefe de Panamerican Energy (PAE) viajó junto con Marcos, su sobrino, en medio de la disputa entre las petroleras y las distribuidoras de gas por quién paga el costo de la devaluación.

Apenas participó de un par de encuentros con inversores y de una cena con Dujovne y el resto de la escuálida delegación de empresarios criollos: Eduardo Elsztain (IRSA), Martín Gainza Eurnekian (Grupo América), Sebastián Bagó (Bagó), Saúl Zang (Banco Hipotecario) y Víctor Desoretz (Cámara de Comercio). Después se fue a esquiar. Mindlin, esta vez, ni se tomó el trabajo de volar a Suiza.

Mientras llegan de sus vacaciones de a poco, algunos hombres de negocios (sobre todo industriales) siguen entusiasmados con Roberto Lavagna. Otros empiezan a ver con desconfianza sus movimientos en torno a Luis Barrionuevo y sus dudas a la hora de lanzarse a la disputa por la Rosada. Así, con el empresariado dividido entre los hartos y los resignados, el Fondo Monetario sigue siendo como el sostén último y más firme del oficialismo.

“La verdad que del Fondo tenemos mucho pero mucho apoyo. Más no podemos pedir”, admitieron anoche desde la delegación argentina en Davos, cuando Christine Lagarde ya había publicado un comunicado sobre el “placer” de su reunión con Dujovne.

También desmintieron que se haya debatido flexibilizar el límite de 150 millones de dólares diarios para que el Central intervenga en el mercado cambiario en caso de una nueva corrida contra el peso más cerca de las elecciones, como sugirió en Buenos Aires el vice de Sandleris, Gustavo Cañonero. Son detalles técnicos que no se hablan con Lagarde sino con Roberto Cardarelli y Andrés Werner, con quienes Dujovne y Sandleris tienen contacto vía whatsapp casi a diario.

VIAPublicado en Bae Negocios
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